SOBRE FIDEL CASTRO, DICTADOR CUBANO.

 

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Cuba: Hace lustros, «un carretero alegre pasó»…

(«El proletario»; N° 1; Diciembre de 2012)

 

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El artículo se nos imponía imperiosamente. No era posible seguir hablando de Venezuela sin tocar a Cuba. Sin duda, buena parte de sus realidades están cada vez más ligadas y las relaciones entre Caracas y la Habana son cada vez más estrechas. En un artículo que describe en detalle cómo son estas relaciones cubano-venezolanas, la revista británica «The Economist» decía: «…en 2005, Fidel Castro habló de ‘dos países y una sola nación’. ‘Con una sola bandera’, añadió Chávez. ’Somos venecubanos’, replicó Castro» (1). Estas frases no son demagogia como frecuentemente es el caso en el discurso de ambos líderes. Ellas se asientan sobre una verdadera alianza estratégica en todos los ámbitos, económico, político, incluso militar. Una serie de tratados (oficialmente 280), varios muy conocidos, que fueron firmados en Caracas el 30 de Octubre de 2000, corroboran esta realidad.

 

Con el título evocamos otra vez la música, pero sobre todo la imagen de la Cuba de azúcar, tabaco y café que, en tiempos del CAME * (Consejo para la ayuda mutua económica), estaba menos sometida que hoy a las presiones del mercado occidental. Despabilada del sueño (o la pesadilla) del «socialismo en un solo país», la isla de la música y el sol, del paseo por el malecón, de palmas y playas de arena blanca, se da cuenta de que sufre precisamente de una exuberancia y de una  flojera tropical congénita envidiables; pero, culpable de ocultar por ello la exigüidad y precariedad materiales que nunca desaparecieron en el «socialismo» cubano, y si la situación actual ya no garantiza ni la paz social, ni la estabilidad económica que antes a pesar de todo gozaba, es hora entonces de que el proletariado salga de la somnolencia, y comience a pasearse por la idea de luchar…

Antes de la crisis rusa y sus satélites, el trabajador cubano gozaba, «libreta» mediante, de la canasta básica a la que se agregaban otras subvenciones que compensaban el salario-bono-no-transferible, concedido  por el P.C. cubano. El diario francés Le Monde (2) reporta la idea que hoy tiene el obrero cubano de estas subvenciones: «al menos, gracias a eso, no tenemos a nuestros jóvenes transformándose en antorchas», refiriéndose a las inmolaciones que desencadenaron la «primavera árabe».

Pero, desde la caída del muro de Berlín, y la implosión de la U.R.S.S. y el CAME (que representaba el 80% de la balanza comercial cubana) hasta hoy, estas subvenciones y otras ayudas han disminuido sensiblemente o están en vías de desaparición. El mismo destino corren los productos inscritos en la «libreta».  En 1993, Cuba deja de percibir alrededor de 5 mil millones de dólares en diversas ayudas proveídas por la URSS; hasta ese año en que su crisis se agrava. La isla se encuentra de rodillas; aumentan la escasez y los racionamientos. Los efectos no tardan en aparecer; un año después, se produce un violento estallido social rápida y eficazmente reprimido, pero que generó un gran flujo migratorio de «balseros» (en honor a aquellos cubanos que escapaban en estas embarcaciones precarias llamadas «balsas», NdR), el segundo después de los «marielitos» (3) que por millares cruzaban las 90 millas de mar que lo distanciaban de las costas de Florida, Estados Unidos.

Para la misma época, y ante la nueva realidad – desaparición del estado de bienestar soviético – las autoridades cubanas deciden establecer una serie de aperturas a los mercados occidentales clásicos. Es el llamado «Período especial», que va a exigir esencialmente la creación de una masa enorme de seres humanos susceptibles de ser explotados y permita así el despegue y crecimiento económicos que Cuba necesita urgentemente: ¡es con fuerza de trabajo fresca, de trabajo vivo, que se riega la planta del capital! Progresivamente y cuesta abajo, después de diversos retrocesos y suspensiones de medidas capitalistas experimentadas, se llega el actual plan cuya medida principal es la reducción de la nómina estatal. Sin embargo, esta medida (500 mil puestos de 4-5 millones, a eliminar) revelada por Raúl Castro en septiembre de 2010, fue suavizada dividiendo su número, tal vez temiendo consecuencias y experiencias ya vividas después del derrumbe soviético (5). Hay que añadir que buena parte de los funcionarios restantes, dado lo poco que ganan, son empujados a ejercer otros oficios, mientras «simulan que trabajan, puesto que el gobierno simula que (les) paga». La medida ha tocado ya a más de 300 mil empleados (130 mil en 2011, 112 mil en lo que va de 2012), invitados a pasar al grado de «cuentapropistas», identidad que les permite comprar o vender fuerza de trabajo a otros «cuentapropistas», durante este proceso ha surgido todo un movimiento directamente promovido por el gobierno que otorga permisos y patentes permitiendo ejercer «libremente» alrededor de 200 «pequeños oficios», que van de la prestación de servicios en casas de habitación convertidas en paladares (restaurantes improvisados) al establecimiento de casas particulares (cama y cubierto), pasando por la peluquería y abastos, hasta la venta de helados en la calle.

Sin duda que buena parte de los «cuentapropistas» no tardarán en ser absorbidos por el sector turístico, uno de los más importantes fuentes de ingreso que posee Cuba   Esto, a ojos el gobierno isleño, no lesiona en nada los principios comunistas: «no crean que (allí) existe explotación del hombre por el hombre». Un miembro de la Presidencia de la Comisión de trabajo político e ideológico, «descartó que se esté violando el precepto de (la) constitución que proscribe la explotación del hombre por el hombre en el caso de los trabajadores que entregan su fuerza de trabajo, a cambio de un salario, a otra persona con licencia de trabajador por cuenta propia» (7). ¡Siendo que el salario es la base de la explotación capitalista, no sabemos en nombre de qué hablan las autoridades cubanas!

 

Aparato productivo exangüe

 

Según lo dicho en el VI° Congreso del P.C.C (Abril de 2011) «la crisis económica que comenzó en 2008 y se agravó por la crisis global, ha sido una causa de las reformas modestas hacia el mercado introducidas en años recientes (…) Cuba afronta una crisis severa aunque aún no llega al extremo de la de 1993-1994, tras el colapso de la URSS. En 2010 la economía subió un 2%, un tercio del promedio regional (…) La formación bruta de capital disminuyó por segundo año consecutivo al 10%,(…) La liquidez monetaria aumentó al 42%, el doble que en 1989. Aunque mejoró algo la balanza de pagos, los términos de intercambio se deterioraron por tercer año consecutivo (por el incremento de precios del petróleo y los alimentos), la deuda externa ascendió a 14.300 millones de euros (el triple de 1989) y creció la dependencia cubana de Venezuela. La construcción de viviendas bajó a la mitad de la tasa por 1.000 habitantes en 1989. El desempleo abierto se mantuvo en un 1,6%, pero en realidad era un 11,6% debido al excedente de mano de obra estatal. (8) Las cifras en Cuba están en rojo… Hay que aclarar que el mejoramiento de la balanza de pagos se debe sobre todo a la «exportación» de servicios o de personas a otros países; unos 40 mil cubanos se encuentran fuera del país como médicos, entrenadores deportivos, constructores y técnicos agrícolas, tanto en América como en algunos países africanos. Esto indica un profundo desequilibrio en los intercambios comerciales cubanos, entre los productos que entran y los productos que salen.

Todos estos datos se explican en gran parte por la debilidad del aparato productivo y de los recursos con que cuenta la economía cubana en su conjunto: «níquel, servicios médicos (70 000 médicos cubanos que trabajan en Venezuela y Angola), biotecnología, turismo, y por último están las remesas (transferencia de dinero de 2 millones de cubanos inmigrantes)» (4). Nada fácil hacer planes sociales consecuentes con estas premisas. ¡Planes de reducción, si!

La producción agrícola no es menos calamitosa. La misma jamás fue sobrasaliente con respecto a la plétora de productos del CAME. Tampoco fue prioridad del Estado ruso de sacar a Cuba de la mono-producción, la dependencia y el atraso industrial. Además, está el hecho de que el 80 % de la población cubana es urbana, producto de la deserción de la población rural, confirmando el fracaso de la reforma agraria. Todo ello ha precipitado la producción actual más inmediata, deprimido las pocas industrias existentes, tal como la del azúcar (con zafras cada vez más débiles) y el ganado, (cuyo hurto [!] ascendió, el año pasado, a 23 mil unidades), y obligado al gobierno a entregar 1.4 millones de hectáreas a unos 150 mil campesinos prestos a convertirse en pequeños arrendatarios. Aparte de un llamado metafísico al «deber revolucionario», ¿qué otro estímulo a la producción (que tampoco termina de arrancar) puede inventar el Estado?

El mencionado Congreso, que esta vez «no se focalizó en los daños del bloqueo, sino en las causas internas que impiden (el) crecimiento» (9) sugiere esencialmente la necesidad de acelerar las reformas que permitan una acumulación de capital más consecuente, de allí «la autorización de la compra-venta, junto al derecho de «permuta», de casas y apartamentos» que es esencialmente parte de un proceso y una apertura más amplia a la expansión de la propiedad privada capitalista, un proceso más veloz de expropiación y despojo, para reducir al cubano a proletario puro, tal como se conoce en occidente. Si no, ¿qué otra cosa podría motivar estas reformas o medidas?

 

El capitalismo nunca se fue de Cuba

 

No es porque los capitalistas individuales hayan huido que en Cuba no haya existido capitalismo; lo que pasa es que allí el Estado se constituyó en capitalista colectivo o público, sin necesidad de crear capital privado. Por lo tanto negamos categóricamente de que en Cuba haya habido modificación alguna, o interrupción del mecanismo de expropiación y explotación constantes que distinguen al sistema capitalista.

El despojo o expropiación adicionales que se revelan con la progresiva eliminación de la «libreta», el arrojo a la calle inminente o progresivo de medio millón de funcionarios que gozaban de puestos vitalicios; la compra-venta masiva de casas y automóviles entre particulares; los estímulos al comercio de toda suerte; el control tributario, todo ello conduce a la aparición de realidades indeseables e inevitables, tal como el sometimiento cada vez más estricto del trabajador cubano a las leyes del valor y del salario; todo ello desbroza el terreno para que Cuba pueda dar el salto a la economía capitalista con una extensión del dominio de los capitalistas privados. Como dice Marx: «en el fondo del sistema capitalista hay, entonces, separación radical del productor respecto de los medios de producción. Esta separación se reproduce en escala progresiva en cuanto el sistema capitalista se establece. Pero aquélla constituye la base de éste, que no puede establecerse sin ella» (10). No es porque se encuentre en los orígenes del capitalismo, que este fenómeno jamás haya dejado de existir, al contrario, su función se ha reforzado, y hoy es uno de sus pilares: el Estado como institución que más emplea en Cuba (11), concentrando por esta razón una enorme masa de fuerza de trabajo, y tomando en cuenta el marasmo económico en que se encuentra la isla, debía llegar a la triste decisión de salir de al menos una parte de ella. En nombre del capitalismo y sus crisis, tenía que separarlos radicalmente de los medios que le impedían precipitarla en el proletariado, ¡¡tenía que echarlos a la calle!!

¿A qué ha venido el Papa a Cuba? ¡A bendecir las futuras víctimas de la explotación capitalista internacional!

Con el tino que las autoridades cubanas han puesto en evitar los traumas que estos cambios y reformas puedan provocar en la población, pero que ya significa un abandono solemne de la ilusión de que en Cuba haya alguna vez existido socialismo (12), Cuba se ha ganado el beneplácito de la llamada «comunidad internacional». La visita del Papa lleva ese mensaje. En otras palabras, el Sr Ratzinger ha venido a Cuba a bendecir el virage económico del gobierno cubano. Como en casi todas las oportunidades, la visita del Papa tuvo una significación eminentemente política en el cuadro de la política imperialista mundial. Significa un abierto apoyo a la política del gobierno cubano (que, en agradecimiento va a facilitar la práctica religiosa, etc.).

Y no importa lo que las autoridades asuman o entiendan como reformas económicas que no se transforman en políticas, en este caso «irreversibles», «estratégicas», tal como lo afirma el Estado cubano. Son clarísimas las declaraciones de Marino Murillo (13), vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba quien, a propósito de la visita del Papa a Cuba, dice que el gobierno sólo está «actualizando el modelo económico cubano para hacer viable el socialismo» (!!) «no habrán reformas políticas (?) en Cuba», precisando que «esta vez, los cambios son estratégicos», y llegaron para quedarse. ¡Cosa más grande, y los marxistas que creían que la política era un concentrado de la economía! El presidente Colombiano, Juan Manuel Santos, la voz de los Estados Unidos en América Latina, ha apoyado en efecto la posición actual del gobierno cubano, que no es nada política, ¡claro que no!

En la misma ola de entusiasmo, la actual distensión americana del embargo económico hacia Cuba también apunta hacia esa meta. Un capitalista cubano exiliado en los USA (14) que anima un lobby católico, se ha hecho partidario incondicional del gobierno cubano después que éste ha comenzado a tomar las medidas de apertura, saludadas por el capitalismo mundial.

 

Bloqueo económico,  mito y realidad

 

¿Cómo podía pensar la Habana, que bastaba con que se decretara para que la internacional ley del valor, el dólar y el oro, se plieguen al valor de las horas-hombres del trabajo productivo cubano efectivos? ¿O es que los Estados Unidos están obligados a cuenta de «socialismo» autoproclamado, a venderle a Cuba a precios no sometidos a las leyes del mercado? ¿Su ausencia no era colmada en gran parte por el CAME? ¿Cuba no neutraliza el «bloqueo» cuando comercia (desde hace décadas) con los países europeos, así como hoy lo hace con Rusia, China, Vietnam, Irán, y sobre todo con Venezuela que, desde los años 1970, no ha cesado de intercambiar con la isla? Pese a todo lo que se ha dicho sobre el susodicho bloqueo, las relaciones económicas de Washington con la Habana no sólo no fueron cortadas, sino que después de la caída de la URSS se han reanudado con más vigor. ¡En plena «guerra fría», las sociedades norteamericanas, a través de sus filiales en Canadá, esquivaban olímpicamente la ley y comerciaban con Cuba!  Inútil decir que las sanciones económicas, las escaramuzas y retorciones comerciales entre países y regiones, siempre han existido y no especialmente contra Cuba. ¡Qué miseria y tiempo perdido para los proletarios en Cuba! ¡Pues, no había otra forma para «vencer el bloqueo» que la forma capitalista»!

Hasta ahora, el estalinismo ha logrado postrar e intoxicar al proletariado en Cuba, el cual continúa dándole un valor revolucionario al cuadro social y económico no obstante desfavorable en que vive – ¡la revolución exige sacrificios! Pero ese muro de contención, edificado bajo consignas falsamente revolucionarias, comienza a derrumbarse por el peso abrumador de la realidad: un nada proletario jefe de cocina en la Habana, Rafael Marín «que le repugna pronunciar la palabra ‘capitalismo’, admite, sin embargo, que el país ‘ha comenzado a dar un giro que va en ese sentido. Esto es nuevo para nosotros. El choque es fuerte, pero estamos respondiendo bien’» (15).

Es cuestión de tiempo para que las infames banderas del nacional-comunismo sean arriadas, y se ice de nuevo la bandera de la lucha de clase anti-capitalista en Cuba.

 

 

(1) C.f. «The Economist», «Venecuba, una sola nación», febrero, 2010. La revista británica destaca que «además de miles de doctores que se emplean en programas de salud comunitaria se incluyen cubanos para dirigir puertos, telecomunicaciones, entrenamiento de policías, expedición de documentos de identidad y los registros mercantiles». La misma semana, la revista norteamericana Newsweek («Cuba invade a Venezuela») exclamaba que «Puede ser que la isla caribeña sea una estrella que se desvanece en el firmamento socialista, gobernada por una esclerótica dinastía, pero no le digan eso a Hugo Chávez, quien le está ofreciendo a la franquicia de los Castro una segunda vida entregándole cada vez más y más funciones de su gobierno al de La Habana».

(2) C.f. Le Monde, «Cuba, schizophrénies tropicales», por Florence Beaugé, p. 4-5, Cahier Geo & Politique, 18-19/03/2012.

(3) El 5 de abril de 1989, diez mil cubanos irrumpieron en la Embajada de Perú solicitando asilo diplomático con el fin de alcanzar las costas de Estados Unidos, arrancando del puerto de Mariel. De allí el nombre de «marielitos» para designar a todos aquellos (125 mil cubanos, según cifras oficiales) que salieron de Cuba en ese período. C.f. Wikipedia, «Exodo del Mariel»

(4) C.f. Le Monde, «Les à-coups de l’ouverture économique», p. 5, Cahier Géo & Politique, 18-19/03/2012.

(5) C.f. Le Monde,  Ibíd. El articulista comenta: «Ni hablar de correr el riesgo de que se produzca una explosión como en 1994»,

(6) C.f. Le Monde, «Cuba, schizophrénies…».

(7) C.f. laclase.info, «En Cuba, los reformistas dicen que el trabajo asalariado ya no es explotación», por Rogelio Díaz Moreno.

(8) C.f. El País, «El Congreso del P.C.C y la economía cubana», por Carlos Mesa-Lago, 26-05-2011.

(9)  C.f. Le Monde, Ibídem.

(10) C.f. Karl Marx, El Capital, Ed. Cartago. Tomo I, § XXVI, p. 690, «El secreto de la acumulación primitiva».

(11) Las estadísticas oficiales, incluyendo las hechas antes del derrumbe del «socialismo real», muestran un pase ininterrumpido de mano de obra del sector público al sector privado, y una disminución constante del rol de principal empleador que juega todavía el Estado cubano.

(12) En realidad, el socialismo nunca existió en Cuba (es decir, una economía sin dinero, sin asalariados, sin empresas, sin mercado) sino un capitalismo de Estado a la manera estalinista, desarrollado y mantenido contando sólo con el precio de las materias primas agrícolas, esencialmente la caña de azúcar. ¡Y esto cambia toda la perspectiva! Cuba devino así prácticamente en un país capitalista de segunda zona, como Venezuela, es decir, monoproductor… En fin, Cuba sólo sirvió como «alfil» en el ajedrez de la geo-política rusa.

Con el hundimiento de la URSS (1989), y la caída de los precios del azúcar, el capitalismo cubano pierde todos los medios para mantener cientos de miles de funcionarios y debe, por un lado, responder al desarrollo del sector privado local, y por otro, responder al empresariado exterior cuyos capitales Cuba tiene desesperadamente necesidad. Para atraerlos, el gobierno cubano debe «pintarle pajaritos» con los beneficios que, por excelencia, pudieran obtener con una mano de obra a bajo precio, «liberada» del trabajo fijo.  En fin, con la URSS no se ha hundido sino la serie de mixtificaciones y caricaturas en que fue convertida, durante casi 70 años, la teoría marxista del socialismo.

(13) Ver video en: http:/www. youtube .co/watch?v=7Kfl1UOo6Xk

(14) Se trata del empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas, advirtiendo que, dependiendo de las reglas, el capital cubano del exterior, al igual que el capital extranjero «fluirá hacia Cuba en grandes cantidades en busca de un rédito competitivo» (C.f. Univision.com, 31/5/2011) «La gran pregunta no es si van a dar marcha atrás, sino cuán rápido van a ir hacia adelante» (C.f. http://www.havanatimes.org/sp/?p=62424). El empresario simplemente quiere pruebas contundentes de estos pasos.

(15) C.f.. Le Monde. Ibíd.

 

*  «La CAME o Comecon (siglas en inglés) … fue una organización de ayuda económica recíproca entre los diversos países del bloque comunista. Creada por Stalin en 1949 (…), es disuelta en junio de 1991, junto a la caída del imperio soviético (…) La organización jugaba un rol político esencial para la URSS, puesto que, gracias a subvenciones, préstamos y envío de mano de obra, ejercía un peso importante en los asuntos internos (de cada país de la órbita soviética)». (C.f. Wikipedia, subrayados y paréntesis nuestros).

Esta organización reforzaba la dependencia económica de los países del llamado «bloque comunista» con respecto a la URSS, a pesar de que frecuentemente los primeros eran más desarrollados que el segundo: Ucrania y Polonia, por ejemplo.

 

 

Partido comunista internacional

http://www.pcint.org

 

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Cuba: Muerto Fidel Castro no se abre una nueva fase de una «revolución socialista» que nunca ha sido tal, sino un reposicionamiento del capitalismo cubano en el mercado mundial

 

(«El proletario»; N° 12; Noviembre – diciembre de 2016 / Enero de 2017)

 

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El nacionalismo que canalizó la revuelta de las masas proletarias y semiproletarias cubanas contra la feroz dictadura de Batista y la colonización estadounidense no abrió nunca la vía al socialismo, sino a una burguesía nacional que quería para sí los beneficios que acababan en los bolsillos del capitalismo americano.

Uno de los mitos, alimentados durante más de cincuenta años por las burguesías imperialistas de todo el mundo, el del «socialismo cubano», pierde, con la muerte de Fidel Castro, a uno de sus más tenaces propagandistas.

El primero de enero de 1.959, después de años de guerrilla conducida contra el régimen de Fulgencio Batista que durante 25 años había dominado la isla por cuenta del capitalismo estadounidense, el «Movimiento 26 de Julio», con Fidel Castro a la cabeza, conquistó la capital, La Habana, de la cual Batista había huido, y tomó el poder.

En el clima general de los movimientos de democratización de América Latina, en un cuadro internacional en el cual las luchas anticoloniales en Asia y en África estaban poniendo en grandes dificultades a las potencias coloniales europeas y en el ámbito de la llamada «guerra fría» entre EE.UU. y la URSS, los Estados Unidos jugaron la carta de apoyar la «democracia» en América Latina en función anti-URSS. En un primer momento, por lo tanto, apoyaron el cambio de guardia en Cuba entre Batista y Castro, pero después de que el gobierno castrista –aplicando el programa de reforma agraria del «Movimiento 26 de Julio»- nacionalizó las mayores propiedades y las haciendas más grandes, sobre todo azucareras y tabaqueras, quitándoselas de las manos a los capitalistas americanos, el gobierno de EE.UU. cambió de política: trató de ahogar la economía cubana no importando más azúcar y reduciendo drásticamente el flujo turístico hacia la isla caribeña. El gobierno castrista, que hasta ahora no se había proclamado socialista, se volvió hacia la URSS (que por otra parte tenía todo el interés posible en sustraer a Cuba de la influencia de Washington); esto obligó a  un cambio de ruta y  un programa social «antiamericano» que facilitaron la propaganda interna y externa de una especie de «socialismo nacional»; en 1.961 la República de Cuba fue proclamada «república socialista».

Cuba, en la época, por el hecho de que el movimiento de los «barbudos» había logrado vencer y dañar al imperialismo más fuerte del mundo, asumió velozmente el nivel más alto del mito de un «socialismo nacional» que la Rusia estalino-kruscheviana alimentaba desde hacía décadas a manos llenas: Cuba, Fidel Castro y con él el Che Guevara, eran abanderados del oportunismo estalinista como los campeones de un «socialismo» que podía «conquistar América»; en la trampa propagandista del falso socialismo ruso, o chino, y por lo tanto del falso socialismo cubano, cayeron todos los grupos considerados de extrema izquierda que intercambiaban las «nacionalizaciones» y las «cooperativas» por el socialismo realizado en la economía. Es más, pretendían que pudiese haber una «revolución socialista» sin la influencia determinante sobre  proletariado y sobre las masas desheredadas, guiando a ambos políticamente, del partido comunista revolucionario; pretendían que la «revolución socialista» fuese en realidad una democracia ampliada y que no tuviese como su programa fundamental, una vez conquistado el poder político, el considerarse un bastión de la revolución proletaria internacional y por ello el dirigir sus propias fuerzas a destruir las fortalezas burguesas desde el interior e integrar su propia lucha anticapitalista en la lucha del proletariado del resto de países.

En realidad, si bien la lucha contra la opresión colonialista de los EE.UU. sobre Cuba fue una lucha que tendía a sacar del hambre y de la miseria a las masas campesinas y proletarias cubanas, aquella lucha tuvo siempre las características de una revuelta burguesa que dirigía el empuje «revolucionario» de las masas proletarias, semiproletarias y campesinas pobres hacia los objetivos políticos y económicos de la burguesía cubana, y sobre todo de sus estratos medios y pequeños, visto que los grandes burgueses eran copartícipes de los beneficios que los capitalistas americanos le sacaban a Cuba.

Por otra parte, históricamente, Cuba en 1.959 no era ya la Cuba de 1.850. En 1.898 Cuba se independizó de España, pero en términos capitalistas deviene una semi-colonia de los EE.UU.: en el orden del día no estaba ya la «revolución doble» (revolución antifeudal por la independencia nacional y por implantar las bases del capitalismo y revolución proletaria, por lo tanto antiburguesa y anticapitalista, como en el caso de la Rusia de 1.905-1.917), sino únicamente la revolución proletaria, si bien en un país atrasado en términos capitalistas. Y la revolución proletaria –por lo tanto la revolución «socialista»- para ser tal debe tener por protagonista a la clase del proletariado (de las fábricas y del campo), organizada en organismos económicos y sociales tales que le permitan entrenarse a través de las luchas inmediatas para la lucha contra la clase burguesa, y por guía al partido comunista revolucionario que es el único órgano que posee la conciencia de clase, por lo tanto los objetivos y los fines históricos de la lucha revolucionaria del proletariado a nivel nacional e internacional. Todo esto faltó en Cuba, como faltó en todos los países del mundo, dado que en Rusia y en el mundo, en los años ´20 del siglo pasado, venció la contrarrevolución burguesa a la que llamamos estalinista. He ahí porqué el castrismo, o el guevarismo, no puede ser intercambiado por «socialismo»; se trató, y se trata en realidad de un radicalismo burgués con salsa cubana…

En 1.961, en uno de los trabajos de partido dedicados a la «revolución cubana», titulado Las dos caras de la revolución cubana, escribíamos

«Sólo en apariencia los movimientos cubanos, de los que los barbudos han sido y son los protagonistas escenográficos, se entrelazan con los que han sacudido desde los fundamentos el orden tradicional en África y Asia.

El elemento común representado por la áspera lucha contra el imperialismo y los grandes monopolios capitalistas oculta el hecho esencial de que, en el caso de los países afroasiáticos, la lucha de independencia nacional y por la constitución de Estados unitarios (por consiguiente dirigida también contra potencias coloniales, o de cualquier modo contra el yugo financiero del capitalismo imperialista) es un aspecto de la más basta lucha contra estructuras tradicionales, feudales o para feudales; mientras en Cuba, y en general – aunque en distinto grado en América Latina – el capitalismo ha sido importado hace varios decenios por los Estados Unidos y otras potencias capitalistas, y la economía interna presenta desde hace tiempo el armazón burgués fundamental, por tanto, también una estructura social que se apoya en un vasto y súper explotado proletariado.

Aquí, el tema principal de la «revolución» anticolonial es el esfuerzo de la joven burguesía indígena por desvincularse del sometimiento al capital financiero extranjero (a cuya sombra sin embargo ha crecido) o, según los casos, de establecer con él relaciones de cooperación en los beneficios de la explotación de los recursos locales, utilizando para este objetivo el empuje de la rebelión de las masas proletarias y semiproletarias, canalizándoles hacia el objetivo nacionalista, disuadiéndoles de una posible orientación social-revolucionaria, y haciéndoles de muleta, de apoyo, para el propio reforzamiento de la dirección del Estado. Los movimientos y los regímenes que surgen en este área, y de los que el ejemplo cubano ofrece el ejemplo más «puro», se presentan pues como violentamente nacionalistas hacia el exterior y como reformistas hacia el interior; en el primer sentido tienen una ficción histórica de ruptura de los equilibrios tradicionales imperialistas, que pueden provocar, y de hecho provocan, en los grandes centros de piratería burguesa (y especialmente en los USA), crisis de prestigio y serias dificultades económicas, cuya violenta explosión no pueden dejar estúpidamente indiferentes al proletariado mundial y al partido revolucionario comunista; en el segundo sentido, ejercen una función de freno sobre los contrastes sociales internos, y para el proletariado internacional e indígena no solo se plantea el problema de un apoyo armado a los partidos nacionales en cuanto se trate de «hacer avanzar la rueda de la historia» estructuras precapitalistas residuales abatiendo e impulsando el movimiento sobre el plano de «la revolución doble» sino que se plantea el objetivo de denunciar los objetivos burgueses-reformistas, poniendo sobre el tapete la cuestión de la separación de la clase obrera de los partidos y regímenes interclasistas, y de la lucha proletaria abierta para el asalto al poder.

En el caso específico de Cuba, el proletariado revolucionario puede valorar positivamente los golpes específicos infligidos tanto a las mastodónticas centrales azucareras y petrolíferas americanas, como al gobierno intervencionista en nombre de la «libertad» y «autodeterminación de los pueblos» y el desenmascaramiento de estas falsas banderas ideológicas; pero debe ridiculizar y combatir la pretensión castrista de haber realizado una «revolución social» y, peor aún, de haber construido una «república socialista» de punta en blanco con la bendición, por añadidura, de la otra intriga mundial personalizada en el Kremlin.

En la creación y difusión de este mito, que por lo demás, acarrea agua al molino de los burgueses radicalizantes, a los que predican la posibilidad de la «revolución social» sin partido de clase, y por tanto sin marxismo, contribuyen no sólo, como es lógico, los estalinistas-kruchovíanos, representantes de comercio para la venta de regímenes populares inter-clasistas, bautizados como progresistas, e incluso como socialistas, sino también de los «nacional-comunistas» a la Tito y aquellos que, para desgracia del gran revolucionario llamado León, se auto proclaman trotskistas» (1).

Junto al mito castrista o guevarista y del «socialismo cubano», está el hecho de que Cuba ha resistido a las presiones de Washington no obstante el embargo estadounidense que desde hace 55 años la asedia. Cierto que, hasta 1.989, cuando el imperio soviético implosionó, el hecho de poder contar con las relaciones comerciales y políticas con la URSS y sus satélites europeos, contribuyó a frenar las amenazas estadounidenses. Pero no puede olvidarse que la economía cubana, precisamente a través de las relaciones capitalistas con Moscú, con los otros países europeos del Este y con algunos países de América Latina, especialmente Venezuela, se insertaba en el mercado mundial a través de las importaciones de petróleo, maquinaria, productos alimenticios, químicos y las exportaciones de azúcar, níquel, tabaco, pesca, cítricos y productos farmacéuticos. Y después del colapso del imperio ruso, las relaciones económicas y comerciales se ampliaron a otros países de la Europa Occidental hasta tal punto que desde 2.002 Cuba utiliza el Euro en lugar del Dólar en los intercambios comerciales internacionales. El aislamiento de Cuba, en realidad, no ha sido nunca un verdadero aislamiento económico y comercial, sino sólo en parte político; y ha sido sobre todo una marginación por parte del capital estadounidense a la espera de que el régimen castrista cayese, dado que las incursiones tipo Bahía de Cochinos demostraron que no reportarían victorias fáciles.

¿Será el Euro y no el Dólar el que recoloque al capitalismo cubano en el mercado mundial a través no sólo de intercambios económicos más intensos sino también de inversiones en la isla? Sea uno u otro, no cambia la sustancia de la explotación capitalista: el capital se invierte más fácilmente donde hay recursos naturales y abundancia de fuerza de trabajo proletaria, mejor si está instruida. Y Cuba representa para cualquier capital que quiere sacar beneficio tierra fértil y fuerza de trabajo capaz, instruida y sobre todo habituada a un bajo nivel de vida, por lo tanto, objetivamente, de bajo coste. La apertura de acuerdos con empresas farmacéuticas europeas, gracias a los planes de desarrollo de biotecnologías, demuestra que Cuba puede representar para el capital óptimas ocasiones de beneficio; y es cierto que será esta la vía que tomará el gobierno cubano de ahora en adelante; la reciente visita de Obama y de funcionarios del Departamento de Estado a La Habana es una señal de que el aislamiento de Cuba respecto de los Estados Unidos será superado antes o después.

Si los obreros cubanos, de las fábricas y del campo, engañados durante seis décadas acerca de un socialismo inexistente, se han podido beneficiar hasta ahora de los progresos importantes en el terreno de la sanidad y de la instrucción, lo deben a dos factores principales: en primer lugar a su tenaz lucha contra los aspectos más brutales de la explotación de los viejos capitalistas americanos y cubanos, lucha que fue la base de la caída del régimen de Batista y de los trust americanos, lucha que dio lugar a un régimen nacionalista capaz de conjugar las necesidades básicas de supervivencia de las amplias masas proletarias y semiproletarias, garantizando de esta manera el mantenimiento del régimen castrista; en segundo lugar, a la coyuntura internacional en la cual los enfrentamientos más agudos entre los imperialismos se han concentrado en otras zonas y en otros países del mundo, en particular en Medio Oriente y en África.

No sabemos cuánto tiempo hará falta para que los proletarios cubanos se den cuenta de que el nacionalismo que el «comandante» Fidel Castro y que Che Guevara etiquetaron como «socialismo» y que el partido, fundado sólo en 1.965, llamado «partido comunista cubano», no han sido sino instrumentos útiles a la burguesía cubana radical y empobrecida para sustraerse de la sofocante tutela del capitalismo estadounidense y, al mismo tiempo, útiles para gestionar directamente, nacionalmente, a través de una «soberanía nacional» conquistada, la explotación del proletariado cubano, característica no del socialismo sino de cualquier sociedad capitalista.

No sabemos qué agudizaciones de los enfrentamientos interimperialistas y qué crisis económicas pondrán en dificultades a los poderes burgueses en los Estados Unidos, en los países europeos, en los países latinoamericanos, en Rusia o en China, pero es cierto que el desarrollo del capitalismo a nivel internacional llevará a un incremento de los factores de enfrentamiento y de guerra, sacudiendo inevitablemente a sus respectivos proletarios de la intoxicación oportunista, democrática y nacionalista, poniéndolos ante el inevitable dilema histórico: o guerra o revolución, o lucha de clase y revolucionaria en defensa exclusivamente de los intereses inmediatos e históricos proletarios, o el enésimo aniquilamiento de la propia identidad de clase y el ulterior sometimiento de los proletarios a las exigencias del voraz y despiadado modo de producción capitalista.

En cuanto comunistas internacionalistas y revolucionarios, sobre la línea de las experiencias históricas de la Comuna de París y de la Revolución de Octubre en Rusia y sobre la línea que ha distinguido históricamente a la izquierda comunista en la lucha contra la degeneración de la Internacional Comunista y de los partidos adherentes a ella, nosotros continuamos la dura obra de la defensa del marxismo ortodoxo contra todos los ataques oportunistas y de la formación del partido de clase que tendrá la tarea de guiar a nivel internacional a las masas proletarias a la revolución finalmente antiburguesa y anticapitalista, y por lo tanto efectivamente socialista y comunista.

 

3 diciembre 2016                                 

 

 

(1) Ver el resumen  mismo de la reunión general de partido mantenida en Roma el 3-4 de marzo de 1.961 sobre «La terrible responsabilidad del estalinismo frente a los movimientos anticoloniales». Publicado en «il programma comunista» nº 10 de 1.961.

 

 

Partido comunista internacional

www.pcint.org


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Las dos caras de la revolución cubana

(«El programa comunista»; N° 50; Septiembre de 2013)

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En el último suplemento dedicado a Venezuela, indicábamos que, desde sus comienzos, la Administración Chávez se había acoplado, acelerando sus relaciones con Cuba a partir del golpe fallido de abril de 2002. Por tanto, no es ningún azar si tomamos a Cuba como ejemplo de un tipo de “revolución” o mascarada de revolución [a la cual se le dedicó un artículo en ese mismo suplemento: «Hace lustros… “un carretero alegre pasó”», que tuvo un cierto eco en nuestros lectores y más allá, NdR] donde las bases incluso políticas y sociales de la dominación capitalista restan intactas. «Las dos caras de la revolución cubana», fueron publicadas por primera vez en nuestra revista en lengua francesa, «Programme Communiste», n°17, oct-dic de 1961; es decir, en momentos en que la revolución cubana irrumpía en la escena política internacional. Hoy, por todas las características que presenta la «revolución bolivariana», este articulo sirve para recordarlas, y que en aquel entonces correspondían a la “revolución cubana”, observando que, 60 años después, la critica que allí hacíamos es más que pertinente, si ahora la extendemos a esta hermana desconocida que, aparecida un buen día ataviada de «proceso revolucionario bolivariano», podemos calificarla como un (¿último?) intento de la contrarrevolución estaliniana, por perdurar y continuar haciendo estragos en las luchas de clase del proletariado mundial. Este magnifico artículo impregna parte de nuestros otros artículos dedicados a Cuba y a Venezuela, y a otros países y proletariados en situaciones parecidas; como una toma de posición política ampliada, que vuelve pedazos los innumerables mitos y supersticiones hasta ahora dominantes en torno al comunismo, “enigma de la historia por fin desvelado”.

 

 

Que los “barbudos” hayan sido y sean las figuras representativas de los movimientos cubanos asociados a aquellos que han estremecido hasta sus fundamentos el orden tradicional en Asia y África, es sólo en apariencia.

Su acto común es la lucha violenta contra el imperialismo y los grandes monopolios. Sólo que en el caso de los países afro-asiáticos la lucha por la independencia nacional que apunta hacia la constitución de Estados unitarios (dirigida contra las potencias coloniales, contra el yugo financiero del capitalismo imperialista) encierra un aspecto de lucha más amplio, más fundamental, contra estructuras tradicionales, feudales o para-feudales. En Cuba, y en general en América Latina, bien que a niveles diferentes, el capitalismo ha sido importado hace ya varias décadas desde Estados Unidos y otros países capitalistas, y, la economia interna presente, su estructura fundamental, mucho tiempo ha que es burguesa, es decir, se apoya sobre un proletariado numeroso y superexplotado.

En este último caso, el objetivo de la “revolución” anti-colonial reside en el esfuerzo de la joven burguesía indígena (1) de liberarse de la sujeción al capital financiero extranjero (a la sombra del cual esta creció) o, según el caso, de establecer con este último una relación de co-participación en los beneficios que genera la explotación de los recursos locales, utilizando para sus fines el empuje de la rebelión de masas proletarias y semiproletarias, canalizándolo hacia el objetivo nacionalista, impidiendo toda posibilidad de orientación social-revolucionaria, convirtiéndola en trampolín para su propio afianzamiento en la dirección del Estado. Los movimientos y regímenes que surgen en estas áreas – aquí, el ejemplo cubano proporciona el modelo más “puro” –, se presentan como violentamente nacionalistas al exterior y reformistas al interior. En lo externo, su función histórica será la de generar rupturas de los equilibrios imperialistas, lo que puede en efecto provocar, y provoca, crisis de prestigio y serias dificultades económicas en los grandes centros de la piratería buguesa (Estados Unidos, en particular). El violento estallido que esto produce no puede dejar “indiferente” al proletariado mundial y al partido revolucionario comunista. Al interior, ejercen una acción de freno sobre los contrastes sociales. Por consiguiente, el problema de un apoyo armado a los partidos nacionalistas por parte del proletariado internacional e indígena ya no se plantea, en virtud de que el problema de “empujar la rueda de la historia hacia adelante” no existe, puesto que en esta zona no hay estructuras pre-capitalistas residuales qué destruir [o que no perturban la hegemonía del capitalismo, NdR] (2). En cambio, se plantea el problema de la lucha abierta del proletariado por la conquista del poder, no sin antes denunciar los objetivos burgueses reformistas de estos partidos, así como el de provocar la separación de la clase obrera de los partidos y regímenes interclasistas, y proclamar al mismo tiempo la lucha abierta del proletariado por la conquista del poder.

En el caso particular de Cuba, el proletariado revolucionario puede valorar la tunda propinada tanto a los mastodontes azucareros y petroleros americanos, como a los gobiernos que han intervenido en nombre de la “libertad” y de la “autodeterminación” de los pueblos, así como el desenmascaramiento de estas falsas banderas ideológicas; pero debe burlarse y combatir la pretensión castrista de haber realizado una “revolución social” y, peor todavía, de haber construido de golpe y porrazo una “república socialista” con la bendición, como se debe, de ese otro centro mundial de negocios: el Kremlin.

Los estalino-kruchevianos – representantes comerciales de regímenes bautizados progresistas e incluso socialistas – no son los únicos en creer y difundir el mito de la Cuba socialista, lo que entre paréntesis aporta agua al molino de los burgueses en penuria de radicalismo que predican la posibilidad de la “revolución” social sin partido de clase y, por ende, sin marxismo. Estos son ayudados por los nacional-comunistas al estilo de Tito y por aquellos que – para desgracia del gran revolucionario ruso – se proclaman trotskistas.

 

SOCIALISMOS PREFABRICADOS

 

Sin embargo, la cara de la “revolución social” cubana aparece claramente no sólo a través de las declaraciones, incluso las más recientes, de Castro y de los Padres del Kremlin, sino también a través de los análisis que grupos cripto-estalinistas hacen de estas declaraciones. En su número de diciembre de 1959, la revista «Cahiers Internacionaux» definía la “revolución” castrista con mucha satisfacción y de la manera siguiente: «Una revolución que, en el periodo histórico actual, es respetuosa de la propiedad privada, no pretende romper el cuadro del capitalismo nacional (se trataría más bien de desarrollarlo), sino del capitalismo financiero monopolista extranjero. Una revolución que puede seguir una vía pacífica en el cuadro de la legalidad constitucional…., etc.”; y, en el número de febrero de 1961: «La Revolución cubana ha nacido “afeitada”. La solidaridad y la abnegación de su pueblo, el aislamiento, la bancarrota política y la objeción moral de sus adversarios, han salvado al país del caos administrativo y de agitaciones económicas que hubiesen abierto el camino a una larga y destructora guerra civil [estas gentes desprecian la guerra civil y sus “riesgos”, sobre todo, NdR]». El respeto de la propiedad privada se ha convertido en el centro de las declaraciones y actos del gobierno del gran Barbudo, incluso luego de los acontecimientos estridentes en que los Estados Unidos fueron vergonzosamente arrojados al mar. En un primer momento el movimiento castrista fue visto favorablemente por la Casa Blanca y el Pentágono, a causa de su oposición al régimen corrompido de Batista. No es sino a partir de la violación de los sagrados derechos de la propiedad de algunos ciudadanos norteamericanos que Washington comenzó a considerarlo como revolucionario. Y lo termina relegando al mundo de los herejes cuando, ante sus represalias, el régimen castrista decide alinearse con el bloque comunista, al menos en el dominio comercial y en el de la maniobra diplomática. Las bendiciones de la jerarquía católica no faltarán en el nacimiento de la “nueva sociedad” cubana; así como no faltan las proclamaciones filo-barbudas de la parte de economistas y sociólogos americanos, no obstante, firmes adversarios del marxismo. Más adelante veremos la realidad de la transformación económica iniciada por Castro. Por el momento, lo indicado es suficiente para desmentir su carácter socialista.

 

LIBERTAD MADE IN U.S.A

 

A fin de comprender su evolución, es preciso indicar – aunque sea de manera somera – los puntos fundamentales de la evolución de la isla, desde su independencia de España (realizada con la ayuda de los Estados Unidos) hasta hoy.

Es a partir de 1898 que pueden aplicarse a Cuba, y a la mayoría de los países latinoamericanos, las palabras de Lenin en su folleto “Imperialismo, estadio superior del capitalismo“: «Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática. Una de estas formas, la semi-colonia, la hemos indicado ya antes. Modelo de otra forma es, por ejemplo, la Argentina. Lenin citaba a Schulze – Gaevernitz en su obra sobre el imperialismo británico (Leipzig, 1906): “La América del Sur, y sobre todo la Argentina, dice, se halla en una situación tal de dependencia financiera respecto de Londres, que se la debe calificar de colonia comercial inglesa“». Del mismo modo podemos decir que desde 1898, Cuba es una dependencia comercial de Estados Unidos, los mismos que le habían facilitado el acceso a la independencia política.

Es bueno notar, sin embargo, que la intervención de las tropas U.S.A. contra España se puso en marcha después que la rebelión nacional cubana hubiera logrado prácticamente la victoria sobre los españoles. Como quiera que fuera, las tropas americanas que habían desembarcado en La Habana permanecerán por 4 años. Pero, desde 1901, entre las convenciones establecidas entre el gobierno cubano y Washington se acordó el establecimiento de un régimen preferencial de aduanas para las mercancías y los capitales americanos a su entrada en Cuba, así como concesiones y precios especiales para la tierra. Cuba renunciaba, además, al derecho (¡vaya independencia política!) de firmar tratados comerciales o de adquirir deudas con otros países que no fueran los Estados Unidos. El resultado fue claro: las inversiones americanas en Cuba se elevarán, en 1929, a cerca de un billón de dólares (en 1958 todavía eran de 850 millones); mientras que el mismo año cerca del 70% de las exportaciones cubanas se dirigían hacia U.S.A y 65% de las importaciones de Cuba provenían de Estados Unidos. A propósito de inversiones, debemos notar que la cifra de 1958 (850 millones de dólares) es la más importante de todas las exportaciones de capitales realizadas en el mundo por los Estados Unidos ( exceptuando los programas militares). Entre 1901 y 1933, la isla casi entera (90% de sus tierras cultivables) se convierten en propiedad de sociedades americanas alquiladas a largo plazo. El resto es hipotecado a favor de bancos y acreedores americanos. Tras el azúcar, vendrá el tabaco, además de todos los bancos, ferrocarriles, transporte urbano, electricidad, correos y otros servicios públicos: todo pasará a manos de capitales U.S.A, sin olvidar los yacimientos petroleros y la explotación minera. Las firmas norteamericanas más importantes se encontraban todas prácticamente representadas en Cuba, país que, durante casi medio siglo, se convierte así en el terreno de elección del imperialismo yanqui.

En 1958, Cuba alcanzaba la cifra de alrededor de 5.800.000 toneladas de azúcar, lo que representaba el 90% de la producción mundial y la casi totalidad de las necesidades comercializables. Desde1895 hasta 1900, la producción de azúcar de caña alcanza un millón de toneladas, pero, para 1925, luego de un importante impulso de los capitales norteamericanos que tenían predilección por este tipo de inversiones, la producción llega a 5 millones de toneladas. Simultáneamente, la proporción de tierras consagradas a las plantaciones de caña de azúcar llega rápidamente a casi 70% de las tierras cultivables, empleando el 60% de la mano de obra total.

El azúcar refinado, que representa el 80% del valor de las exportaciones cubanas, es producido en fábricas, 40% de ellas pertenecientes a propietarios norteamericanos, que tratan casi la mitad de la cosecha, mientras que el resto de propietarios cubanos posee 120 establecimientos que se atribuyen el resto de la capacidad productiva.

Todo el mundo sabe que el dominio del capital financiero americano ha tenido por efecto aumentar a gran escala el monocultivo de la caña de azúcar y el tabaco. Este monocultivo ha traído en consecuencia un incremento de la propiedad terrateniente privada, la expropiación y, por ende, la pauperización de los pequeños agricultores; acrecentando la vulnerabilidad de la economía indígena (dependiente de las vicisitudes del mercado mundial) a las crisis; aumentando las posibilidades de hambruna, al punto de nombrar a Cuba como uno de los más grandes centros de la “economía del hambre”. Basta con indicar que el arroz, elemento esencial de la alimentación cubana, antes cultivado a vasta escala, ahora debe ser importado casi totalmente; lo que acarrea un gasto de 20 millones de dólares anuales. Dependencia económica y política, fragilidad de las estructuras productoras, proletarización, hambre y miseria crónicas, y, sobre esta base, la sucesión de gobiernos ultra-corrompidos, representando a la vez los intereses del gran capital extranjero y de la propiedad aristocrática cubana; este es el balance de sesenta años de independencia bajo el ala protectora de la piratería yanqui.

 

IMPORTANCIA DEL PROLETARIADO Y SUBPROLETARIADO

 

Este capitalismo monstruoso de grandes terratenientes, injertado a un régimen semi-esclavista, engendró en Cuba un proletariado y subproletariado numeroso y superexplotado, viviendo en una espantosa indigencia.

De una población activa de alrededor de 2 millones de individuos, un millón y medio estaba constituido por asalariados puros, de los cuales más de 800 mil pertenecen al campo. Las clase medias, compuestas por empleados, artesanos y elementos de profesiones liberales no representan más de medio millón. A la importante proletarización de la población cubana se agrega el fenómeno del urbanismo. De un total de 6.200.000 de habitantes, por lo menos un tercio se concentra en 9 ciudades que medio viven gracias a la actividad portuaria, refinerías, turismo, pequeños tráfico con diversas fortunas (y si es necesario, el contrabando) y gracias a los “servicios” que reclaman los barcos extranjeros y la base americana de Guantánamo. 500.000 obreros agrícolas dependen de la industria azucarera que los emplea solo 4 meses por años, el tiempo de la cosecha. El paro se encuentra entre 15 y 20% de la mano de obra total. Con la importancia de las tradiciones anarco-sindicalistas, el rápido control capitalista de la economia cubana tuvo como resultado de provocar un reagrupamiento de asalariados en organizaciones sindicales: más de un tercio de los proletarios agrícolas o urbanos están sindicalizados. Solamente unos pocos negros y los “guajiros” (de los que hablaremos más abajo) rechazan inscribirse.

No es dificil comprender cuál era el potencial revolucionario de esta masa de sin-reservas. Sin embargo, cuando las masas campesinas y obreras irrumpen en La Habana manifestando contra el gobierno de Batista, el “Movimiento 26 de Julio” (2) se había ya preparado para ofrecerles el poder bajo la forma de una integración a un gobierno de Frente Popular, con objetivos puramente burgueses de democracia e independencia nacional, sostenido por elementos radicales (estudiantes, intelectuales, pequeños y medianos burgueses del campo y la ciudad). Había que “evitar el caos” a todo precio, es decir, impedir que las masas proletarias salieran del cuadro legal: es así como se les conduce hacia… el socialismo.

 

LOS GUAJIROS

 

Los guajiros son los descendientes de los primeros colonos españoles que no recibieron la tierra necesaria para prosperar. La mayor parte son iletrados, propietarios miserables o campesinos-aparceros, ahora agrupados en asociaciones de pequeños propietarios y de granjeros, asociaciones creadas por los “revolucionarios” cubanos; tienen así voz preponderante no sólo en las decisiones que tienen que ver con la reforma agraria, sino también en la selección de los cultivos industriales del azúcar, tabaco, etc… pero, sus opiniones y decisiones son inspiradas por su voluntad de escapar a la proletarización a las que los condena la concentración industrial de las tierras, que los lleva al endeudamiento progresivo. Es, por tanto, un elemento de lo más reaccionario puesto que, bajo el pretexto de diversificación de los cultivos, orienta la reforma agraria hacia una extrema parcelación de la tierra. Si bien arrancar a Cuba del monstruoso sometimiento a la monocultura era una medida que se imponía, dividir el suelo en pequeñas parcelas privadas es un objetivo pequeño-burgués y anti-proletario que pesará sobre el desarrollo del movimiento cubano.

 

EL CASTRISMO

 

Arrestado luego de la tentativa de julio de 1953, durante su proceso, Castro basó su defensa en la constitución de 1940 que reconocía el derecho a la revuelta, citando ejemplos de revoluciones modernas anti-feudales, así como las declaraciones de los Derechos Humanos y de la Independencia de Estados Unidos. En su defensa, que hoy [estamos en 1963, NdR] se le puede considerar como su programa, incluye la restauración de las libertades publicas y de la democracia política. Desde el punto de vista económico, reivindica la atribución de las tierras a los pequeños granjeros, la propiedad no hipotecable, no transferible, la nacionalización de los servicios públicos y la restitución al pueblo de las tasas telefónicas o telegráficas percibidas indebidamente. En cuanto a los trabajadores, Castro proponía el derecho a repartirse hasta el 30% de las ganancias de todas las empresas industriales, mineras y comerciales, incluidas las fabricas azucareras.

Tomando el poder en enero de 1959, ¿qué es lo primero que Fidel ataca y a qué ritmo? Reducir el arriendo, aumentar los salarios más bajos, atacar el problema crónico del paro, deben necesariamente ser las primeras acciones en un país de América central, donde las dictaduras policiales reinan desde 1930, su misma burguesía nacional es débil, la base rebelde descansa en los campesinos sin tierras, en fin, una parte de las pequeñas empresas industriales y comerciales está arruinada debido a la enorme concentración financiera de los Estados Unidos. En el dominio agrario, la tierra se divide por parcelas que son entregadas a familias y granjeros, mientras que se establecen cooperativas de producción en las regiones donde se cultiva la caña de azúcar.

Pero, el simple hecho de introducir tales medidas en el paraíso de las inversiones americanas significa atacar a los Estados Unidos. Después que el estadio de amenazas fue sobrepasado, al engranaje de medidas de extorsión de parte de Washington se puso en marcha contra el gobierno cubano que podrá responder de manera más eficaz que en Guatemala u otras repúblicas sudamericanas que se han sublevado contra los USA, puesto que ha “afeitado” preventivamente su revolución, presentándose como el dirigente de un movimiento popular en que el proletariado es ahogado en la masa campesina que reclama tierra y, como lo indica la revista «Cahiers Internationaux», «la estabilidad del empleo, condiciones de trabajo más humanas y salarios equitativos».

En los primeros meses de 1960, en respuesta a los ataques americanos contra Cuba, además de los complejos azucareros, el gobierno de Castro arranca primero el control, y nacionaliza después, las propiedades extranjeras, americanas principalmente, como el caso de las refinerías de petróleo, controladas por sociedades americanas que rechazaban procesar el petróleo venido de la Unión Soviética. En mayo de 1960, sobre 1.620.000 hs de tierra consagradas a la caña de azúcar, cerca de 1 millón pasan al control del gobierno cubano. La mitad quedará reservada al cultivo de la caña de azúcar, el resto será utilizado para otras especies vegetales. La gestión directa del gobierno central intervendrá en 230 mil, de las 400 mil explotaciones agrícolas controladas ahora por el gobierno cubano. La expropiación pura y simple no tocará sino al 10% del total encuestado. Por la sola compra de 350 explotaciones serán reembolsados cerca de 8 millones de dólares, ¾ en bonos del tesoro a 20 años (valor basado en el impuesto hipotecario utilizado para las pequeñas parcelas). En líneas generales, las expropiaciones golpearán, además de los monopolios americanos, a los terratenientes que habían apoyado a Batista, las empresas donde los conflictos laborales habían sido recientemente frecuentes. Hasta aquí, solo las compañías mineras de capital U.S no fueron tocadas. Sabemos además (y esto ha sido repetido últimamente muchas veces) que la “reforma agraria” no toca las propiedades de más de 400 hectáreas. Esta es incluso más tímida que la practicada por Nasser, sin contar que la misma deja en pie a las empresas con cierta eficiencia.

El gobierno lanza un programa de industrialización; problema urgente en todas las repúblicas latinoamericanas, caracterizadas por un desarrollo anormal y repleto de desequilibrios de la economía capitalista que desarrolla una o solamente algunas ramas de industrias ligadas a la explotación de los recursos naturales, sacrificando o asfixiando las otras; este problema es tanto más urgente cuanto reina, de manera crónica, un desempleo total o parcial. Pero para que tales planes puedan realizarse – en el cuadro de una “revolución” radical-burguesa – supone la “ayuda” nada “graciosa” de la gran finanza extranjera. Es por ello que, dado que la deuda exterior de Cuba había aumentado alrededor de 80 millones de dólares US (a la huida de Batista, ascendía a 1,5 billones de dólares) y con las existencias de azúcar no vendida de la cosecha de 1959 que rondaban el millón de toneladas, no queda más que darle la bienvenida, primero, a compradores neutros y, luego, a rusos o chinos u otros demócrata-populares. En un comienzo, los rusos compran 1.700.000 toneladas, y después 345.000 t. Qué ganga (en la ONU Fidel Castro cae en los brazos de Kruchev); pero a qué precio? ¿Por lo menos al mismo precio de los Estados Unidos? En absoluto. Los americanos garantizaban la compra de 3 millones de toneladas de azúcar, a precios medios de 1957, es decir, a 5 céntimos la libra. Pero su cotización internacional había caído a 2,78 céntimos la libra, los rusos ¡hicieron que su nuevo amigo yanqui aprovechara el precio del mercado mundial! El resto es historia reciente. En todo caso, el choque violento contra los U.S.A y la pantomima de proclamación de “república socialista” no han cambiado en nada los caracteres fundamentales de un régimen interclasista, democrático-radical, y nacional-estatista.

 

EL ESTALINO-KRUCHEVISMO

 

Se puede preguntar cuál ha sido el rol que ha podido jugar el partido comunista cubano en los acontecimientos que llevaron al triunfo del “Movimiento 26 de julio”.

El P.C nació en la provincia de Oriente en 1919, y fue puesto fuera de la ley por Machado, primer dictador cubano puesto por los U.S.A. Forzado a la clandestinidad y, a partir del estalinismo que ya reinaba en la URSS, convertido en agencia de la política exterior soviética, se embarca en aventuras similares a las del P.C chino.

1933 marca tanto la llegada de Hitler al poder y los inicios de la política anti-fascista de Stalin, como el reconocimiento de la Unión Soviética por parte de Roosevelt, entonces presidente de los Estados Unidos. En el curso de las negociaciones que concluirán en este reconocimiento, uno de los servicios ofrecidos por Stalin a Roosevelt fue el de frenar la agitación revolucionaria que se encontraba en plena ebullición en Cuba: los trabajadores se apoderan de las fabricas y proceden a la formación de Soviets locales. Además del completo silencio observado por Moscú sobre estos eventos; de esta forma la política de no-intervención de la central comunista saboteó abiertamente los esfuerzos del proletariado cubano. En los años que preceden a la segunda guerra mundial, y especialmente hacia 1938, prosiguiendo la línea de Frente Popular, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista cubano decide incluso ¡«adoptar una actitud positiva hacia el coronel Batista, puesto que este ha cesado de ser el centro de la reacción y ahora profesa la democracia»! Cortesía que Fulgencio Batista devuelve legalizando al P.C cubano. De esta manera durante 6 años (1938-1944), hasta la caza de brujas desencadenada en los USA y el comienzo de la guerra fría, el P.C cubano colaboró con los diversos gobiernos fantoches de Batista y con las coaliciones electorales organizadas desde Estados Unidos. Incluso, al parecer el Partido Comunista cubano utilizó su influencia en los sindicatos para impedirles pasar a la acción o, donde este fuera posible, hacerlos pasar bajo el control del gobierno. En todo caso, los comunistas jamás aportarán la menor ayuda al “Movimiento 26 de julio” de F. Castro; todo lo contrario, lo atacarán incluso en momentos en que reinaba el terror de Batista. Hoy [septiembre de 1961, NdR], bajo el nombre de Partido Socialista Popular (desde 1944), los comunistas reafirman su apoyo al programa de F. Castro, al mismo tiempo que considera que las medidas ya tomadas, sin constituir medidas socialistas, ¡conducen a este!

 

¡AMÉRICA, AQUÍ ESTÁ TU ARGELIA!

 

En la dominación del mundo, la majestuosa y orgullosa América – en el curso de los primeros años del siglo XX – ha reemplazado a la espléndida y pérfida Albión. Desde el fin del primer conflicto mundial, Lenin y Trotsky ponían en evidencia el nuevo domicilio del bastión de la contrarrevolución. El monstruo de la dominación capitalista había cambiado de nombre, la estrategia proletaria continuaba siendo la misma. A finales del siglo XIX, ningún movimiento socialista podía tener éxito si la lucha proletaria no lograba abatir la potencia británica; así como hoy la revolución comunista no podrá triunfar sin la destrucción de la potencia americana por parte del proletariado revolucionario.

Con el fin de evitar las repercusiones que los movimientos revolucionarios pudieran tener en su proletariado, Inglaterra tenía interés en mantener el equilibrio europeo. Esta procedió a comprar a sus proletarios por una cifra ínfima, asociándolos a la percepción de las superganancias que provenían de la explotación del mundo entero. Para mantener la paz social en Europa, esta encontraba un aliado natural en la Rusia zarista que temía dos revoluciones, la burguesa y la proletaria. Estas dos potencias que se hacen la competencia en Asia y Medio-Oriente (la famosa cuestión oriental, cuestión colonial) trataban todavía de limitar las consecuencias de sus conflictos, siempre optando en ultima instancia por un status-quo, por miedo a que el desequilibrio provocado por el avance de una sobre la otra favoreciera la aparición de otra potencia que ambas odiaban y que ya las había hecho temblar: la revolución.

Hoy los Estados Unidos han remplazado a Inglaterra; también ellos han encontrado un aliado en Rusia que de zarista se ha vuelto soviética, disfrazada con la máscara de la revolución. Su enemigo común es el mismo: la revolución comunista que ha aumentado su potencia desde hace un siglo, puesto que para el mundo entero es la que está “en vigor”.

El Zar de todas las Rusias consideraba que si Su Majestad británica deseaba bien aliarse con él, ninguna potencia podría condenar la política que ambos preconizarían. Del mismo modo, hoy, Kruchev considera que la suerte del mundo depende de la alianza de U.R.S.S – U.S.A. Para que esto sea posible, se deben eliminar las otras potencias (Francia, Inglaterra en particular). Es por esto que la famosa reunión de la Cumbre de los Cuatro Grandes fue transformada en “G-2”. Y, con el fin de mantener el statu-quo, el joven capitalismo del Este se alía al de la República Federal que llegaba a su madurez.

La “revolución cubana” ilustra claramente todo esto; lo mismo se repite en otras zonas del mundo: Laos, Congo, y de manera solapada, en Argelia.

La revolución ha sido truncada en el área europea (Rusia comprendida) y en América del Norte. La onda revolucionaria burguesa que, después de 1945, se había desencadenado en Asia, y extendido, a partir de 1950, hacia África, se amortiza y muere una vez cumplido su rol: la instauración de Estados nacionales. A partir de allí otro protagonista aparece en estas dos últimas áreas: el proletariado y, con él, la revolución comunista. En consecuencia, a partir de ahora, toda sacudida en el subsuelo económico puede provocar la acción autónoma del proletariado en cualquiera de esas áreas, y, también, en las viejas metrópolis capitalistas; por consiguiente, para mantener al globo en los límites de la paz social – a fin de que el capital pueda reproducirse libremente – la nueva Santa Alianza (realizada en Viena, como su abuela hace más de un siglo) entre la virgen rusa y el alcahuete americano es necesaria para hacer frente a la revolución.

Pero hay zonas del planeta en que la necesidad de revolución es crónica, tal es el caso de América central y latina. ¿Lograrán los Estados Unidos, ahora con la ayuda de su aliado soviético, canalizar el desarrollo de este continente y dominar al proletariado? Los hechos ocurridos en Cuba prueban su dificultad. Todo este continente juega, en efecto, el rol que juega Argelia con respecto a Francia. Es sobre todo allí que los capitalistas estadounidenses extraen sus enormes beneficios, una parte de los cuales sirve para “comprar” a la clase obrera de su país. Estos países constituyen el plato de entremés de su hegemonía mundial.

¿Es eterna la paz social, tal como quisieran hacernos creer los teóricos del Welfare, del capitalismo popular, del marginalismo, etc? No. Tampoco el capitalismo. La sacudida que despertará al proletariado norteamericano podría muy bien venir de América Latina. En efecto, poner en entredicho el poder del capital financiero no podrá dejar de tener repercusiones en los Estados Unidos. Los campeones del anticolonialismo clásico se verán bien obligados a reconocer que el límite de la potencia norteña se inscribe en el subcontinente, que los datos de su caída se preparan allí, porque en compensación a la feroz explotación que habrá infligido, tarde o temprano, la revolución le llegará. La orgullosa América deberá a su vez admitir que en su casa también se plantea un problema social y por la misma razón proclamará su fracaso, ante la imposibilidad de aburguesar al proletariado, garantizándole una seguridad, aunque fuese al precio de la explotación del resto del mundo.

En Cuba – así como en los otros países de América latina y de la Argelia de mañana –, el proletariado autóctono dominará la escena política. Una vez más la burguesía, como un aprendiz de brujo, no logrará jamás contener las fuerzas que, voluntariamente o no, habrá desencadenado. Entonces, el Mito del “socialismo” de Cuba – socialismo concedido por arriba y compatible con la propiedad privada, la producción mercantil y el salario –, socialismo que no es más que un disfraz bufón del capitalismo que no puede sobrevivir sino negando su propia existencia – se desvanecerá. ¿Es todo? No, ello tendrá como consecuencia provocar la separación de la clase obrera estadounidense de su burguesía. Es entonces que se podrá plantear el problema del vínculo entre el proletariado del norte y el proletariado del sur, para la preparación del asalto a la ciudadela del capitalismo mundial. ¡Entonces, orgullosa y potente América, tu hora habrá llegado!

 

 

(1) Para ahondar sobre la cuestión de las relaciones de las jóvenes burguesías con las antiguas potencias tutelares, los lectores pueden remitirse a nuestra revista en lengua española: El Programa Comunista, n°27, enero-abril de 1981, § El cierre de la fase revolucionaria burguesa en el “Tercer Mundo”.

(2) Nota de la redacción: En la época de escribir este artículo, en América Latina, fuera del desarrollo propiamente capitalista, en formas esporádicas y localizadas, todavía existían o persistían economías y relaciones pre-capitalistas. Pero estas eran las “minucias” que el mismo Marx apartaba para el análisis del capitalismo “abstracto”…

(3) El nombre de “Movimiento 26 de Julio” viene de la primera acción de Fidel Castro en 1953, cuando una columna de 200 de sus compañeros se apoderó de una estación de radio en Moncada – Santiago de Cuba.

 

Partido comunista internacional

www.pcint.org

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https://jurisconsultocuba.wordpress.com/2011/06/08/mi-suerte-o-mi-desgracia/

 

 

http://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201701/4194/fidel-castro-vivo-o-muerto-al-servicio-de-la-burguesia

El autor de este articulo es sobrino del Che Guevara, y vivió varios años en Cuba

Mañana se conmemora o se sufre, según quien lo mire, el 63 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, noventa y nueve años después de su construcción en 1854 como Cuartel del Nuevo Presidio, a cargo del Marqués de Villalte, y que ya entrado el siglo XX se le cambió el nombre por el del insigne general mambí, Guillermo Moncada.

Episodio llevado a cabo por 135 asaltantes anti batistianos comandados por tres cabezas, Fidel Castro quien dirigió la columna que asaltaría al cuartel con 95 hombres, su hermano Raúl Castro con diez efectivos tomó el Palacio de Justicia y el valeroso Abel Santamaría con veintiún hombres el Hospital Civil.
De los encargados de asaltar el cuartel un grupo de ocho hombres fueron a la vanguardia para atacar la posta número 3, pero fueron sorprendidos por un destacamento de guardia que permitió que se organizaran las fuerzas militares en el interior, detrás iban 45 hombres con armas cortas.

Y detrás de ellos estaba Fidel, como siempre, detrás.

Un grupo importante de hombres que portaban las armas largas se perdió en las calles de la ciudad de Santiago de Cuba y llegaron tarde al combate. En el lance hubo bajas de ambos lados, los insurgentes emprendieron la retirada en grupos de diez personas defendidos por seis francotiradores.

Fidel logró huir al monte sin el rasguño de una bala, y más tarde se entregó por las garantías que le ofreció la mediación del arzobispo de Santiago de Cuba Enrique Pérez Serantes, en cuanto la total integridad de su vida, y a juzgar por las abrumadoras pistas, alguna otra concesión menos presentable.

En el asalto murieron numerosos guardias del cuartel llamados “casquitos” y un alto número de guerrilleros, que se incrementó notablemente con la represión posterior inmediata a la derrota de las fuerzas atacantes, brutal e indigna del prestigioso ejército de la República de Cuba forjado en la lucha independentista de sólo medio siglo atrás.

Uno de los tres comandantes, Abel Santamaría, fue brutalmente torturado, antes de asesinarlo se le extrajeron las uñas, se le cortaron los testículos y por si el sadismo no fuese suficiente, los llevaron a la celda de su hermana Haydeé Santamaría para enseñarle lo que habían hecho con su hermano, a modo de escarmiento.

Los otros dos comandantes del asalto, Fidel, mayor responsable y autor intelectual, y su hermano Raúl Castro, salieron ilesos e inmunes, sin un solo rasguño, y pasaron sólo un año y medio en prisión, una pena llamativamente garantista si se tiene en cuenta que habían protagonizado una masacre contra el Ejército de la República; en nuestros días hasta en los países más sofisticados, cumplirían penas de reclusión de no menos de veinte años, sino perpetuas o de muerte, pero en los años cincuenta, son pocos son los países donde no hubiesen muerto en el mismo instante en que pusieron un pie en el calabozo.

La pena la cumplieron en la cárcel de Isla de Pinos, la misma prisión a la que Fidel y Raúl pocos años más tarde, una vez acontecido el triunfo de la Involución, enviaron a cumplir cadenas desorbitadas, delirantes, en condiciones de reclusión inhumanas, a opositores de toda índole, que iban desde alzados en las montañas del Escambray, a simples detractores del sibilino rumbo alineado a la URSS que iba cobrando subrepticiamente la revolución que ellos mismos habían apoyado, ya fuese con logística, con dinero, con servicios e incluso con la propia sangre, para derrocar la dictadura y establecer una democracia regida por la Constitución del 1940 inspirada en la constitución española de 1931.

Este texto moderno constituyente a cargo de nada menos que Grau San Martín, Prío Socarrás, Eduardo Chibás, Bls Roca y Juan Marinello, era sofisticado para su época e incluso para nuestros días.

Sesenta y tres años más tarde siguen en el poder a cal y canto, los hermanos que salieron ilesos de aquella masacre, los dirigentes que decían atacar al cuartel para derrocar un gobierno dictatorial que detentaba el poder desde hacía un irrisorio período de tiempo en comparación con el impresentable medio siglo, que más tarde ellos, como “patriotas relevadores” de Batista, tuvieron a bien amoldar a sus traseros los sillones del poder, a las espaldas de los inconformes las fustas del miedo, y a la inanición del pueblo su poco decorosa y sempiterna opresión.

Martín Guevara Duarte.

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