SOBRE FIDEL CASTRO, DICTADOR CUBANO.

 

 

 

Cuba nunca fue un país socialista. El hecho que borren la palabra comunismo de su constitución demuestra simplemente que preparan cada vez más el paso de un capitalismo atrasado controlado por el Estado a uno más liberal.

Cuba nunca fue socialista porque:
– La ideología que inspiró la revolución cubana fue de corte liberal y nacionalista. Quisieron fundir el liberalismo con el socialismo, lo que rebaja el papel del marxismo a una simple ideología despojándolo de su carácter científico. Su objetivo no era construir el socialismo sino atacar la dictadura de Batista y restar la influencia de Estados Unidos en su territorio.


– Fue dirigida por una pequeña burguesía radicalizada a la que se le sumaron algunas capas de los sectores populares y también sectores acomodados. El Movimiento 26 de Julio se encontraba compuesto especialmente por jóvenes liberales que buscaban desarrollar una democracia “más justa”. Si bien en Cuba actuaron personas como el Che, que estaban inspirados por las ideas socialistas, el Movimiento estaba dirigido por Fidel Castro quien no simpatizaba ni era afín a las ideas de Marx, Lenin o Mao.


– Su critica a Batista no implicaba un análisis científico y una posición de clase proletaria, pues simplemente buscaban un cambio de gobierno de uno más dictatorial a uno más democrático, desconociendo uno de los aspectos centrales de la teoría marxista que señala que el Estado es un aparato de dominación de clase y que toda democracia es una dictadura, por lo tanto ningún cambio de gobierno significa en la práctica un cambio en las relaciones de poder económicas y políticas de esa sociedad.
– Una vez que triunfó la revolución cubana, Castro busco un acercamiento directo con Estados Unidos, sin embargo la potencia imperialista no quiso llegar a ningún acuerdo.
– Es precisamente después de la crisis de los misiles -conflicto entre EEUU y URSS por unas bases militares que se habían instaurado allí- cuando Castro señala el carácter “socialista” de la revolución cubana. Definición oportunista y no ideológica, carácter formal pero no practico dado fundamentalmente por las urgencias geopolíticas del momento.


– Cuba pasó de la dependencia norteamericana a la dependencia soviética, en un momento en el que la URSS ya había dejado de ser un país socialista y se estaba convirtiendo en un capitalismo monopolista de Estado desde el golpe efectuado por Jruchev en 1956. Es decir la relación que establece Cuba con la URSS, no es con la URSS socialista, sino con una URSS capitalista, que se convertiría en un país social imperialista (socialista de palabra, imperialista en los hechos) que utilizaba a otros países como Cuba como avanzada de sus planes de sometimiento y colonización de varios pueblos en Asia y África y como países con los que sostenía un intercambio desigual que favorecía a la URSS. Cuba jamás dejó de ser un país SEMICOLONIAL, siempre dependió primero de EEUU, luego de la URSS y posteriormente de la Unión Europea y China. Una condición para la construcción del socialismo es la independencia política y económica, romper con la dominación imperialista. Eso nunca ocurrió.


– Cuba no desarrolló una economía socialista sino un capitalismo atrasado, dependiente de un producto estrella, que ahondó una economía primario exportadora, sin desarrollo industrial y con una deficiente producción agraria. Cuba no rompió con la revolución la dependencia de la caña de azúcar como principal fuente de ingresos, después de la caída de la URSS se dedicó básicamente a la producción de níquel y posteriormente a vivir del turismo, privatizando las playas que pasarían a ser manejadas por consorcios hoteleros europeos.


– El socialismo desarrolla las fuerzas productivas como ocurrió en la URSS o en China. Ello nunca ocurrió en Cuba. Si bien el bloqueo influyó, los paises que señalamos sobrevivieron a guerras , ocupaciones y también al bloqueo internacional.
– Cuba repartió la tierra entregando títulos de propiedad a varios campesinos sin tierra o campesinos pobres. Sin embargo ello no solucionó la pobreza en el campo pues ese reparto no fue dirigido a un proceso cooperativista y colectivista.


– El proletariado nunca estuvo en el poder en Cuba. Quien estuvo en el poder fue la pequeña burguesía que gracias al Estado se enriqueció hasta formarse como burguesía burocrática.


– El socialismo crea nueva cultura y nueva ideología, nuevas costumbres y nuevos valores. El hombre nuevo del que habló el Che no se formó en la revolución cubana.


– La experiencia cubana generalizó el foquismo como estrategia de lucha armada en Latinoamérica. Lo que funcionó como excepcionalidad en la isla se quiso trasladar a los demás países, fomentando un fracaso generalizado y la muerte de mucha gente valiente. El foquismo desprecia la necesidad de un análisis científico de la sociedad; desprecia la incorporación de las masas a la lucha armada; desconoce el papel del partido como elemento de vanguardia, conspiración y dirección; cree que un pequeño grupo de súper hombres puede acabar con un ejército especializado. El foquismo ataca el planteamiento marxista de los tres elementos para hacer una revolución y suplanta la necesidad de un ejército revolucionario por una guerrilla.


– Los cubanos han tenido una política internacional nefasta. Apoyaron al revisionismo soviético; apoyaron a Allende en su experimento socialdemócrata pacifista en Chile, Castro declaró en ese momento que eso comprobaba que ya no era necesaria la lucha armada; impulsaron esa farsa denominada socialismo del siglo 21; han sido promocionadores y defensores del imperialismo Chino y de los regímenes opresores de la burguesía burocrática de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador.
– Los reformistas seguramente darán alaridos, chillarán que Cuba mejoro los sistemas de salud y educación, y sí, es verdad que estos son mejores a otros países latinoamericanos, pero ello puede pasar también en países capitalistas, pues así mejoren estos las formas de explotación, opresión y miseria generalizada se mantienen.


– Los ecuatorianos no pueden olvidar la asquerosa amistad de Castro con Febres Cordero y su defensa al régimen de Correa.
– Cuba se encuentra realizando reformas progresivas para desarrollar un capitalismo más abierto. Ello lo viene desarrollando con mucha intensidad desde inicios de este siglo.

Para los verdaderos comunistas es fundamental sostener que en Cuba no ha existido ni se ha desarrollado el socialismo. Cuba fue y es un país semicolonial, con un capitalismo atrasado de Estado, donde una élite burocrática controla el poder económico y político.

Abajo el falso socialismo cubano!
Arriba la revolución proletaria y la subversión contra el sistema capitalista imperialista!

Movimiento Vientos del Pueblo


martes, 5 de octubre de 2010

En los últimos días el escenario internacional ha estado marcado por informaciones inherentes a los aparentes cambios que se están imprimiendo en la estructura económica, política y social de Cuba.

Sobre el mismo tema la izquierda revisionista y oportunista del Ecuador ha salido al “encuentro” de esas noticias manifestando lo “oportuno” de los mismos considerando el viraje que ha tomado la humanidad y que pueden ser llevados adelante “sin que se pierda la esencia de la revolución”. Los más “radicales” hablan de…..”Las variantes que se vienen dando en Cuba representan un paso atrás en la revolución”.

-Ni lo uno, ni lo otro-.

Los alcances de la revolución cubana desde su proposición hasta nuestros días han estado marcados por su carácter democrático-burgués, con la particularidad de que sobre la marcha se incorporó al discurso democrático un lenguaje socializante, seudo marxista, que por su naturaleza arrastró dicho proceso a transitar el camino revisionista. De ninguna manera esto nos coloca en posición de negar algunos avances democráticos de la revolución cubana, pero es imprescindible aclarar que esos logros definitivamente estaban y están muy lejos de tener fundamentos socialistas como torpemente ha venido sosteniendo sus dirigentes.

De que la “Revolución” ha dado “un paso atrás” es igual de falso ya que la Revolución Cubana jamás dio un salto “adelante” en torno a la construcción de Socialismo en las condiciones históricas de su aplicación manifiesta en primera instancia como Dictadura del Proletariado que allane el camino al Comunismo.

Precisamente después de la segunda mitad del siglo XX con el asalto al Poder por parte de la camarilla revisionista de Jrushov en el XX Congreso del PCUS, ya se atizaban las diferencias entre el social imperialismo soviético y el imperialismo estadounidense por el control del planeta. Mientras tanto en Cuba el Movimiento 26 de Julio (Nacionalista-Democrático), sujeto a los principios inscritos en las aspiraciones que tenía la pequeña burguesía y la burguesía nacional de romper lazos con los grandes terratenientes, los monopolios del azúcar, el turismo, la banca, se emprende con la revolución Cubana, alistada en las revoluciones democráticas de viejo tipo que pretendían, entre otras cosas, aperturar espacios de participación en el circuito de la producción nacional de actores económicos constreñidos por el imperialismo y su burguesía servil.

Veamos algunos puntos de importancia al respecto:

  • El 26 de octubre de 1953, Fidel Castro señalaría que el contenido de la “revolución” en Cuba era nacionalista y democrático burgués, “que recupere la constitucionalidad y ponga en pie algunas reformas que activen el crecimiento económico y fortalezcan a los industriales afectados por el neocolonialismo, haciendo énfasis en el mercado interno”.

La manera correcta de ampliar los ejes programáticos de esta revolución –no socialista- se refleja de manera contundente en su Programa:

De acuerdo al MANIFIESTO DE LA SIERRA, del 12 de junio de 1957 elaborado por Fidel Castro éste era el “programa revolucionario” del proceso cubano:

  1. Formación de un frente cívico-revolucionario con una estrategia común de lucha.
  2. Designar desde ahora una figura llamada a presidir el gobierno provisional, cuya elección en prenda de desinterés por parte de los líderes oposicionistas y de imparcialidad por el que resulte señalado, quede a cargo del conjunto de instituciones cívicas.
  3. Declarar al país que, dada la gravedad de los acontecimientos, no hay otra solución posible que la renuncia del dictador y entrega del poder a la figura que cuente con la confianza y el respaldo mayoritario de la nación, expresado a través de sus organizaciones representativas.
  4. Declarar que el frente cívico-revolucionario no invoca ni acepta la mediación o intervención alguna de otra nación en los asuntos internos de Cuba. Que, en cambio, respalda las denuncias que por violación de derechos humanos han hecho los emigrados cubanos ante los organismos internacionales y pide al gobierno de los Estados Unidos que en tanto persista el actual régimen de terror y dictadura, suspenda todos los envíos de armas a Cuba.
  5. Declarar que el frente cívico-revolucionario, por tradición republicana e independentista, no aceptaría que gobernara provisionalmente la república ningún tipo de junta militar.
  6. Declarar que el frente cívico-revolucionario alberga el propósito de apartar al ejército de la política y garantizar la intangibilidad de los institutos armados. Que los militares nada tienen que temer del pueblo cubano y sí de la camarilla corrompida que los envía a la muerte en una lucha fratricida.
  7. Declarar bajo formal promesa que el gobierno provisional celebrará elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincia y los municipios en el término de un año bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo.
  8. Declarar que el gobierno provisional deberá ajustar su misión al siguiente programa:

Libertad inmediata para todos los presos políticos, civiles y militares,

Garantía absoluta a la libertad de información, a la prensa radial y escrita y de todos los derechos individuales y políticos garantizados por la Constitución.

Designación de alcaldes provisionales en todos los municipios, previa consulta con las instituciones cívicas de la localidad.

Supresión del peculado en todas sus formas y adopción de medidas que tiendan a incrementar la eficiencia de todos los organismos del Estado,

Establecimiento de la carrera administrativa.

Democratización de la política sindical promoviendo elecciones libres en todos los sindicatos y federaciones de industrias.

Inicio inmediato de una intensa campaña contra el analfabetismo y de educación cívica, exaltando los deberes y derechos que tiene el ciudadano con la sociedad y con la patria.

Sentar las bases para una reforma agraria que tienda a la distribución de las tierras baldías y a convertir en propietarios a todos los colonos, aparceros, arrendatarios y precaristas que posean pequeñas parcelas de tierra, bien sean propiedad del Estado o particulares, previa indemnización a los anteriores propietarios.

Adopción de una política financiera sana que resguarde la estabilidad de nuestra moneda y tienda a utilizar el crédito de la nación en obras reproductivas, Aceleración del proceso de industrialización y creación de nuevos empleos.”

Como se puede evidenciar en el Programa de la Revolución Cubana en ninguna parte se hace alusión alguna al Socialismo. El proletariado como concepción ideológica y política es totalmente inexistente.

El Manifiesto se refiere al “Frente Cívico Revolucionario”. No conoce ni entiende que la sociedad está dividida en clases y que entre ellas existen antagonismos irreconciliables que se manifiestan como lucha de clases, motor de las sociedades. La concepción de lo “civil” está marcada por una referencia explícita a lo no uniformado, no militar y en ese “costal” meten a todos, burgueses, terratenientes, obreros, campesinos pobres, pobladores, etc. La versión moderna de esta propuesta la esgrime el régimen de Correa con el eufemismo burgués de la “revolución ciudadana”, como si todas las clases al unísono tengan intereses comunes por los cuales luchar.

No se refiere a una clase específica que administre el nuevo gobierno en función del erguimiento de un nuevo Estado. Por el contrario, se refieren básicamente a la “figura”, un individuo que más parecería ser sacado de designios religiosos o mesiánicos. Obviamente, el Mesías era inexcusablemente él, Castro.

Es evidente que el carácter de esa revolución no pasaba del reformismo burgués, no comprendían –porque no eran marxistas- la diferencia sustancial entre sistema de gobierno con sistema de Estado.

Pretendían separar al Ejército de lo político, desde luego, por desconocimiento de qué es el Estado y a qué clase sirve. Cuál es el rol político del mismo, de sus instrumentos, como entre otros es el caso del aparato represivo.

La reforma agraria fue igual de burda: expropiación de predios no utilizables previa indemnización de sus antiguos propietarios. De la misma manera como más de medio siglo después está emprendiendo en el Ecuador el régimen reformista de Correa. Cuánta identidad no es casualidad, es el sello de clase que los aproxima. No intecionan destruir a los terratenientes como clase sino evolucionarlos de tal manera que se ajusten al nuevo formato burocrático.

Desde luego que habrá quienes sostengan que esta era una propuesta inicial que sustantivamente evolucionó en “revolución socialista”. ¡No!, fue una revolución democrático burguesa dirigida por la pequeña burguesía intelectual, que no fue impulsada únicamente por el Ejército Rebelde comandados por Castro y Guevara en Sierra Maestra (puerilidad del foco guerrillero), sino que se apoyó en una briosa lucha emprendida en las ciudades por los sindicatos, mineros, estudiantes y pobladores en general que sin correcta dirección política en los objetivos bregaban contra el régimen tiránico del dictador desgastándolo en los combates urbanos, la paralización de la producción, inestabilidad de la retaguardia enemiga, etc., para posteriormente a esa revolución adaptarle un discurso seudo marxista y mutar de revolución democrático burguesa dirigida por la burguesía a revolución democrática burguesa dirigida por el revisionismo que nutría –y sostiene hasta la actualidad- la dictadura burgués burocrática.

  • Al poco tiempo del triunfo de la revolución, Fidel Castro y E. Guevara deciden precipitadamente visitar los EEUU con el ánimo de pregonar que “la revolución cubana no es una revolución comunista” que el espíritu de la misma era democrática, en contra de la dictadura de F. Batista. La dirigencia cubana nunca se planteó objetivamente que el carácter de la Revolución tenía que ser Socialista, por el contrario, debía ser democrática. Por la caracterización del país, semifeudal y totalmente sometida por el imperialismo yanqui el carácter necesariamente de esta revolución debía ser democrática, popular y antiimperialista. La variante estriba en el hecho de que quienes dirigieron la revolución estaban cobijados por ideología burguesa, relegando la responsabilidad del proletariado como fuerza ideológica fundamental en la conducción de la revolución y su tránsito ininterrumpido al Socialismo
  • El marco internacional en el que se desenvolvió en sus primeros tiempos la revolución cubana y particularmente la manera de cómo reaccionó en segunda instancia frente al imperialismo yanqui bajo estímulo de la URSS, hizo profundizar algunos aspectos de la revolución tales como la reforma agraria, la expropiación de importantes medios de producción de la burguesía y terratenientes, etc. Algunas actitudes anti-imperialistas (direccionadas básicamente contra los EEUU) y su “adhesión verbal” al marxismo-leninismo han desorientado a mucha gente en Cuba y en el mundo -inclusive en no pocos casos a nosotros en las décadas de los 60´y 70´del siglo pasado al no entender bien y objetivamente el proceso cubano, tanto así que circunstancialmente al encontrar “oídos receptivos” en el revisionismo de la izquierda ecuatoriana Cuba se constituyó en el principal estímulo de éstos para que precipiten sus tibios intentos por “hacer revolución en el Ecuador” bajo el influjo ideológico (foco guerrillero, guevarismo, revisionismo, oportunismo) de Cuba, aspecto que se refleja en la incoherencia del manejo político, la subjetividad de la propuesta estratégica y sencillamente en el estruendoso fracaso aun antes de empezar.
  • Posteriormente la dirigencia cubana representada por Fidel Castro acudió al llamado de los revisionistas soviéticos y asistió a la conferencia de la dirección mundial revisionista en Moscú en 1.965 para planear la división del Movimiento Comunista Internacional en beneficio de la corriente revisionista soviética y en detrimento o la búsqueda por “debilitar” la tendencia correcta que enarbolaba el PCCH.
  • Fueron precisamente los dirigentes cubanos quienes han sostenido su neutralidad en la lucha entre marxistas y revisionistas pregonando el eclecticismo y el pragmatismo, expresiones propias del revisionismo y del oportunismo.
  • Fue el propio Fidel Castro quién aprovechó la reunión de numerosos dirigentes revolucionarios y la atención del mundo sobre la Conferencia Tricontinental para calumniar a la Revolución Popular China y a sus dirigentes encabezados por Mao Tse-tung. Y es que en la confrontación ideológica entre el PCCH (Partido Comunista de China) y el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en donde se evidenció al Movimiento Comunista Internacional el carácter revisionista y social imperialista de la URSS. Cuba estableció su posición, obviamente del lado revisionista, del PCUS.
  • Fueron los dirigentes cubanos los que se negaron a asistir al V congreso del Partido Albanes del Trabajo cuando en Albania se ejercitaba la Dictadura del Proletariado (Socialismo) en la medida que éstos también combatían al revisionismo Soviético
  • LA dirección Cubana sostenía lo innecesario de contar con Partido Comunista para dirigir la revolución, soslayando el papel que cumple, determinante por cierto, el proletariado y su organización en la revolución. Esta concepción oportunista se evidencia en la mecánica de cómo se presentó la Revolución Cubana. Primeramente se hizo la revolución aprovechando –acertadamente- el estado de ánimo y vocación de lucha del pueblo cubano, se tomaron el Poder, después se declararon “socialistas” y posteriormente construyeron el Partido Comunista sobre la base de su proyecto burocrático.
  • Ha sido la dirigencia cubana quién ha promulgado la línea “tercerista”, el foco guerrillero, negando el papel que cumplen las masas, desestimando el papel de éstas pretendiendo sesgar o negar el rol que cumplen como hacedoras de la historia para dar paso a los caudillos, los imprescindibles, los “superhombres”, de ahí la manera como resaltaron la “figura” del Che, Castro y otros quienes fueron colocados sobre las masas y sobre la ideología. Es importante resaltar que ningún pueblo, grupo u organización que se parapetó en la doctrina del “foco guerrillero” tuvo éxito en sus pretensiones revolucionarias. Sus propios mentores, incluido Guevara, quién al desestimar proterva y fatuamente el carácter determinante que tiene la participación de las masas en la Guerra revolucionaria, murió en Bolivia ceñido al error histórico.
  • Fidel Castro sostenía que “las condiciones subjetivas en Cuba antes de la revolución eran 7 0 10 fusiles” (¿las masas?, ¿las contradicciones de clase? ¿el aspecto ideológico?) y arremetiendo contra todo criterio marxista sostenía que ” yo solo, soy capaz de hacer la revolución en el Brasil“, afirmaciones que reflejan en síntesis su arrogancia y concepción pequeño burguesa de la historia, del papel del proletariado, de la lucha de clases y de las perspectivas de la revolución.
  • Amparados bajo las parámetros teóricos y prácticos que dictó el XX Congreso del PCUS y con él de la consolidación del revisionismo en la ex URSS, en Cuba se generó la burguesía burocrática que reemplazó con un formato económico y político socializante al régimen déspota y represivo de los sectores burgueses más recalcitrantes de la Isla dirigidos por F. Batista. Posterior al triunfo de la revolución, Cuba se inscribió en la nueva división internacional del trabajo que imprimió la URSS y como requerimiento estratégico en la disputa entre las potencias imperialistas de entonces.
  • Ha sido la dirigencia cubana la que se ha ido apoyando cada vez más en los pequeños propietarios del campo y de la ciudad sin preocuparse de las repercusiones políticas que tiene este predominio, base material del revisionismo. NO es raro que ahora se “saquen la máscara” y abiertamente sostengan el proyecto de “dar paso al capitalismo” si nunca salieron de él, por el contrario, lo evolucionaron a las condiciones particulares de su revolución.
  • Son ellos quienes crearon dependencia umbilical con el revisionismo soviético abandonando el camino de los propios esfuerzos, del propio desarrollo industrial. El presidente Mao nos ha dicho “¿acaso no se puede templar el acero en el patio trasero de la casa?”. Caído el revisionismo soviético era cuestión de tiempo para que la dirigencia cubana entre también en bancarrota arrastrando a las masas de ese país a vivir el oprobio y la miseria que hoy vive. No es raro que desde la bancarrota revisionista de la URSS los mandatarios cubanos vaguen por el planeta buscando nuevos imperialismos o países capitalistas desarrollados a quién entregarse para pretender argumentar condiciones para sostener la dictadura burocrática en la Isla.
  • La dirigencia cubana soslayó la necesidad de diversificar la producción en función de las necesidades de las masas dando continuidad al mono cultivo de caña, meta del desarrollo económico de Cuba que evidencia -entre otras cosas- el carácter feudal de su economía (¿a caso los yanquis no pensaban y hacían lo mismo en Cuba en la época de Batista?). Producir azúcar, negociarla por petróleo con la URSS a su tiempo, hoy con Venezuela y los remanentes reexportarlos para captar divisas. Estimular el turismo poniendo de rodillas a las masas en condiciones serviles al capital extranjero parecería ser la ecuación perfecta del pragmatismo pequeño burgués.
  • Fue Fidel Castro quién “tratando de oponerse a la gran tesis marxista de que el imperialismo y todos sus lacayos vistos en perspectiva son tigres de papel, ha sostenido estúpidamente “Sería ridículo ponernos a discutir si son galgos o son podencos, si son podencos, si son de papel o si son de hierro“.
  • “Sobre la posición de Cuba, a la par que coqueteaba con el imperialismo decía: “nosotros no nos vamos a poner a la derecha ni a la izquierda, ni al centro…nos pondremos más adelante de la derecha y de la izquierda“. Una vez más su mentalidad ecléctica prevalecía desnudando su condición de clase.
  • Sobre la necesidad de la lucha armada para la conquista del poder político, sostenía: “cada pueblo debe decidir su vía…que las escojan los pueblos y en unos casos serán pacíficos y en otros el camino de la lucha armada”. Cuando hicieron la revolución en Cuba, para la dirigencia revolucionaria la Lucha Armada era una innegable necesidad. Ahora, cuando le conviene, la lucha Armada es relativa y como si fuese poco “optativa”. Ellos saben que la Lucha Armada es una vía inevitable para destruir el viejo Poder, que dialécticamente no existe manera alguna para prescindir de esta forma de hacer política. Su experiencia aún en su condición de revisionistas les dicta que el imperialismo, la burguesía, los terratenientes, aquellos que detentan el Poder confrontarán todo intento que pretenda desplazarlos del mismo haciendo uso de los métodos más cruentos, sanguinarios y violentos. Esta declaración de Castro más parecería responder al interés de que el imperialismo no vincule a la dirigencia cubana a los procesos del revisionismo armado en Latinoamérica –fundamentalmente- que no dejan de ser un “dolor de cabeza” para los EEUU y seguir coqueteándolo a ver qué podría conseguir de ellos.
  • Una de las expresiones más decidoras de la dirigencia cubana en la voz de Fidel Castro fue cuando sostuvo aquello de que “el comunismo como sistema social, resuelve el problema económico y priva la libertad; el capitalismo quizá mate de hambre, el comunismo por extinción de libertad”. ¿Cómo puede hablar un individuo que no conoce del socialismo y del comunismo acerca de sus virtudes o sus defectos? La dirigencia cubana declama el carácter “socialista” de su revolución y ni siquiera creen en ella, no están convencidos de su aplicación, de su necesidad e inevitabilidad histórica. La “razón social determina la conciencia social del individuo”, de ahí sus interpretaciones subjetivas.
  • Fue Fidel Castro quién sustentaba que la lucha ideológica que planteaba el marxismo leninismo maoísmo contra el revisionismo soviético no era más que una “discusión bizantina“.
  • Cuando la hiena de Alan García asesinaba al pueblo peruano y masacraba de la manera más vil y hartera a los camaradas del Partido Comunista del Perú en las Luminosas Trincheras de Combate; cuando en el Ecuador León Febres Cordero desataba la represión y se mostraba como uno de los regímenes más reaccionarios de la historia del país, la dirigencia cubana RECIBIÓ en su país a estos dos delincuentes con todos los honores de “jefes de estado” avalando de esta manera sus comportamientos.
  • China maoísta no tuvo solamente en el imperialismo norteamericano, en las potencias capitalistas, en los remanentes del vejo Poder a sus detractores y enemigos acérrimos, a su tiempo la dirigencia cubana respaldando al revisionismo soviético también combatió a la China Popular.
  • Las contradicciones que se generaron entre China y la órbita que comprometía a la URSS revisionista trascendieron de la lucha a dos líneas para ubicarse en la lucha entre dos concepciones antagónicas e irreconciliables como es entre el marxismo leninismo, hoy marxismo-leninismo-maoísmo y el revisionismo.
  • Hoy en día no resulta raro que la China capitalista con ínfulas imperialistas tenga estrecha relación con los hermanos Castro y la burguesía burocrática cubana. La historia de la lucha de clases en la arena internacional el momento del deslinde contrapuso a las dirigencias de estos dos países, hoy se aúnan, se alinean, a la final se identifican en sus medios, en sus propósitos, en su naturaleza de clase. En la década de los 60´y 70´del siglo pasado enemigos de clase, hoy aliados revisionistas.
  • Fidel Castro, además de conminar a las FARC de abortar la lucha armada por considerarla espontánea en relación al rescate que hiciera la represión de los retenidos por la guerrilla colombiana, entre otros de Ingrid Betancourt y de los tres agentes de la CIA manifestó que “se abría un capítulo de paz para Colombia, proceso que Cuba viene apoyando desde hace más de 20 años como el más conveniente para la unidad y liberación de los pueblos de nuestra América, utilizando nuevas vías en las complejas y especiales circunstancias actuales, después del hundimiento de la URSS”. Resulta una interpretación muy particular del “padre del revisionismo de los últimos años”. Abría que preguntarse ¿cómo el problema de la paz y la resolución de los antagonismos de clase se simplifican a la liberación de unos prisioneros de guerra, considerando que no son pasos que adelantan las masas y su clase fundamental: el proletariado, sino acciones que devienen del interés del viejo Estado y como contraparte una guerrilla extraviada también en el aspecto ideológico? Sería bueno escuchar a Castro de qué manera la liberación de los retenidos por las FARC aporta a la “unidad y liberación de nuestra América” en el marco de nuevas vía para conquistar los objetivos de los pueblos. Si no es lucha armada ¿cuál es el camino a la liberación? ¿La integración latinoamericana que ahora pregonan con el ALBA que no es otra cosa que la asociación de burgueses productores? ¿La vía electoral o parlamentaria? Obvio que F. Castro lo plantee, su condición de clase le dicta el camino y ese es el de la pequeña burguesía, el del reformismo burgués, de la restauración estatal, el del eclecticismo, el camino burocrático del cual él es un innovador para la América dolida.

Así como estos muchos más son los argumentos que podemos encontrar en la práctica social de Cuba para desnudar la inexistencia de un proyecto Socialista. Vale mencionar que el proceso cubano manejado desde 1.959 hasta la actualidad por la dirigencia burócrata del hoy Partido Comunista de Cuba ha jugado un magro papel en las fuerzas revolucionarias del mundo y muy particularmente de Latinoamérica al abordar con sus concepciones revisionistas la intencionalidad de las masas por desarrollar revolución y alejarlas de los correctos ejercicios revolucionarios que apuntalen el proyecto histórico del Proletariado y sus aliados.

Los maoístas siempre valoraremos en su verdadera dimensión el esfuerzo y la lucha estoica del pueblo cubano, no obstante no podemos perder la perspectiva de cuán dañina y anti histórica ha sido la conducción de sus luchas en manos del revisionismo castrista y guevarista, pues es sobre ese referente “revolucionario” sobre el que preponderantemente la reacción a levantado calumnias y desinformación en relación al verdadero carácter que debe tener una revolución bien definida ideológicamente en torno al marxismo leninismo, hoy marxismo-leninismo-maoísmo.

Hay mucho por hacer en Cuba. Respecto del socialismo está TODO POR HACER y lo más importante, reemprender con una Revolución que verdaderamente transite al socialismo no antes barrer todo vestigio que lo comprometa con cualquier imperialismo y la dictadura burgués burocrática.

Pukainti-ec@hotmail.com

Pce-solrojo@hotmail.com

¡VIVA EL MARXISMO LENINISMO MAOÍSMO!

¡A COMBATIR AL REVISIONISMO!

¡SALVO EL PODER, TODO ES ILUSIÓN!

A CONQUISTAR EL SOL ROJO DE LA LIBERACIÓN: ¡EL COMUNISMO!

Publicado por SOL ROJO en 17:06

http://gci-icg.org/spanish/Co36_2.htm FIDEL, MANDELA Y EL TEMA PALESTINO.
AYUDA MEMORIA: LA DICTADURA CASTRISTA
         por Juan Andrade Heymann
         (del libro Miscelánea, RM Editores, Quito, 2008)

Luego de nuestra separación voluntaria de una organización izquierdosa y en gran medida mafiosa, a finales de la década de los 70 del siglo pasado (en diciembre de 1978, concretamente), sin abandonar nuestros ideales, nuestro compromiso con el combate por la justicia, por la vigencia real de los derechos humanos;

Luego de presenciar en persona y sobre el terreno el golpe de Estado en China en 1976 y la toma del Poder en ese país por parte de dictadores fascistas que lo gobiernan hasta hoy, agresores que invadieron Vietnam con medio millón de soldados en 1979 y que fueron derrotados sin compasión, dictadores que reprimieron con salvajismo y crueldad a miles de ciudadanos chinos congregados para protestar pacíficamente en la plaza Tien An-men, protagonizando la masacre de 1989 (hechos todos que fueron denunciados firme y  oportunamente por nosotros);

Luego de la disolución de la Unión Soviética y del llamado campo socialista, con la consiguiente revelación de las atrocidades cometidas por los jerarcas “comunistas”, tales como los rusos, los rumanos, checoeslovacos, alemanes orientales, húngaros, polacos, búlgaros, albaneses, yugoslavos, georgianos, ucranianos, azerbaiyanos, mongoles, norcoreanos, etc.;

Luego del genocidio de dos millones de camboyanos por Pol Pot, y también de los genocidios cometidos en la ex Yugoslavia;

Luego de las acciones terroristas (de Estado y de toda índole, de origen islámico o no, ultranacionalistas, fundamentalistas; obras de fanáticos, alucinados, maniáticos, lunáticos o sectarios de cualquier signo y color) que han dado muerte a miles de personas inocentes, integrantes de la población civil, en Argentina, Colombia, Chile, Perú, Estados Unidos, Rusia, Indonesia, España, Irlanda,  India, Pakistán, Nepal, Reino Unido, Sudán, Somalia, Ruanda, Israel, Palestina, Líbano, Egipto y  en muchos otros países;

Luego de toda esa cadena inhumana de sucesos, que actualmente sigue su curso demencial y tiene como respuesta no evitable la guerra de la llamada “coalición”, encabezada por el gobierno de los Estados Unidos en Irak;

Luego de todo esto, ante nosotros, latinoamericanos, y ante todo el mundo, se sostiene como otro insulto a la humanidad una dictadura que muchos prefieren pasar por alto, por cobardía, por servicios prestados, por complicidad, la del tirano Fidel Castro, EL REPUGNANTE MEGALÓMANO MESIÁNICO  en Cuba, violador activo de los derechos humanos de todos los habitantes de ese país, de toda la sociedad cubana, con excepción de los integrantes de su aparato represivo, beneficiarios de privilegios inverosímiles.

Desde hace muchísimos años ciudadanos cubanos de todos los estamentos han venido denunciando los incesantes crímenes, atropellos, arbitrariedades, persecuciones, torturas sicológicas constantes, y aún torturas físicas que no dejan huellas epidérmicas –como obligar a que los disidentes presos permanezcan de pie durante muchísimas horas sin agua ni alimentos, sin siquiera poder ir al baño, bajo la amenaza de ser fusilados; tenerlos encerrados en mazmorras insalubres, con pésima alimentación y falta de atención médica, todo lo cual hace que los opositores al régimen vayan agonizando-, denuncias y comprobaciones que también hemos puesto de manifiesto gente de otros países, o que en su momento han quedado grabadas en el registro del peor aspecto de la historia contemporánea: Castro condecorando varias veces a Ceasescu, al criminal Mugabe y a otros tiranos; la televisión oficial castrista dedicando numerosísimos programas de propaganda, dirigidos por la periodista gubernamental Daisy Gómez, en defensa, sin rubor, del genocida Milosevic; prisión a las cubanas y cubanos que han difundido en impresos minúsculos la Declaración Universal de los Derechos Humanos; inexistencia de medios de comunicación libres, privados; negación armada de los derechos de organización, de expresión, de información, de libertad de movimientos dentro de Cuba y para salir del país o regresar a él, del derecho de reunión; retención –en el país- indefinida y a capricho del dueño de la isla, de los hijos, padres u otros familiares de los opositores que han logrado irse a vivir en el exterior, con la consiguiente destrucción de la familia, la separación de madres, hijos y hermanos; miseria, explotación sexual de menores, enfermedades, desnutrición; y, sobre todo, terror e infinitas arbitrariedades para la población, estrechamente vigilada por los servicios de seguridad y por los “comités de defensa de la revolución”, reprimida violentamente por las “brigadas de acción rápida”, acosada en sus domicilios si el déspota y sus allegados así lo ordenan… Y no estamos repitiendo como loros frases consabidas. No. Hemos vivido de cerca y hemos conocido todo lo enumerado, y muchos problemas más, a lo largo de los seis años de nuestra permanencia en la Isla en calidad de diplomáticos ecuatorianos, amigos leales del pueblo cubano. En ese país, detrás de la máscara “socialista” se instauró un sistema de capitalismo de Estado, detrás de la “dictadura del proletariado” se ha sobre-explotado al proletariado, a la clase obrera cubana, “clase dirigente de la revolución”, y, por supuesto, a los demás trabajadores.

Porque jamás hemos temido los insultos, las calumnias y las acciones cobardes de los asalariados del siniestro Castro, y hemos visto con atención de qué manera –entre otros muchos cómplices del delincuente mayor de la mayor de las Antillas- se afana y presume un grupúsculo de secuaces del tirano, de sus esbirros más humillados, dirigidos por un sujeto que bien merece el calificativo de rata, de alimaña inmunda, que con su mente de cloaca no puede menos que comportarse según el dictado de los bacilos fecales que pueblan su escasa inteligencia, corrupto, vil, escamoteador aún más ratero que sus seguidores, ruin, mentiroso, calumniador;  y nos hemos visto obligados a perder el tiempo fijándonos en ese grupito de cómplices y encubridores del tirano del Caribe, porque su presencia y sus canalladas perturban, lamentablemente. Por eso, a ellos, y a todos los de su calaña, politiqueros populistas, demagogos babosos, oportunistas y arribistas corruptos, se les podría aplicar lo dicho por Ernesto Sábato: “Se mantuvieron callados ante las atrocidades cometidas por el régimen soviético, torturas y asesinatos que, como suele suceder, se perpetraron en nombre de grandes palabras a favor de la humanidad. Camus tenía razón al decir que `siempre hay una filosofía para la falta de valor`. Ellos guardaron silencio cuando pudieron y debieron decir cosas sin temor a disentir… NO HAY DICTADURAS MALAS Y DICTADURAS BUENAS, TODAS SON IGUALMENTE ABOMINABLES, COMO TAMPOCO HAY TORTURAS ATROCES Y TORTURAS BENEFICIOSAS”.

Los historiadores que vendrán -al igual que nosotros condenamos de modo inexorable a los nazis, a los fascistas italianos y japoneses, a los franquistas, a los agresores franceses en Indochina y Argelia, a los guerreristas israelíes, a los agresores estadounidenses gobernados y comandados por su Inner Circle, a toda la caterva de dictadores del mundo y a sus lacayos- sabrán marcar y señalar indeleblemente y reprobar con justicia a los castristas, a sus secuaces, agentes, cómplices y encubridores, meros izquierdosos de mansiones de protocolo, las que los acogen en La Habana por la “galantería principesca” del tirano, “galantería” que ha servido para esconder o por lo menos maquillar (para quienes no quieren ver la realidad, porque para los serviles no es conveniente hacerlo) el dolor y las terribles necesidades y angustias de los habitantes de ese país extraordinariamente hermoso, sobre todo por ellos, por su gente, oprimida y sojuzgada hoy, libérrima mañana.

11 de septiembre de 2007

 

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http://gci-icg.org/spanish/38.pdf

http://gci-icg.org/spanish/Co36_2.htm (ver aqui en el articulo final, después del de Mandela y Palestina: “Cuba o el fin del socialismo tropical)

 

https://victoriaoprimidos.wordpress.com/2016/12/11/articulo-de-fdlp-ec-sobre-fidel-castro-y-la-revolucion-cubana/

 

https://www.google.com/search?client=firefox-b-ab&q=nieto+de+fidel+castro+alardea+de+su+fortuna

 

https://www.abc.es/historia/abci-misterioso-asesinato-guevara-gran-traicion-fidel-castro-201612160153_noticia.html?ns_campaign=gs_ms&ns_mchannel=abc_es&ns_source=fb&ns_linkname=cm_general&ns_fee=0

 

https://www.elmundo.es/larevista/num71/textos/cheb.html

 

Cuba: Hace lustros, «un ca

rretero alegre pasó»…

(«El proletario»; N° 1; Diciembre de 2012)

 

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El artículo se nos imponía imperiosamente. No era posible seguir hablando de Venezuela sin tocar a Cuba. Sin duda, buena parte de sus realidades están cada vez más ligadas y las relaciones entre Caracas y la Habana son cada vez más estrechas. En un artículo que describe en detalle cómo son estas relaciones cubano-venezolanas, la revista británica «The Economist» decía: «…en 2005, Fidel Castro habló de ‘dos países y una sola nación’. ‘Con una sola bandera’, añadió Chávez. ’Somos venecubanos’, replicó Castro» (1). Estas frases no son demagogia como frecuentemente es el caso en el discurso de ambos líderes. Ellas se asientan sobre una verdadera alianza estratégica en todos los ámbitos, económico, político, incluso militar. Una serie de tratados (oficialmente 280), varios muy conocidos, que fueron firmados en Caracas el 30 de Octubre de 2000, corroboran esta realidad.

 

Con el título evocamos otra vez la música, pero sobre todo la imagen de la Cuba de azúcar, tabaco y café que, en tiempos del CAME * (Consejo para la ayuda mutua económica), estaba menos sometida que hoy a las presiones del mercado occidental. Despabilada del sueño (o la pesadilla) del «socialismo en un solo país», la isla de la música y el sol, del paseo por el malecón, de palmas y playas de arena blanca, se da cuenta de que sufre precisamente de una exuberancia y de una  flojera tropical congénita envidiables; pero, culpable de ocultar por ello la exigüidad y precariedad materiales que nunca desaparecieron en el «socialismo» cubano, y si la situación actual ya no garantiza ni la paz social, ni la estabilidad económica que antes a pesar de todo gozaba, es hora entonces de que el proletariado salga de la somnolencia, y comience a pasearse por la idea de luchar…

Antes de la crisis rusa y sus satélites, el trabajador cubano gozaba, «libreta» mediante, de la canasta básica a la que se agregaban otras subvenciones que compensaban el salario-bono-no-transferible, concedido  por el P.C. cubano. El diario francés Le Monde (2) reporta la idea que hoy tiene el obrero cubano de estas subvenciones: «al menos, gracias a eso, no tenemos a nuestros jóvenes transformándose en antorchas», refiriéndose a las inmolaciones que desencadenaron la «primavera árabe».

Pero, desde la caída del muro de Berlín, y la implosión de la U.R.S.S. y el CAME (que representaba el 80% de la balanza comercial cubana) hasta hoy, estas subvenciones y otras ayudas han disminuido sensiblemente o están en vías de desaparición. El mismo destino corren los productos inscritos en la «libreta».  En 1993, Cuba deja de percibir alrededor de 5 mil millones de dólares en diversas ayudas proveídas por la URSS; hasta ese año en que su crisis se agrava. La isla se encuentra de rodillas; aumentan la escasez y los racionamientos. Los efectos no tardan en aparecer; un año después, se produce un violento estallido social rápida y eficazmente reprimido, pero que generó un gran flujo migratorio de «balseros» (en honor a aquellos cubanos que escapaban en estas embarcaciones precarias llamadas «balsas», NdR), el segundo después de los «marielitos» (3) que por millares cruzaban las 90 millas de mar que lo distanciaban de las costas de Florida, Estados Unidos.

Para la misma época, y ante la nueva realidad – desaparición del estado de bienestar soviético – las autoridades cubanas deciden establecer una serie de aperturas a los mercados occidentales clásicos. Es el llamado «Período especial», que va a exigir esencialmente la creación de una masa enorme de seres humanos susceptibles de ser explotados y permita así el despegue y crecimiento económicos que Cuba necesita urgentemente: ¡es con fuerza de trabajo fresca, de trabajo vivo, que se riega la planta del capital! Progresivamente y cuesta abajo, después de diversos retrocesos y suspensiones de medidas capitalistas experimentadas, se llega el actual plan cuya medida principal es la reducción de la nómina estatal. Sin embargo, esta medida (500 mil puestos de 4-5 millones, a eliminar) revelada por Raúl Castro en septiembre de 2010, fue suavizada dividiendo su número, tal vez temiendo consecuencias y experiencias ya vividas después del derrumbe soviético (5). Hay que añadir que buena parte de los funcionarios restantes, dado lo poco que ganan, son empujados a ejercer otros oficios, mientras «simulan que trabajan, puesto que el gobierno simula que (les) paga». La medida ha tocado ya a más de 300 mil empleados (130 mil en 2011, 112 mil en lo que va de 2012), invitados a pasar al grado de «cuentapropistas», identidad que les permite comprar o vender fuerza de trabajo a otros «cuentapropistas», durante este proceso ha surgido todo un movimiento directamente promovido por el gobierno que otorga permisos y patentes permitiendo ejercer «libremente» alrededor de 200 «pequeños oficios», que van de la prestación de servicios en casas de habitación convertidas en paladares (restaurantes improvisados) al establecimiento de casas particulares (cama y cubierto), pasando por la peluquería y abastos, hasta la venta de helados en la calle.

Sin duda que buena parte de los «cuentapropistas» no tardarán en ser absorbidos por el sector turístico, uno de los más importantes fuentes de ingreso que posee Cuba   Esto, a ojos el gobierno isleño, no lesiona en nada los principios comunistas: «no crean que (allí) existe explotación del hombre por el hombre». Un miembro de la Presidencia de la Comisión de trabajo político e ideológico, «descartó que se esté violando el precepto de (la) constitución que proscribe la explotación del hombre por el hombre en el caso de los trabajadores que entregan su fuerza de trabajo, a cambio de un salario, a otra persona con licencia de trabajador por cuenta propia» (7). ¡Siendo que el salario es la base de la explotación capitalista, no sabemos en nombre de qué hablan las autoridades cubanas!

 

Aparato productivo exangüe

 

Según lo dicho en el VI° Congreso del P.C.C (Abril de 2011) «la crisis económica que comenzó en 2008 y se agravó por la crisis global, ha sido una causa de las reformas modestas hacia el mercado introducidas en años recientes (…) Cuba afronta una crisis severa aunque aún no llega al extremo de la de 1993-1994, tras el colapso de la URSS. En 2010 la economía subió un 2%, un tercio del promedio regional (…) La formación bruta de capital disminuyó por segundo año consecutivo al 10%,(…) La liquidez monetaria aumentó al 42%, el doble que en 1989. Aunque mejoró algo la balanza de pagos, los términos de intercambio se deterioraron por tercer año consecutivo (por el incremento de precios del petróleo y los alimentos), la deuda externa ascendió a 14.300 millones de euros (el triple de 1989) y creció la dependencia cubana de Venezuela. La construcción de viviendas bajó a la mitad de la tasa por 1.000 habitantes en 1989. El desempleo abierto se mantuvo en un 1,6%, pero en realidad era un 11,6% debido al excedente de mano de obra estatal. (8) Las cifras en Cuba están en rojo… Hay que aclarar que el mejoramiento de la balanza de pagos se debe sobre todo a la «exportación» de servicios o de personas a otros países; unos 40 mil cubanos se encuentran fuera del país como médicos, entrenadores deportivos, constructores y técnicos agrícolas, tanto en América como en algunos países africanos. Esto indica un profundo desequilibrio en los intercambios comerciales cubanos, entre los productos que entran y los productos que salen.

Todos estos datos se explican en gran parte por la debilidad del aparato productivo y de los recursos con que cuenta la economía cubana en su conjunto: «níquel, servicios médicos (70 000 médicos cubanos que trabajan en Venezuela y Angola), biotecnología, turismo, y por último están las remesas (transferencia de dinero de 2 millones de cubanos inmigrantes)» (4). Nada fácil hacer planes sociales consecuentes con estas premisas. ¡Planes de reducción, si!

La producción agrícola no es menos calamitosa. La misma jamás fue sobrasaliente con respecto a la plétora de productos del CAME. Tampoco fue prioridad del Estado ruso de sacar a Cuba de la mono-producción, la dependencia y el atraso industrial. Además, está el hecho de que el 80 % de la población cubana es urbana, producto de la deserción de la población rural, confirmando el fracaso de la reforma agraria. Todo ello ha precipitado la producción actual más inmediata, deprimido las pocas industrias existentes, tal como la del azúcar (con zafras cada vez más débiles) y el ganado, (cuyo hurto [!] ascendió, el año pasado, a 23 mil unidades), y obligado al gobierno a entregar 1.4 millones de hectáreas a unos 150 mil campesinos prestos a convertirse en pequeños arrendatarios. Aparte de un llamado metafísico al «deber revolucionario», ¿qué otro estímulo a la producción (que tampoco termina de arrancar) puede inventar el Estado?

El mencionado Congreso, que esta vez «no se focalizó en los daños del bloqueo, sino en las causas internas que impiden (el) crecimiento» (9) sugiere esencialmente la necesidad de acelerar las reformas que permitan una acumulación de capital más consecuente, de allí «la autorización de la compra-venta, junto al derecho de «permuta», de casas y apartamentos» que es esencialmente parte de un proceso y una apertura más amplia a la expansión de la propiedad privada capitalista, un proceso más veloz de expropiación y despojo, para reducir al cubano a proletario puro, tal como se conoce en occidente. Si no, ¿qué otra cosa podría motivar estas reformas o medidas?

 

El capitalismo nunca se fue de Cuba

 

No es porque los capitalistas individuales hayan huido que en Cuba no haya existido capitalismo; lo que pasa es que allí el Estado se constituyó en capitalista colectivo o público, sin necesidad de crear capital privado. Por lo tanto negamos categóricamente de que en Cuba haya habido modificación alguna, o interrupción del mecanismo de expropiación y explotación constantes que distinguen al sistema capitalista.

El despojo o expropiación adicionales que se revelan con la progresiva eliminación de la «libreta», el arrojo a la calle inminente o progresivo de medio millón de funcionarios que gozaban de puestos vitalicios; la compra-venta masiva de casas y automóviles entre particulares; los estímulos al comercio de toda suerte; el control tributario, todo ello conduce a la aparición de realidades indeseables e inevitables, tal como el sometimiento cada vez más estricto del trabajador cubano a las leyes del valor y del salario; todo ello desbroza el terreno para que Cuba pueda dar el salto a la economía capitalista con una extensión del dominio de los capitalistas privados. Como dice Marx: «en el fondo del sistema capitalista hay, entonces, separación radical del productor respecto de los medios de producción. Esta separación se reproduce en escala progresiva en cuanto el sistema capitalista se establece. Pero aquélla constituye la base de éste, que no puede establecerse sin ella» (10). No es porque se encuentre en los orígenes del capitalismo, que este fenómeno jamás haya dejado de existir, al contrario, su función se ha reforzado, y hoy es uno de sus pilares: el Estado como institución que más emplea en Cuba (11), concentrando por esta razón una enorme masa de fuerza de trabajo, y tomando en cuenta el marasmo económico en que se encuentra la isla, debía llegar a la triste decisión de salir de al menos una parte de ella. En nombre del capitalismo y sus crisis, tenía que separarlos radicalmente de los medios que le impedían precipitarla en el proletariado, ¡¡tenía que echarlos a la calle!!

¿A qué ha venido el Papa a Cuba? ¡A bendecir las futuras víctimas de la explotación capitalista internacional!

Con el tino que las autoridades cubanas han puesto en evitar los traumas que estos cambios y reformas puedan provocar en la población, pero que ya significa un abandono solemne de la ilusión de que en Cuba haya alguna vez existido socialismo (12), Cuba se ha ganado el beneplácito de la llamada «comunidad internacional». La visita del Papa lleva ese mensaje. En otras palabras, el Sr Ratzinger ha venido a Cuba a bendecir el virage económico del gobierno cubano. Como en casi todas las oportunidades, la visita del Papa tuvo una significación eminentemente política en el cuadro de la política imperialista mundial. Significa un abierto apoyo a la política del gobierno cubano (que, en agradecimiento va a facilitar la práctica religiosa, etc.).

Y no importa lo que las autoridades asuman o entiendan como reformas económicas que no se transforman en políticas, en este caso «irreversibles», «estratégicas», tal como lo afirma el Estado cubano. Son clarísimas las declaraciones de Marino Murillo (13), vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba quien, a propósito de la visita del Papa a Cuba, dice que el gobierno sólo está «actualizando el modelo económico cubano para hacer viable el socialismo» (!!) «no habrán reformas políticas (?) en Cuba», precisando que «esta vez, los cambios son estratégicos», y llegaron para quedarse. ¡Cosa más grande, y los marxistas que creían que la política era un concentrado de la economía! El presidente Colombiano, Juan Manuel Santos, la voz de los Estados Unidos en América Latina, ha apoyado en efecto la posición actual del gobierno cubano, que no es nada política, ¡claro que no!

En la misma ola de entusiasmo, la actual distensión americana del embargo económico hacia Cuba también apunta hacia esa meta. Un capitalista cubano exiliado en los USA (14) que anima un lobby católico, se ha hecho partidario incondicional del gobierno cubano después que éste ha comenzado a tomar las medidas de apertura, saludadas por el capitalismo mundial.

 

Bloqueo económico,  mito y realidad

 

¿Cómo podía pensar la Habana, que bastaba con que se decretara para que la internacional ley del valor, el dólar y el oro, se plieguen al valor de las horas-hombres del trabajo productivo cubano efectivos? ¿O es que los Estados Unidos están obligados a cuenta de «socialismo» autoproclamado, a venderle a Cuba a precios no sometidos a las leyes del mercado? ¿Su ausencia no era colmada en gran parte por el CAME? ¿Cuba no neutraliza el «bloqueo» cuando comercia (desde hace décadas) con los países europeos, así como hoy lo hace con Rusia, China, Vietnam, Irán, y sobre todo con Venezuela que, desde los años 1970, no ha cesado de intercambiar con la isla? Pese a todo lo que se ha dicho sobre el susodicho bloqueo, las relaciones económicas de Washington con la Habana no sólo no fueron cortadas, sino que después de la caída de la URSS se han reanudado con más vigor. ¡En plena «guerra fría», las sociedades norteamericanas, a través de sus filiales en Canadá, esquivaban olímpicamente la ley y comerciaban con Cuba!  Inútil decir que las sanciones económicas, las escaramuzas y retorciones comerciales entre países y regiones, siempre han existido y no especialmente contra Cuba. ¡Qué miseria y tiempo perdido para los proletarios en Cuba! ¡Pues, no había otra forma para «vencer el bloqueo» que la forma capitalista»!

Hasta ahora, el estalinismo ha logrado postrar e intoxicar al proletariado en Cuba, el cual continúa dándole un valor revolucionario al cuadro social y económico no obstante desfavorable en que vive – ¡la revolución exige sacrificios! Pero ese muro de contención, edificado bajo consignas falsamente revolucionarias, comienza a derrumbarse por el peso abrumador de la realidad: un nada proletario jefe de cocina en la Habana, Rafael Marín «que le repugna pronunciar la palabra ‘capitalismo’, admite, sin embargo, que el país ‘ha comenzado a dar un giro que va en ese sentido. Esto es nuevo para nosotros. El choque es fuerte, pero estamos respondiendo bien’» (15).

Es cuestión de tiempo para que las infames banderas del nacional-comunismo sean arriadas, y se ice de nuevo la bandera de la lucha de clase anti-capitalista en Cuba.

 

 

(1) C.f. «The Economist», «Venecuba, una sola nación», febrero, 2010. La revista británica destaca que «además de miles de doctores que se emplean en programas de salud comunitaria se incluyen cubanos para dirigir puertos, telecomunicaciones, entrenamiento de policías, expedición de documentos de identidad y los registros mercantiles». La misma semana, la revista norteamericana Newsweek («Cuba invade a Venezuela») exclamaba que «Puede ser que la isla caribeña sea una estrella que se desvanece en el firmamento socialista, gobernada por una esclerótica dinastía, pero no le digan eso a Hugo Chávez, quien le está ofreciendo a la franquicia de los Castro una segunda vida entregándole cada vez más y más funciones de su gobierno al de La Habana».

(2) C.f. Le Monde, «Cuba, schizophrénies tropicales», por Florence Beaugé, p. 4-5, Cahier Geo & Politique, 18-19/03/2012.

(3) El 5 de abril de 1989, diez mil cubanos irrumpieron en la Embajada de Perú solicitando asilo diplomático con el fin de alcanzar las costas de Estados Unidos, arrancando del puerto de Mariel. De allí el nombre de «marielitos» para designar a todos aquellos (125 mil cubanos, según cifras oficiales) que salieron de Cuba en ese período. C.f. Wikipedia, «Exodo del Mariel»

(4) C.f. Le Monde, «Les à-coups de l’ouverture économique», p. 5, Cahier Géo & Politique, 18-19/03/2012.

(5) C.f. Le Monde,  Ibíd. El articulista comenta: «Ni hablar de correr el riesgo de que se produzca una explosión como en 1994»,

(6) C.f. Le Monde, «Cuba, schizophrénies…».

(7) C.f. laclase.info, «En Cuba, los reformistas dicen que el trabajo asalariado ya no es explotación», por Rogelio Díaz Moreno.

(8) C.f. El País, «El Congreso del P.C.C y la economía cubana», por Carlos Mesa-Lago, 26-05-2011.

(9)  C.f. Le Monde, Ibídem.

(10) C.f. Karl Marx, El Capital, Ed. Cartago. Tomo I, § XXVI, p. 690, «El secreto de la acumulación primitiva».

(11) Las estadísticas oficiales, incluyendo las hechas antes del derrumbe del «socialismo real», muestran un pase ininterrumpido de mano de obra del sector público al sector privado, y una disminución constante del rol de principal empleador que juega todavía el Estado cubano.

(12) En realidad, el socialismo nunca existió en Cuba (es decir, una economía sin dinero, sin asalariados, sin empresas, sin mercado) sino un capitalismo de Estado a la manera estalinista, desarrollado y mantenido contando sólo con el precio de las materias primas agrícolas, esencialmente la caña de azúcar. ¡Y esto cambia toda la perspectiva! Cuba devino así prácticamente en un país capitalista de segunda zona, como Venezuela, es decir, monoproductor… En fin, Cuba sólo sirvió como «alfil» en el ajedrez de la geo-política rusa.

Con el hundimiento de la URSS (1989), y la caída de los precios del azúcar, el capitalismo cubano pierde todos los medios para mantener cientos de miles de funcionarios y debe, por un lado, responder al desarrollo del sector privado local, y por otro, responder al empresariado exterior cuyos capitales Cuba tiene desesperadamente necesidad. Para atraerlos, el gobierno cubano debe «pintarle pajaritos» con los beneficios que, por excelencia, pudieran obtener con una mano de obra a bajo precio, «liberada» del trabajo fijo.  En fin, con la URSS no se ha hundido sino la serie de mixtificaciones y caricaturas en que fue convertida, durante casi 70 años, la teoría marxista del socialismo.

(13) Ver video en: http:/www. youtube .co/watch?v=7Kfl1UOo6Xk

(14) Se trata del empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas, advirtiendo que, dependiendo de las reglas, el capital cubano del exterior, al igual que el capital extranjero «fluirá hacia Cuba en grandes cantidades en busca de un rédito competitivo» (C.f. Univision.com, 31/5/2011) «La gran pregunta no es si van a dar marcha atrás, sino cuán rápido van a ir hacia adelante» (C.f. http://www.havanatimes.org/sp/?p=62424). El empresario simplemente quiere pruebas contundentes de estos pasos.

(15) C.f.. Le Monde. Ibíd.

 

*  «La CAME o Comecon (siglas en inglés) … fue una organización de ayuda económica recíproca entre los diversos países del bloque comunista. Creada por Stalin en 1949 (…), es disuelta en junio de 1991, junto a la caída del imperio soviético (…) La organización jugaba un rol político esencial para la URSS, puesto que, gracias a subvenciones, préstamos y envío de mano de obra, ejercía un peso importante en los asuntos internos (de cada país de la órbita soviética)». (C.f. Wikipedia, subrayados y paréntesis nuestros).

Esta organización reforzaba la dependencia económica de los países del llamado «bloque comunista» con respecto a la URSS, a pesar de que frecuentemente los primeros eran más desarrollados que el segundo: Ucrania y Polonia, por ejemplo.

 

 

Partido comunista internacional

http://www.pcint.org

 

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Cuba: Muerto Fidel Castro no se abre una nueva fase de una «revolución socialista» que nunca ha sido tal, sino un reposicionamiento del capitalismo cubano en el mercado mundial

 

(«El proletario»; N° 12; Noviembre – diciembre de 2016 / Enero de 2017)

 

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El nacionalismo que canalizó la revuelta de las masas proletarias y semiproletarias cubanas contra la feroz dictadura de Batista y la colonización estadounidense no abrió nunca la vía al socialismo, sino a una burguesía nacional que quería para sí los beneficios que acababan en los bolsillos del capitalismo americano.

Uno de los mitos, alimentados durante más de cincuenta años por las burguesías imperialistas de todo el mundo, el del «socialismo cubano», pierde, con la muerte de Fidel Castro, a uno de sus más tenaces propagandistas.

El primero de enero de 1.959, después de años de guerrilla conducida contra el régimen de Fulgencio Batista que durante 25 años había dominado la isla por cuenta del capitalismo estadounidense, el «Movimiento 26 de Julio», con Fidel Castro a la cabeza, conquistó la capital, La Habana, de la cual Batista había huido, y tomó el poder.

En el clima general de los movimientos de democratización de América Latina, en un cuadro internacional en el cual las luchas anticoloniales en Asia y en África estaban poniendo en grandes dificultades a las potencias coloniales europeas y en el ámbito de la llamada «guerra fría» entre EE.UU. y la URSS, los Estados Unidos jugaron la carta de apoyar la «democracia» en América Latina en función anti-URSS. En un primer momento, por lo tanto, apoyaron el cambio de guardia en Cuba entre Batista y Castro, pero después de que el gobierno castrista –aplicando el programa de reforma agraria del «Movimiento 26 de Julio»- nacionalizó las mayores propiedades y las haciendas más grandes, sobre todo azucareras y tabaqueras, quitándoselas de las manos a los capitalistas americanos, el gobierno de EE.UU. cambió de política: trató de ahogar la economía cubana no importando más azúcar y reduciendo drásticamente el flujo turístico hacia la isla caribeña. El gobierno castrista, que hasta ahora no se había proclamado socialista, se volvió hacia la URSS (que por otra parte tenía todo el interés posible en sustraer a Cuba de la influencia de Washington); esto obligó a  un cambio de ruta y  un programa social «antiamericano» que facilitaron la propaganda interna y externa de una especie de «socialismo nacional»; en 1.961 la República de Cuba fue proclamada «república socialista».

Cuba, en la época, por el hecho de que el movimiento de los «barbudos» había logrado vencer y dañar al imperialismo más fuerte del mundo, asumió velozmente el nivel más alto del mito de un «socialismo nacional» que la Rusia estalino-kruscheviana alimentaba desde hacía décadas a manos llenas: Cuba, Fidel Castro y con él el Che Guevara, eran abanderados del oportunismo estalinista como los campeones de un «socialismo» que podía «conquistar América»; en la trampa propagandista del falso socialismo ruso, o chino, y por lo tanto del falso socialismo cubano, cayeron todos los grupos considerados de extrema izquierda que intercambiaban las «nacionalizaciones» y las «cooperativas» por el socialismo realizado en la economía. Es más, pretendían que pudiese haber una «revolución socialista» sin la influencia determinante sobre  proletariado y sobre las masas desheredadas, guiando a ambos políticamente, del partido comunista revolucionario; pretendían que la «revolución socialista» fuese en realidad una democracia ampliada y que no tuviese como su programa fundamental, una vez conquistado el poder político, el considerarse un bastión de la revolución proletaria internacional y por ello el dirigir sus propias fuerzas a destruir las fortalezas burguesas desde el interior e integrar su propia lucha anticapitalista en la lucha del proletariado del resto de países.

En realidad, si bien la lucha contra la opresión colonialista de los EE.UU. sobre Cuba fue una lucha que tendía a sacar del hambre y de la miseria a las masas campesinas y proletarias cubanas, aquella lucha tuvo siempre las características de una revuelta burguesa que dirigía el empuje «revolucionario» de las masas proletarias, semiproletarias y campesinas pobres hacia los objetivos políticos y económicos de la burguesía cubana, y sobre todo de sus estratos medios y pequeños, visto que los grandes burgueses eran copartícipes de los beneficios que los capitalistas americanos le sacaban a Cuba.

Por otra parte, históricamente, Cuba en 1.959 no era ya la Cuba de 1.850. En 1.898 Cuba se independizó de España, pero en términos capitalistas deviene una semi-colonia de los EE.UU.: en el orden del día no estaba ya la «revolución doble» (revolución antifeudal por la independencia nacional y por implantar las bases del capitalismo y revolución proletaria, por lo tanto antiburguesa y anticapitalista, como en el caso de la Rusia de 1.905-1.917), sino únicamente la revolución proletaria, si bien en un país atrasado en términos capitalistas. Y la revolución proletaria –por lo tanto la revolución «socialista»- para ser tal debe tener por protagonista a la clase del proletariado (de las fábricas y del campo), organizada en organismos económicos y sociales tales que le permitan entrenarse a través de las luchas inmediatas para la lucha contra la clase burguesa, y por guía al partido comunista revolucionario que es el único órgano que posee la conciencia de clase, por lo tanto los objetivos y los fines históricos de la lucha revolucionaria del proletariado a nivel nacional e internacional. Todo esto faltó en Cuba, como faltó en todos los países del mundo, dado que en Rusia y en el mundo, en los años ´20 del siglo pasado, venció la contrarrevolución burguesa a la que llamamos estalinista. He ahí porqué el castrismo, o el guevarismo, no puede ser intercambiado por «socialismo»; se trató, y se trata en realidad de un radicalismo burgués con salsa cubana…

En 1.961, en uno de los trabajos de partido dedicados a la «revolución cubana», titulado Las dos caras de la revolución cubana, escribíamos

«Sólo en apariencia los movimientos cubanos, de los que los barbudos han sido y son los protagonistas escenográficos, se entrelazan con los que han sacudido desde los fundamentos el orden tradicional en África y Asia.

El elemento común representado por la áspera lucha contra el imperialismo y los grandes monopolios capitalistas oculta el hecho esencial de que, en el caso de los países afroasiáticos, la lucha de independencia nacional y por la constitución de Estados unitarios (por consiguiente dirigida también contra potencias coloniales, o de cualquier modo contra el yugo financiero del capitalismo imperialista) es un aspecto de la más basta lucha contra estructuras tradicionales, feudales o para feudales; mientras en Cuba, y en general – aunque en distinto grado en América Latina – el capitalismo ha sido importado hace varios decenios por los Estados Unidos y otras potencias capitalistas, y la economía interna presenta desde hace tiempo el armazón burgués fundamental, por tanto, también una estructura social que se apoya en un vasto y súper explotado proletariado.

Aquí, el tema principal de la «revolución» anticolonial es el esfuerzo de la joven burguesía indígena por desvincularse del sometimiento al capital financiero extranjero (a cuya sombra sin embargo ha crecido) o, según los casos, de establecer con él relaciones de cooperación en los beneficios de la explotación de los recursos locales, utilizando para este objetivo el empuje de la rebelión de las masas proletarias y semiproletarias, canalizándoles hacia el objetivo nacionalista, disuadiéndoles de una posible orientación social-revolucionaria, y haciéndoles de muleta, de apoyo, para el propio reforzamiento de la dirección del Estado. Los movimientos y los regímenes que surgen en este área, y de los que el ejemplo cubano ofrece el ejemplo más «puro», se presentan pues como violentamente nacionalistas hacia el exterior y como reformistas hacia el interior; en el primer sentido tienen una ficción histórica de ruptura de los equilibrios tradicionales imperialistas, que pueden provocar, y de hecho provocan, en los grandes centros de piratería burguesa (y especialmente en los USA), crisis de prestigio y serias dificultades económicas, cuya violenta explosión no pueden dejar estúpidamente indiferentes al proletariado mundial y al partido revolucionario comunista; en el segundo sentido, ejercen una función de freno sobre los contrastes sociales internos, y para el proletariado internacional e indígena no solo se plantea el problema de un apoyo armado a los partidos nacionales en cuanto se trate de «hacer avanzar la rueda de la historia» estructuras precapitalistas residuales abatiendo e impulsando el movimiento sobre el plano de «la revolución doble» sino que se plantea el objetivo de denunciar los objetivos burgueses-reformistas, poniendo sobre el tapete la cuestión de la separación de la clase obrera de los partidos y regímenes interclasistas, y de la lucha proletaria abierta para el asalto al poder.

En el caso específico de Cuba, el proletariado revolucionario puede valorar positivamente los golpes específicos infligidos tanto a las mastodónticas centrales azucareras y petrolíferas americanas, como al gobierno intervencionista en nombre de la «libertad» y «autodeterminación de los pueblos» y el desenmascaramiento de estas falsas banderas ideológicas; pero debe ridiculizar y combatir la pretensión castrista de haber realizado una «revolución social» y, peor aún, de haber construido una «república socialista» de punta en blanco con la bendición, por añadidura, de la otra intriga mundial personalizada en el Kremlin.

En la creación y difusión de este mito, que por lo demás, acarrea agua al molino de los burgueses radicalizantes, a los que predican la posibilidad de la «revolución social» sin partido de clase, y por tanto sin marxismo, contribuyen no sólo, como es lógico, los estalinistas-kruchovíanos, representantes de comercio para la venta de regímenes populares inter-clasistas, bautizados como progresistas, e incluso como socialistas, sino también de los «nacional-comunistas» a la Tito y aquellos que, para desgracia del gran revolucionario llamado León, se auto proclaman trotskistas» (1).

Junto al mito castrista o guevarista y del «socialismo cubano», está el hecho de que Cuba ha resistido a las presiones de Washington no obstante el embargo estadounidense que desde hace 55 años la asedia. Cierto que, hasta 1.989, cuando el imperio soviético implosionó, el hecho de poder contar con las relaciones comerciales y políticas con la URSS y sus satélites europeos, contribuyó a frenar las amenazas estadounidenses. Pero no puede olvidarse que la economía cubana, precisamente a través de las relaciones capitalistas con Moscú, con los otros países europeos del Este y con algunos países de América Latina, especialmente Venezuela, se insertaba en el mercado mundial a través de las importaciones de petróleo, maquinaria, productos alimenticios, químicos y las exportaciones de azúcar, níquel, tabaco, pesca, cítricos y productos farmacéuticos. Y después del colapso del imperio ruso, las relaciones económicas y comerciales se ampliaron a otros países de la Europa Occidental hasta tal punto que desde 2.002 Cuba utiliza el Euro en lugar del Dólar en los intercambios comerciales internacionales. El aislamiento de Cuba, en realidad, no ha sido nunca un verdadero aislamiento económico y comercial, sino sólo en parte político; y ha sido sobre todo una marginación por parte del capital estadounidense a la espera de que el régimen castrista cayese, dado que las incursiones tipo Bahía de Cochinos demostraron que no reportarían victorias fáciles.

¿Será el Euro y no el Dólar el que recoloque al capitalismo cubano en el mercado mundial a través no sólo de intercambios económicos más intensos sino también de inversiones en la isla? Sea uno u otro, no cambia la sustancia de la explotación capitalista: el capital se invierte más fácilmente donde hay recursos naturales y abundancia de fuerza de trabajo proletaria, mejor si está instruida. Y Cuba representa para cualquier capital que quiere sacar beneficio tierra fértil y fuerza de trabajo capaz, instruida y sobre todo habituada a un bajo nivel de vida, por lo tanto, objetivamente, de bajo coste. La apertura de acuerdos con empresas farmacéuticas europeas, gracias a los planes de desarrollo de biotecnologías, demuestra que Cuba puede representar para el capital óptimas ocasiones de beneficio; y es cierto que será esta la vía que tomará el gobierno cubano de ahora en adelante; la reciente visita de Obama y de funcionarios del Departamento de Estado a La Habana es una señal de que el aislamiento de Cuba respecto de los Estados Unidos será superado antes o después.

Si los obreros cubanos, de las fábricas y del campo, engañados durante seis décadas acerca de un socialismo inexistente, se han podido beneficiar hasta ahora de los progresos importantes en el terreno de la sanidad y de la instrucción, lo deben a dos factores principales: en primer lugar a su tenaz lucha contra los aspectos más brutales de la explotación de los viejos capitalistas americanos y cubanos, lucha que fue la base de la caída del régimen de Batista y de los trust americanos, lucha que dio lugar a un régimen nacionalista capaz de conjugar las necesidades básicas de supervivencia de las amplias masas proletarias y semiproletarias, garantizando de esta manera el mantenimiento del régimen castrista; en segundo lugar, a la coyuntura internacional en la cual los enfrentamientos más agudos entre los imperialismos se han concentrado en otras zonas y en otros países del mundo, en particular en Medio Oriente y en África.

No sabemos cuánto tiempo hará falta para que los proletarios cubanos se den cuenta de que el nacionalismo que el «comandante» Fidel Castro y que Che Guevara etiquetaron como «socialismo» y que el partido, fundado sólo en 1.965, llamado «partido comunista cubano», no han sido sino instrumentos útiles a la burguesía cubana radical y empobrecida para sustraerse de la sofocante tutela del capitalismo estadounidense y, al mismo tiempo, útiles para gestionar directamente, nacionalmente, a través de una «soberanía nacional» conquistada, la explotación del proletariado cubano, característica no del socialismo sino de cualquier sociedad capitalista.

No sabemos qué agudizaciones de los enfrentamientos interimperialistas y qué crisis económicas pondrán en dificultades a los poderes burgueses en los Estados Unidos, en los países europeos, en los países latinoamericanos, en Rusia o en China, pero es cierto que el desarrollo del capitalismo a nivel internacional llevará a un incremento de los factores de enfrentamiento y de guerra, sacudiendo inevitablemente a sus respectivos proletarios de la intoxicación oportunista, democrática y nacionalista, poniéndolos ante el inevitable dilema histórico: o guerra o revolución, o lucha de clase y revolucionaria en defensa exclusivamente de los intereses inmediatos e históricos proletarios, o el enésimo aniquilamiento de la propia identidad de clase y el ulterior sometimiento de los proletarios a las exigencias del voraz y despiadado modo de producción capitalista.

En cuanto comunistas internacionalistas y revolucionarios, sobre la línea de las experiencias históricas de la Comuna de París y de la Revolución de Octubre en Rusia y sobre la línea que ha distinguido históricamente a la izquierda comunista en la lucha contra la degeneración de la Internacional Comunista y de los partidos adherentes a ella, nosotros continuamos la dura obra de la defensa del marxismo ortodoxo contra todos los ataques oportunistas y de la formación del partido de clase que tendrá la tarea de guiar a nivel internacional a las masas proletarias a la revolución finalmente antiburguesa y anticapitalista, y por lo tanto efectivamente socialista y comunista.

 

3 diciembre 2016                                 

 

 

(1) Ver el resumen  mismo de la reunión general de partido mantenida en Roma el 3-4 de marzo de 1.961 sobre «La terrible responsabilidad del estalinismo frente a los movimientos anticoloniales». Publicado en «il programma comunista» nº 10 de 1.961.

 

 

Partido comunista internacional

www.pcint.org


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Las dos caras de la revolución cubana

(«El programa comunista»; N° 50; Septiembre de 2013)

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En el último suplemento dedicado a Venezuela, indicábamos que, desde sus comienzos, la Administración Chávez se había acoplado, acelerando sus relaciones con Cuba a partir del golpe fallido de abril de 2002. Por tanto, no es ningún azar si tomamos a Cuba como ejemplo de un tipo de “revolución” o mascarada de revolución [a la cual se le dedicó un artículo en ese mismo suplemento: «Hace lustros… “un carretero alegre pasó”», que tuvo un cierto eco en nuestros lectores y más allá, NdR] donde las bases incluso políticas y sociales de la dominación capitalista restan intactas. «Las dos caras de la revolución cubana», fueron publicadas por primera vez en nuestra revista en lengua francesa, «Programme Communiste», n°17, oct-dic de 1961; es decir, en momentos en que la revolución cubana irrumpía en la escena política internacional. Hoy, por todas las características que presenta la «revolución bolivariana», este articulo sirve para recordarlas, y que en aquel entonces correspondían a la “revolución cubana”, observando que, 60 años después, la critica que allí hacíamos es más que pertinente, si ahora la extendemos a esta hermana desconocida que, aparecida un buen día ataviada de «proceso revolucionario bolivariano», podemos calificarla como un (¿último?) intento de la contrarrevolución estaliniana, por perdurar y continuar haciendo estragos en las luchas de clase del proletariado mundial. Este magnifico artículo impregna parte de nuestros otros artículos dedicados a Cuba y a Venezuela, y a otros países y proletariados en situaciones parecidas; como una toma de posición política ampliada, que vuelve pedazos los innumerables mitos y supersticiones hasta ahora dominantes en torno al comunismo, “enigma de la historia por fin desvelado”.

 

 

Que los “barbudos” hayan sido y sean las figuras representativas de los movimientos cubanos asociados a aquellos que han estremecido hasta sus fundamentos el orden tradicional en Asia y África, es sólo en apariencia.

Su acto común es la lucha violenta contra el imperialismo y los grandes monopolios. Sólo que en el caso de los países afro-asiáticos la lucha por la independencia nacional que apunta hacia la constitución de Estados unitarios (dirigida contra las potencias coloniales, contra el yugo financiero del capitalismo imperialista) encierra un aspecto de lucha más amplio, más fundamental, contra estructuras tradicionales, feudales o para-feudales. En Cuba, y en general en América Latina, bien que a niveles diferentes, el capitalismo ha sido importado hace ya varias décadas desde Estados Unidos y otros países capitalistas, y, la economia interna presente, su estructura fundamental, mucho tiempo ha que es burguesa, es decir, se apoya sobre un proletariado numeroso y superexplotado.

En este último caso, el objetivo de la “revolución” anti-colonial reside en el esfuerzo de la joven burguesía indígena (1) de liberarse de la sujeción al capital financiero extranjero (a la sombra del cual esta creció) o, según el caso, de establecer con este último una relación de co-participación en los beneficios que genera la explotación de los recursos locales, utilizando para sus fines el empuje de la rebelión de masas proletarias y semiproletarias, canalizándolo hacia el objetivo nacionalista, impidiendo toda posibilidad de orientación social-revolucionaria, convirtiéndola en trampolín para su propio afianzamiento en la dirección del Estado. Los movimientos y regímenes que surgen en estas áreas – aquí, el ejemplo cubano proporciona el modelo más “puro” –, se presentan como violentamente nacionalistas al exterior y reformistas al interior. En lo externo, su función histórica será la de generar rupturas de los equilibrios imperialistas, lo que puede en efecto provocar, y provoca, crisis de prestigio y serias dificultades económicas en los grandes centros de la piratería buguesa (Estados Unidos, en particular). El violento estallido que esto produce no puede dejar “indiferente” al proletariado mundial y al partido revolucionario comunista. Al interior, ejercen una acción de freno sobre los contrastes sociales. Por consiguiente, el problema de un apoyo armado a los partidos nacionalistas por parte del proletariado internacional e indígena ya no se plantea, en virtud de que el problema de “empujar la rueda de la historia hacia adelante” no existe, puesto que en esta zona no hay estructuras pre-capitalistas residuales qué destruir [o que no perturban la hegemonía del capitalismo, NdR] (2). En cambio, se plantea el problema de la lucha abierta del proletariado por la conquista del poder, no sin antes denunciar los objetivos burgueses reformistas de estos partidos, así como el de provocar la separación de la clase obrera de los partidos y regímenes interclasistas, y proclamar al mismo tiempo la lucha abierta del proletariado por la conquista del poder.

En el caso particular de Cuba, el proletariado revolucionario puede valorar la tunda propinada tanto a los mastodontes azucareros y petroleros americanos, como a los gobiernos que han intervenido en nombre de la “libertad” y de la “autodeterminación” de los pueblos, así como el desenmascaramiento de estas falsas banderas ideológicas; pero debe burlarse y combatir la pretensión castrista de haber realizado una “revolución social” y, peor todavía, de haber construido de golpe y porrazo una “república socialista” con la bendición, como se debe, de ese otro centro mundial de negocios: el Kremlin.

Los estalino-kruchevianos – representantes comerciales de regímenes bautizados progresistas e incluso socialistas – no son los únicos en creer y difundir el mito de la Cuba socialista, lo que entre paréntesis aporta agua al molino de los burgueses en penuria de radicalismo que predican la posibilidad de la “revolución” social sin partido de clase y, por ende, sin marxismo. Estos son ayudados por los nacional-comunistas al estilo de Tito y por aquellos que – para desgracia del gran revolucionario ruso – se proclaman trotskistas.

 

SOCIALISMOS PREFABRICADOS

 

Sin embargo, la cara de la “revolución social” cubana aparece claramente no sólo a través de las declaraciones, incluso las más recientes, de Castro y de los Padres del Kremlin, sino también a través de los análisis que grupos cripto-estalinistas hacen de estas declaraciones. En su número de diciembre de 1959, la revista «Cahiers Internacionaux» definía la “revolución” castrista con mucha satisfacción y de la manera siguiente: «Una revolución que, en el periodo histórico actual, es respetuosa de la propiedad privada, no pretende romper el cuadro del capitalismo nacional (se trataría más bien de desarrollarlo), sino del capitalismo financiero monopolista extranjero. Una revolución que puede seguir una vía pacífica en el cuadro de la legalidad constitucional…., etc.”; y, en el número de febrero de 1961: «La Revolución cubana ha nacido “afeitada”. La solidaridad y la abnegación de su pueblo, el aislamiento, la bancarrota política y la objeción moral de sus adversarios, han salvado al país del caos administrativo y de agitaciones económicas que hubiesen abierto el camino a una larga y destructora guerra civil [estas gentes desprecian la guerra civil y sus “riesgos”, sobre todo, NdR]». El respeto de la propiedad privada se ha convertido en el centro de las declaraciones y actos del gobierno del gran Barbudo, incluso luego de los acontecimientos estridentes en que los Estados Unidos fueron vergonzosamente arrojados al mar. En un primer momento el movimiento castrista fue visto favorablemente por la Casa Blanca y el Pentágono, a causa de su oposición al régimen corrompido de Batista. No es sino a partir de la violación de los sagrados derechos de la propiedad de algunos ciudadanos norteamericanos que Washington comenzó a considerarlo como revolucionario. Y lo termina relegando al mundo de los herejes cuando, ante sus represalias, el régimen castrista decide alinearse con el bloque comunista, al menos en el dominio comercial y en el de la maniobra diplomática. Las bendiciones de la jerarquía católica no faltarán en el nacimiento de la “nueva sociedad” cubana; así como no faltan las proclamaciones filo-barbudas de la parte de economistas y sociólogos americanos, no obstante, firmes adversarios del marxismo. Más adelante veremos la realidad de la transformación económica iniciada por Castro. Por el momento, lo indicado es suficiente para desmentir su carácter socialista.

 

LIBERTAD MADE IN U.S.A

 

A fin de comprender su evolución, es preciso indicar – aunque sea de manera somera – los puntos fundamentales de la evolución de la isla, desde su independencia de España (realizada con la ayuda de los Estados Unidos) hasta hoy.

Es a partir de 1898 que pueden aplicarse a Cuba, y a la mayoría de los países latinoamericanos, las palabras de Lenin en su folleto “Imperialismo, estadio superior del capitalismo“: «Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática. Una de estas formas, la semi-colonia, la hemos indicado ya antes. Modelo de otra forma es, por ejemplo, la Argentina. Lenin citaba a Schulze – Gaevernitz en su obra sobre el imperialismo británico (Leipzig, 1906): “La América del Sur, y sobre todo la Argentina, dice, se halla en una situación tal de dependencia financiera respecto de Londres, que se la debe calificar de colonia comercial inglesa“». Del mismo modo podemos decir que desde 1898, Cuba es una dependencia comercial de Estados Unidos, los mismos que le habían facilitado el acceso a la independencia política.

Es bueno notar, sin embargo, que la intervención de las tropas U.S.A. contra España se puso en marcha después que la rebelión nacional cubana hubiera logrado prácticamente la victoria sobre los españoles. Como quiera que fuera, las tropas americanas que habían desembarcado en La Habana permanecerán por 4 años. Pero, desde 1901, entre las convenciones establecidas entre el gobierno cubano y Washington se acordó el establecimiento de un régimen preferencial de aduanas para las mercancías y los capitales americanos a su entrada en Cuba, así como concesiones y precios especiales para la tierra. Cuba renunciaba, además, al derecho (¡vaya independencia política!) de firmar tratados comerciales o de adquirir deudas con otros países que no fueran los Estados Unidos. El resultado fue claro: las inversiones americanas en Cuba se elevarán, en 1929, a cerca de un billón de dólares (en 1958 todavía eran de 850 millones); mientras que el mismo año cerca del 70% de las exportaciones cubanas se dirigían hacia U.S.A y 65% de las importaciones de Cuba provenían de Estados Unidos. A propósito de inversiones, debemos notar que la cifra de 1958 (850 millones de dólares) es la más importante de todas las exportaciones de capitales realizadas en el mundo por los Estados Unidos ( exceptuando los programas militares). Entre 1901 y 1933, la isla casi entera (90% de sus tierras cultivables) se convierten en propiedad de sociedades americanas alquiladas a largo plazo. El resto es hipotecado a favor de bancos y acreedores americanos. Tras el azúcar, vendrá el tabaco, además de todos los bancos, ferrocarriles, transporte urbano, electricidad, correos y otros servicios públicos: todo pasará a manos de capitales U.S.A, sin olvidar los yacimientos petroleros y la explotación minera. Las firmas norteamericanas más importantes se encontraban todas prácticamente representadas en Cuba, país que, durante casi medio siglo, se convierte así en el terreno de elección del imperialismo yanqui.

En 1958, Cuba alcanzaba la cifra de alrededor de 5.800.000 toneladas de azúcar, lo que representaba el 90% de la producción mundial y la casi totalidad de las necesidades comercializables. Desde1895 hasta 1900, la producción de azúcar de caña alcanza un millón de toneladas, pero, para 1925, luego de un importante impulso de los capitales norteamericanos que tenían predilección por este tipo de inversiones, la producción llega a 5 millones de toneladas. Simultáneamente, la proporción de tierras consagradas a las plantaciones de caña de azúcar llega rápidamente a casi 70% de las tierras cultivables, empleando el 60% de la mano de obra total.

El azúcar refinado, que representa el 80% del valor de las exportaciones cubanas, es producido en fábricas, 40% de ellas pertenecientes a propietarios norteamericanos, que tratan casi la mitad de la cosecha, mientras que el resto de propietarios cubanos posee 120 establecimientos que se atribuyen el resto de la capacidad productiva.

Todo el mundo sabe que el dominio del capital financiero americano ha tenido por efecto aumentar a gran escala el monocultivo de la caña de azúcar y el tabaco. Este monocultivo ha traído en consecuencia un incremento de la propiedad terrateniente privada, la expropiación y, por ende, la pauperización de los pequeños agricultores; acrecentando la vulnerabilidad de la economía indígena (dependiente de las vicisitudes del mercado mundial) a las crisis; aumentando las posibilidades de hambruna, al punto de nombrar a Cuba como uno de los más grandes centros de la “economía del hambre”. Basta con indicar que el arroz, elemento esencial de la alimentación cubana, antes cultivado a vasta escala, ahora debe ser importado casi totalmente; lo que acarrea un gasto de 20 millones de dólares anuales. Dependencia económica y política, fragilidad de las estructuras productoras, proletarización, hambre y miseria crónicas, y, sobre esta base, la sucesión de gobiernos ultra-corrompidos, representando a la vez los intereses del gran capital extranjero y de la propiedad aristocrática cubana; este es el balance de sesenta años de independencia bajo el ala protectora de la piratería yanqui.

 

IMPORTANCIA DEL PROLETARIADO Y SUBPROLETARIADO

 

Este capitalismo monstruoso de grandes terratenientes, injertado a un régimen semi-esclavista, engendró en Cuba un proletariado y subproletariado numeroso y superexplotado, viviendo en una espantosa indigencia.

De una población activa de alrededor de 2 millones de individuos, un millón y medio estaba constituido por asalariados puros, de los cuales más de 800 mil pertenecen al campo. Las clase medias, compuestas por empleados, artesanos y elementos de profesiones liberales no representan más de medio millón. A la importante proletarización de la población cubana se agrega el fenómeno del urbanismo. De un total de 6.200.000 de habitantes, por lo menos un tercio se concentra en 9 ciudades que medio viven gracias a la actividad portuaria, refinerías, turismo, pequeños tráfico con diversas fortunas (y si es necesario, el contrabando) y gracias a los “servicios” que reclaman los barcos extranjeros y la base americana de Guantánamo. 500.000 obreros agrícolas dependen de la industria azucarera que los emplea solo 4 meses por años, el tiempo de la cosecha. El paro se encuentra entre 15 y 20% de la mano de obra total. Con la importancia de las tradiciones anarco-sindicalistas, el rápido control capitalista de la economia cubana tuvo como resultado de provocar un reagrupamiento de asalariados en organizaciones sindicales: más de un tercio de los proletarios agrícolas o urbanos están sindicalizados. Solamente unos pocos negros y los “guajiros” (de los que hablaremos más abajo) rechazan inscribirse.

No es dificil comprender cuál era el potencial revolucionario de esta masa de sin-reservas. Sin embargo, cuando las masas campesinas y obreras irrumpen en La Habana manifestando contra el gobierno de Batista, el “Movimiento 26 de Julio” (2) se había ya preparado para ofrecerles el poder bajo la forma de una integración a un gobierno de Frente Popular, con objetivos puramente burgueses de democracia e independencia nacional, sostenido por elementos radicales (estudiantes, intelectuales, pequeños y medianos burgueses del campo y la ciudad). Había que “evitar el caos” a todo precio, es decir, impedir que las masas proletarias salieran del cuadro legal: es así como se les conduce hacia… el socialismo.

 

LOS GUAJIROS

 

Los guajiros son los descendientes de los primeros colonos españoles que no recibieron la tierra necesaria para prosperar. La mayor parte son iletrados, propietarios miserables o campesinos-aparceros, ahora agrupados en asociaciones de pequeños propietarios y de granjeros, asociaciones creadas por los “revolucionarios” cubanos; tienen así voz preponderante no sólo en las decisiones que tienen que ver con la reforma agraria, sino también en la selección de los cultivos industriales del azúcar, tabaco, etc… pero, sus opiniones y decisiones son inspiradas por su voluntad de escapar a la proletarización a las que los condena la concentración industrial de las tierras, que los lleva al endeudamiento progresivo. Es, por tanto, un elemento de lo más reaccionario puesto que, bajo el pretexto de diversificación de los cultivos, orienta la reforma agraria hacia una extrema parcelación de la tierra. Si bien arrancar a Cuba del monstruoso sometimiento a la monocultura era una medida que se imponía, dividir el suelo en pequeñas parcelas privadas es un objetivo pequeño-burgués y anti-proletario que pesará sobre el desarrollo del movimiento cubano.

 

EL CASTRISMO

 

Arrestado luego de la tentativa de julio de 1953, durante su proceso, Castro basó su defensa en la constitución de 1940 que reconocía el derecho a la revuelta, citando ejemplos de revoluciones modernas anti-feudales, así como las declaraciones de los Derechos Humanos y de la Independencia de Estados Unidos. En su defensa, que hoy [estamos en 1963, NdR] se le puede considerar como su programa, incluye la restauración de las libertades publicas y de la democracia política. Desde el punto de vista económico, reivindica la atribución de las tierras a los pequeños granjeros, la propiedad no hipotecable, no transferible, la nacionalización de los servicios públicos y la restitución al pueblo de las tasas telefónicas o telegráficas percibidas indebidamente. En cuanto a los trabajadores, Castro proponía el derecho a repartirse hasta el 30% de las ganancias de todas las empresas industriales, mineras y comerciales, incluidas las fabricas azucareras.

Tomando el poder en enero de 1959, ¿qué es lo primero que Fidel ataca y a qué ritmo? Reducir el arriendo, aumentar los salarios más bajos, atacar el problema crónico del paro, deben necesariamente ser las primeras acciones en un país de América central, donde las dictaduras policiales reinan desde 1930, su misma burguesía nacional es débil, la base rebelde descansa en los campesinos sin tierras, en fin, una parte de las pequeñas empresas industriales y comerciales está arruinada debido a la enorme concentración financiera de los Estados Unidos. En el dominio agrario, la tierra se divide por parcelas que son entregadas a familias y granjeros, mientras que se establecen cooperativas de producción en las regiones donde se cultiva la caña de azúcar.

Pero, el simple hecho de introducir tales medidas en el paraíso de las inversiones americanas significa atacar a los Estados Unidos. Después que el estadio de amenazas fue sobrepasado, al engranaje de medidas de extorsión de parte de Washington se puso en marcha contra el gobierno cubano que podrá responder de manera más eficaz que en Guatemala u otras repúblicas sudamericanas que se han sublevado contra los USA, puesto que ha “afeitado” preventivamente su revolución, presentándose como el dirigente de un movimiento popular en que el proletariado es ahogado en la masa campesina que reclama tierra y, como lo indica la revista «Cahiers Internationaux», «la estabilidad del empleo, condiciones de trabajo más humanas y salarios equitativos».

En los primeros meses de 1960, en respuesta a los ataques americanos contra Cuba, además de los complejos azucareros, el gobierno de Castro arranca primero el control, y nacionaliza después, las propiedades extranjeras, americanas principalmente, como el caso de las refinerías de petróleo, controladas por sociedades americanas que rechazaban procesar el petróleo venido de la Unión Soviética. En mayo de 1960, sobre 1.620.000 hs de tierra consagradas a la caña de azúcar, cerca de 1 millón pasan al control del gobierno cubano. La mitad quedará reservada al cultivo de la caña de azúcar, el resto será utilizado para otras especies vegetales. La gestión directa del gobierno central intervendrá en 230 mil, de las 400 mil explotaciones agrícolas controladas ahora por el gobierno cubano. La expropiación pura y simple no tocará sino al 10% del total encuestado. Por la sola compra de 350 explotaciones serán reembolsados cerca de 8 millones de dólares, ¾ en bonos del tesoro a 20 años (valor basado en el impuesto hipotecario utilizado para las pequeñas parcelas). En líneas generales, las expropiaciones golpearán, además de los monopolios americanos, a los terratenientes que habían apoyado a Batista, las empresas donde los conflictos laborales habían sido recientemente frecuentes. Hasta aquí, solo las compañías mineras de capital U.S no fueron tocadas. Sabemos además (y esto ha sido repetido últimamente muchas veces) que la “reforma agraria” no toca las propiedades de más de 400 hectáreas. Esta es incluso más tímida que la practicada por Nasser, sin contar que la misma deja en pie a las empresas con cierta eficiencia.

El gobierno lanza un programa de industrialización; problema urgente en todas las repúblicas latinoamericanas, caracterizadas por un desarrollo anormal y repleto de desequilibrios de la economía capitalista que desarrolla una o solamente algunas ramas de industrias ligadas a la explotación de los recursos naturales, sacrificando o asfixiando las otras; este problema es tanto más urgente cuanto reina, de manera crónica, un desempleo total o parcial. Pero para que tales planes puedan realizarse – en el cuadro de una “revolución” radical-burguesa – supone la “ayuda” nada “graciosa” de la gran finanza extranjera. Es por ello que, dado que la deuda exterior de Cuba había aumentado alrededor de 80 millones de dólares US (a la huida de Batista, ascendía a 1,5 billones de dólares) y con las existencias de azúcar no vendida de la cosecha de 1959 que rondaban el millón de toneladas, no queda más que darle la bienvenida, primero, a compradores neutros y, luego, a rusos o chinos u otros demócrata-populares. En un comienzo, los rusos compran 1.700.000 toneladas, y después 345.000 t. Qué ganga (en la ONU Fidel Castro cae en los brazos de Kruchev); pero a qué precio? ¿Por lo menos al mismo precio de los Estados Unidos? En absoluto. Los americanos garantizaban la compra de 3 millones de toneladas de azúcar, a precios medios de 1957, es decir, a 5 céntimos la libra. Pero su cotización internacional había caído a 2,78 céntimos la libra, los rusos ¡hicieron que su nuevo amigo yanqui aprovechara el precio del mercado mundial! El resto es historia reciente. En todo caso, el choque violento contra los U.S.A y la pantomima de proclamación de “república socialista” no han cambiado en nada los caracteres fundamentales de un régimen interclasista, democrático-radical, y nacional-estatista.

 

EL ESTALINO-KRUCHEVISMO

 

Se puede preguntar cuál ha sido el rol que ha podido jugar el partido comunista cubano en los acontecimientos que llevaron al triunfo del “Movimiento 26 de julio”.

El P.C nació en la provincia de Oriente en 1919, y fue puesto fuera de la ley por Machado, primer dictador cubano puesto por los U.S.A. Forzado a la clandestinidad y, a partir del estalinismo que ya reinaba en la URSS, convertido en agencia de la política exterior soviética, se embarca en aventuras similares a las del P.C chino.

1933 marca tanto la llegada de Hitler al poder y los inicios de la política anti-fascista de Stalin, como el reconocimiento de la Unión Soviética por parte de Roosevelt, entonces presidente de los Estados Unidos. En el curso de las negociaciones que concluirán en este reconocimiento, uno de los servicios ofrecidos por Stalin a Roosevelt fue el de frenar la agitación revolucionaria que se encontraba en plena ebullición en Cuba: los trabajadores se apoderan de las fabricas y proceden a la formación de Soviets locales. Además del completo silencio observado por Moscú sobre estos eventos; de esta forma la política de no-intervención de la central comunista saboteó abiertamente los esfuerzos del proletariado cubano. En los años que preceden a la segunda guerra mundial, y especialmente hacia 1938, prosiguiendo la línea de Frente Popular, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista cubano decide incluso ¡«adoptar una actitud positiva hacia el coronel Batista, puesto que este ha cesado de ser el centro de la reacción y ahora profesa la democracia»! Cortesía que Fulgencio Batista devuelve legalizando al P.C cubano. De esta manera durante 6 años (1938-1944), hasta la caza de brujas desencadenada en los USA y el comienzo de la guerra fría, el P.C cubano colaboró con los diversos gobiernos fantoches de Batista y con las coaliciones electorales organizadas desde Estados Unidos. Incluso, al parecer el Partido Comunista cubano utilizó su influencia en los sindicatos para impedirles pasar a la acción o, donde este fuera posible, hacerlos pasar bajo el control del gobierno. En todo caso, los comunistas jamás aportarán la menor ayuda al “Movimiento 26 de julio” de F. Castro; todo lo contrario, lo atacarán incluso en momentos en que reinaba el terror de Batista. Hoy [septiembre de 1961, NdR], bajo el nombre de Partido Socialista Popular (desde 1944), los comunistas reafirman su apoyo al programa de F. Castro, al mismo tiempo que considera que las medidas ya tomadas, sin constituir medidas socialistas, ¡conducen a este!

 

¡AMÉRICA, AQUÍ ESTÁ TU ARGELIA!

 

En la dominación del mundo, la majestuosa y orgullosa América – en el curso de los primeros años del siglo XX – ha reemplazado a la espléndida y pérfida Albión. Desde el fin del primer conflicto mundial, Lenin y Trotsky ponían en evidencia el nuevo domicilio del bastión de la contrarrevolución. El monstruo de la dominación capitalista había cambiado de nombre, la estrategia proletaria continuaba siendo la misma. A finales del siglo XIX, ningún movimiento socialista podía tener éxito si la lucha proletaria no lograba abatir la potencia británica; así como hoy la revolución comunista no podrá triunfar sin la destrucción de la potencia americana por parte del proletariado revolucionario.

Con el fin de evitar las repercusiones que los movimientos revolucionarios pudieran tener en su proletariado, Inglaterra tenía interés en mantener el equilibrio europeo. Esta procedió a comprar a sus proletarios por una cifra ínfima, asociándolos a la percepción de las superganancias que provenían de la explotación del mundo entero. Para mantener la paz social en Europa, esta encontraba un aliado natural en la Rusia zarista que temía dos revoluciones, la burguesa y la proletaria. Estas dos potencias que se hacen la competencia en Asia y Medio-Oriente (la famosa cuestión oriental, cuestión colonial) trataban todavía de limitar las consecuencias de sus conflictos, siempre optando en ultima instancia por un status-quo, por miedo a que el desequilibrio provocado por el avance de una sobre la otra favoreciera la aparición de otra potencia que ambas odiaban y que ya las había hecho temblar: la revolución.

Hoy los Estados Unidos han remplazado a Inglaterra; también ellos han encontrado un aliado en Rusia que de zarista se ha vuelto soviética, disfrazada con la máscara de la revolución. Su enemigo común es el mismo: la revolución comunista que ha aumentado su potencia desde hace un siglo, puesto que para el mundo entero es la que está “en vigor”.

El Zar de todas las Rusias consideraba que si Su Majestad británica deseaba bien aliarse con él, ninguna potencia podría condenar la política que ambos preconizarían. Del mismo modo, hoy, Kruchev considera que la suerte del mundo depende de la alianza de U.R.S.S – U.S.A. Para que esto sea posible, se deben eliminar las otras potencias (Francia, Inglaterra en particular). Es por esto que la famosa reunión de la Cumbre de los Cuatro Grandes fue transformada en “G-2”. Y, con el fin de mantener el statu-quo, el joven capitalismo del Este se alía al de la República Federal que llegaba a su madurez.

La “revolución cubana” ilustra claramente todo esto; lo mismo se repite en otras zonas del mundo: Laos, Congo, y de manera solapada, en Argelia.

La revolución ha sido truncada en el área europea (Rusia comprendida) y en América del Norte. La onda revolucionaria burguesa que, después de 1945, se había desencadenado en Asia, y extendido, a partir de 1950, hacia África, se amortiza y muere una vez cumplido su rol: la instauración de Estados nacionales. A partir de allí otro protagonista aparece en estas dos últimas áreas: el proletariado y, con él, la revolución comunista. En consecuencia, a partir de ahora, toda sacudida en el subsuelo económico puede provocar la acción autónoma del proletariado en cualquiera de esas áreas, y, también, en las viejas metrópolis capitalistas; por consiguiente, para mantener al globo en los límites de la paz social – a fin de que el capital pueda reproducirse libremente – la nueva Santa Alianza (realizada en Viena, como su abuela hace más de un siglo) entre la virgen rusa y el alcahuete americano es necesaria para hacer frente a la revolución.

Pero hay zonas del planeta en que la necesidad de revolución es crónica, tal es el caso de América central y latina. ¿Lograrán los Estados Unidos, ahora con la ayuda de su aliado soviético, canalizar el desarrollo de este continente y dominar al proletariado? Los hechos ocurridos en Cuba prueban su dificultad. Todo este continente juega, en efecto, el rol que juega Argelia con respecto a Francia. Es sobre todo allí que los capitalistas estadounidenses extraen sus enormes beneficios, una parte de los cuales sirve para “comprar” a la clase obrera de su país. Estos países constituyen el plato de entremés de su hegemonía mundial.

¿Es eterna la paz social, tal como quisieran hacernos creer los teóricos del Welfare, del capitalismo popular, del marginalismo, etc? No. Tampoco el capitalismo. La sacudida que despertará al proletariado norteamericano podría muy bien venir de América Latina. En efecto, poner en entredicho el poder del capital financiero no podrá dejar de tener repercusiones en los Estados Unidos. Los campeones del anticolonialismo clásico se verán bien obligados a reconocer que el límite de la potencia norteña se inscribe en el subcontinente, que los datos de su caída se preparan allí, porque en compensación a la feroz explotación que habrá infligido, tarde o temprano, la revolución le llegará. La orgullosa América deberá a su vez admitir que en su casa también se plantea un problema social y por la misma razón proclamará su fracaso, ante la imposibilidad de aburguesar al proletariado, garantizándole una seguridad, aunque fuese al precio de la explotación del resto del mundo.

En Cuba – así como en los otros países de América latina y de la Argelia de mañana –, el proletariado autóctono dominará la escena política. Una vez más la burguesía, como un aprendiz de brujo, no logrará jamás contener las fuerzas que, voluntariamente o no, habrá desencadenado. Entonces, el Mito del “socialismo” de Cuba – socialismo concedido por arriba y compatible con la propiedad privada, la producción mercantil y el salario –, socialismo que no es más que un disfraz bufón del capitalismo que no puede sobrevivir sino negando su propia existencia – se desvanecerá. ¿Es todo? No, ello tendrá como consecuencia provocar la separación de la clase obrera estadounidense de su burguesía. Es entonces que se podrá plantear el problema del vínculo entre el proletariado del norte y el proletariado del sur, para la preparación del asalto a la ciudadela del capitalismo mundial. ¡Entonces, orgullosa y potente América, tu hora habrá llegado!

 

 

(1) Para ahondar sobre la cuestión de las relaciones de las jóvenes burguesías con las antiguas potencias tutelares, los lectores pueden remitirse a nuestra revista en lengua española: El Programa Comunista, n°27, enero-abril de 1981, § El cierre de la fase revolucionaria burguesa en el “Tercer Mundo”.

(2) Nota de la redacción: En la época de escribir este artículo, en América Latina, fuera del desarrollo propiamente capitalista, en formas esporádicas y localizadas, todavía existían o persistían economías y relaciones pre-capitalistas. Pero estas eran las “minucias” que el mismo Marx apartaba para el análisis del capitalismo “abstracto”…

(3) El nombre de “Movimiento 26 de Julio” viene de la primera acción de Fidel Castro en 1953, cuando una columna de 200 de sus compañeros se apoderó de una estación de radio en Moncada – Santiago de Cuba.

 

Partido comunista internacional

www.pcint.org

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Las portadas de los diarios de todo el mundo han anunciado la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de Cuba. Los comentarios que se hacen expresan

CUBA: Del Granma[1] al “socialismo cubano”, confirmación de la gran mentira latinoamericana. Es corriente escuchar entre el aparato de izquierda del capital,
30 Dic 2010 Como en todo país capitalista, en Cuba los trabajadores pagan la crisis. La agudización de la crisis capitalista, se muestra sin duda en la …
Saludamos su contribución. Es una denuncia de un régimen como el cubano que tras la caída de la URSS ha intentado continuar la gran mentira del siglo XX  …
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https://jurisconsultocuba.wordpress.com/2011/06/08/mi-suerte-o-mi-desgracia/

 

 

http://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201701/4194/fidel-castro-vivo-o-muerto-al-servicio-de-la-burguesia

El autor de este articulo es sobrino del Che Guevara, y vivió varios años en Cuba

Mañana se conmemora o se sufre, según quien lo mire, el 63 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, noventa y nueve años después de su construcción en 1854 como Cuartel del Nuevo Presidio, a cargo del Marqués de Villalte, y que ya entrado el siglo XX se le cambió el nombre por el del insigne general mambí, Guillermo Moncada.

Episodio llevado a cabo por 135 asaltantes anti batistianos comandados por tres cabezas, Fidel Castro quien dirigió la columna que asaltaría al cuartel con 95 hombres, su hermano Raúl Castro con diez efectivos tomó el Palacio de Justicia y el valeroso Abel Santamaría con veintiún hombres el Hospital Civil.
De los encargados de asaltar el cuartel un grupo de ocho hombres fueron a la vanguardia para atacar la posta número 3, pero fueron sorprendidos por un destacamento de guardia que permitió que se organizaran las fuerzas militares en el interior, detrás iban 45 hombres con armas cortas.

Y detrás de ellos estaba Fidel, como siempre, detrás.

Un grupo importante de hombres que portaban las armas largas se perdió en las calles de la ciudad de Santiago de Cuba y llegaron tarde al combate. En el lance hubo bajas de ambos lados, los insurgentes emprendieron la retirada en grupos de diez personas defendidos por seis francotiradores.

Fidel logró huir al monte sin el rasguño de una bala, y más tarde se entregó por las garantías que le ofreció la mediación del arzobispo de Santiago de Cuba Enrique Pérez Serantes, en cuanto la total integridad de su vida, y a juzgar por las abrumadoras pistas, alguna otra concesión menos presentable.

En el asalto murieron numerosos guardias del cuartel llamados “casquitos” y un alto número de guerrilleros, que se incrementó notablemente con la represión posterior inmediata a la derrota de las fuerzas atacantes, brutal e indigna del prestigioso ejército de la República de Cuba forjado en la lucha independentista de sólo medio siglo atrás.

Uno de los tres comandantes, Abel Santamaría, fue brutalmente torturado, antes de asesinarlo se le extrajeron las uñas, se le cortaron los testículos y por si el sadismo no fuese suficiente, los llevaron a la celda de su hermana Haydeé Santamaría para enseñarle lo que habían hecho con su hermano, a modo de escarmiento.

Los otros dos comandantes del asalto, Fidel, mayor responsable y autor intelectual, y su hermano Raúl Castro, salieron ilesos e inmunes, sin un solo rasguño, y pasaron sólo un año y medio en prisión, una pena llamativamente garantista si se tiene en cuenta que habían protagonizado una masacre contra el Ejército de la República; en nuestros días hasta en los países más sofisticados, cumplirían penas de reclusión de no menos de veinte años, sino perpetuas o de muerte, pero en los años cincuenta, son pocos son los países donde no hubiesen muerto en el mismo instante en que pusieron un pie en el calabozo.

La pena la cumplieron en la cárcel de Isla de Pinos, la misma prisión a la que Fidel y Raúl pocos años más tarde, una vez acontecido el triunfo de la Involución, enviaron a cumplir cadenas desorbitadas, delirantes, en condiciones de reclusión inhumanas, a opositores de toda índole, que iban desde alzados en las montañas del Escambray, a simples detractores del sibilino rumbo alineado a la URSS que iba cobrando subrepticiamente la revolución que ellos mismos habían apoyado, ya fuese con logística, con dinero, con servicios e incluso con la propia sangre, para derrocar la dictadura y establecer una democracia regida por la Constitución del 1940 inspirada en la constitución española de 1931.

Este texto moderno constituyente a cargo de nada menos que Grau San Martín, Prío Socarrás, Eduardo Chibás, Bls Roca y Juan Marinello, era sofisticado para su época e incluso para nuestros días.

Sesenta y tres años más tarde siguen en el poder a cal y canto, los hermanos que salieron ilesos de aquella masacre, los dirigentes que decían atacar al cuartel para derrocar un gobierno dictatorial que detentaba el poder desde hacía un irrisorio período de tiempo en comparación con el impresentable medio siglo, que más tarde ellos, como “patriotas relevadores” de Batista, tuvieron a bien amoldar a sus traseros los sillones del poder, a las espaldas de los inconformes las fustas del miedo, y a la inanición del pueblo su poco decorosa y sempiterna opresión.

Martín Guevara Duarte.

Las portadas de los diarios de todo el mundo han anunciado la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de Cuba. Los comentarios que se hacen expresan

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CONFESIONES SOBRE CUBA: POR  PEDRO  MEJIA CARRANZA.

A mediados de la década de los años 70 yo pertenecía a una organización guerrillera de Guatemala. Estábamos influenciados por el pensamiento de León Trotsky. Permanecimos en beligerancia varios años hasta que fui herido en un encuentro con una patrulla de la Policía Nacional. La bala de un revólver calibre 38 me taladró el riñón izquierdo. Dos médicos de nuestra organización me salvaron la vida a duras penas, y siendo el caso  grave me llevaron a un hospital de urgencia, atendido por unos camaradas de la Universidad de la capital. Ahí me recuperé un poco, pero como mi caso se complicó la organización decidió enviarme a curar en Cuba, a donde llegué vía México, con visa de la embajada.

En La Habana permanecí  tres semanas en el Hospital “Calixto García” de El Vedado. No me quejo de la atención que ahí recibí porque fue óptima. Al ser dado de alta pasé a depender para mi sobrevivencia en ese país de las autoridades del Ministerio del Interior, que son las que dominan toda la vida interna en este país. Me alojaron en un hotel ubicado en La Rampa, a pocas cuadras del “Habana Libre” y de la heladería  Copelia, y me dieron trabajo como profesor de literatura en un Pre-universitario en Marianao.  Ahí trabajé hasta Agosto de 1978 en que salí para México. En total permanecí en La Habana catorce meses

 

 

Nunca había estado en un país socialista y yo tenía idealizadas las cosas en este punto. Entendía que eran países en donde regía otro tipo de democracia: una democracia directa, popular y obrera. Ubicaba a Fidel como un líder revolucionario del pueblo y no como un dictador. Pero comencé a estrellarme contra la realidad al ver cómo eran las cosas de la vida real, cotidiana, en ese país a donde llegué enfermo pero ilusionado.

 

Para comenzar me fui dando cuenta de que en la práctica no existía ninguna clase de democracia política. Había cualquier cosa menos democracia. Y no me refiero a la democracia burguesa, que encandila a las masas, haciéndoles creer que el acto de sufragar, de elegir a un mandatario o representante (que siempre son defensores del statu quo) es el non plus ultra de la democracia. No. Me refiero a que yo concebía que las cosas eran  consultadas a las masas y que estas decidían por mayoría lo que se tenía que hacer. Era una idea muy vaga la que tenía sobre esto, pero me esforzaba por entender cómo sería  el funcionamiento de la democracia socialista. Y con esto en la cabeza, empecé a escudriñar y a palpar cotidianamente el hecho concreto de que en Cuba regía, para enorme sorpresa mía, un gobierno totalmente vertical, absolutamente antidemocrático, autoritario y represivo. No hay participación popular en las decisiones. Para nada. Todo viene canalizado burocráticamente, desde arriba. Los dirigentes medios y bajos están acostumbrados a obedecer y su papel es solo el de intermediarios entre quienes ordenan desde lo alto y quienes obedecen abajo. Me tomó tiempo entender, asimilar, esta clase de estructura, porque era todo lo contrario de lo que yo había imaginado. Fue traumático encontrar  que es un país prisionero del  miedo.

 

Encontré que en Cuba no regía la democracia popular, de las masas, sino una obediencia absoluta, ciega y burocrática, a las órdenes de la cúpula. Y, lo peor, es que estaba prohibido adoptar una actitud crítica ante esto, ni ante nada. Toda actitud crítica era tachada de contrarrevolucionaria. Estaba penalizada. Aquel compañero rezongón que no se resignaba a aceptar pasivamente una disposición que le parecía incorrecta,  corría el peligro de  recibir una sanción drástica.  El “aparato” no admitía ninguna polémica. Simplemente cada orden debía ser obedecida ciegamente. Conocí trabajadores cubanos despedidos de su trabajo luego de haber pasado en la prisión una temporada por haber cometido el delito de disentir. Sin trabajo, debían “resolver” la manera de sobrevivir. Se profesionalizaban en el  mercado negro que por otro lado era practicado por todo el mundo. El que tenía parientes pudientes en Miami, que podían mandarle dólares, se salvaba. Ese estaba bien.

 

Me chocó darme cuenta de que el mercantilismo no se había erradicado en absoluto de la isla. Como antiguo militante político revolucionario, con mis camaradas, en mi país, habíamos siempre combatido las valoraciones  burguesas, la mentalidad burguesa de rendir culto a las cosas, a los valores materiales. Habíamos  tratado de construir una mentalidad opuesta al culto del dinero, de la riqueza. Luchábamos por una sociedad  justa, humanista, desembarazada  del materialismo capitalista que se basa en  “tanto tienes, tanto vales”. Pero encontré que en Cuba regía precisamente esa mentalidad. La gente tenía muchas necesidades materiales. Había escasez de muchos productos. Y  una cajetilla de cigarrillos nacionales o extranjeros tenía en ese ambiente un enorme valor de cambio. Habían mujeres que se entregaban a cualquier persona por media docena de cigarrillos. Estos podían ser intercambiados en el mercado negro por comida o ropa. Lo importante era sobrevivir, “echarpalante”. Pero esto no era lo peor. Como extranjero, tenía relación cercana con los militares cubanos. Y pronto me di cuenta de las diferencias de ingresos que hay entre ellos y el resto del pueblo. No solo eso. Comían productos soviéticos inalcanzables para el pueblo. Se decía que la leche, la carne y los huevos estaban racionados, para dar preferencia a mujeres embarazadas, niños y ancianos. Pero esto no era cierto. Los militares tenían a su disposición no solo estos productos sino también abundancia de frutas, que el pueblo nunca las consumía. Solo las veía en las películas. Además, observé que los militares andaban todos en unos autos Alfa Romeo que Fidel había ordenado traer  cientos, o quizás miles, de Italia, años atrás. El transporte era difícil para la gente común y corriente que tenía que embarcarse en buses (guaguas) que se repletaban. Pero los militares se daban el lujo de pasear acompañados de mujeres por las calles de La Habana en sus automóviles, tan cómodos. Luego supe que había una situación interesante, valorable tan solo desde el punto de vista de “tanto tienes, tanto vales”.  El mayor éxito material y social para una mujer cubana era ser la amante de un militar (en Cuba les llaman “pinchos”). Siéndolo, aseguraba su existencia. Tenía acceso a que su novio o amante oficial del ejército le ubicara en un cómodo departamento o en una casa. Y ya no necesitaría de la libreta de abastecimiento para alimentarse, sino que le llevarían diariamente la comida especial en viandas a su casa. Ascendía de categoría, cambiaba de “status”. Me dijeron que habían altos jefes que tenían más de dos amantes instaladas de este modo.

 

Conocí a una pareja. Vivían por la playa del Naútico, en Marianao, cerca del reparto Siboney,  en una habitación  de 20 metros cuadrados, con baño propio. Un día  se le cayó a mi amigo el martillo sobre el lavabo y este se rompió. Mi novia era amiga de la esposa de él. Dos semanas después llegué de visita y vi un milagro: habían instalado un lavabo nuevo. Me sorprendí, pues sabía que esto era literalmente imposible en Cuba para cualquier persona común y corriente. Mi novia me hizo una seña, y después me explicó. La esposa de mi amigo le había confesado que todo lo que hizo fue  llamar a un ex novio suyo que era oficial del ejército.  Este le había propuesto ir a la cama, y ella había aceptado, a condición de que le consiguiera un lavabo. Y lo logró. A mi novia le había dicho, muy satisfecha:”Solo tuve que acostarme con él  una vez”. Ojalá este caso sirva para que quienes leen esto se hagan una idea de  que la realidad cotidiana de Cuba no está basada en principios revolucionarios ni nada parecido. Ahí rige algo que encontré inesperadamente prosaico. A esta realidad la propaganda se encarga de ocultar y barnizar para hablar de un “paraíso socialista”  que por más que me esforcé en localizarlo, no lo encontré. La propaganda del gobierno de Fidel sublimiza y mistifica todo. Y  lo cierto es que el régimen castrista tiene miedo de que se sepa la verdad: como oí a alguien decir en México, Cuba es un país “social-fascista”.

 

Tuve otra pareja de amigos cubanos. Vivían en el suburbio de Santa Fe, a orillas del mar. El esposo de ella se había ido a los USA pero ella prefirió quedarse por sus padres. Y  vivía con sus tres hijos y su nuevo esposo en su  antigua casa de cemento de dos plantas. Era una villa pequeña.  Tenían casados ya 10 años, y dos hijos comunes. Su esposo trabajaba en el mismo Pre-universitario que yo y nos hicimos amigos. Empezamos a tenernos confianza y pasamos a tocar algunos temas “prohibidos”. El vivía con resignación en Cuba. Era un hombre de izquierda. Tenía una excelente cultura política. Pero reflexionaba con pesimismo: “aquí lo que hay es una dictadura fascista”. Y luego siempre me advertía:”cuidado le cuentas a mi mujer que dije estas cosas, es peligroso, puedo caer preso”. Su mujer era una persona decente, ama de casa, y tenían una buena relación de pareja. Pero él se cuidaba hasta de ella. Esto fue una constante que encontré en mi relación con personas de La Habana. A solas, caminando conmigo por las calles, se desahogaban. Hablaban  sin miedo. Me hacían confidencias. Pero si nos encontrábamos en el camino con otro amigo, cambiaban de tema enseguida. A veces el otro también me había hecho confidencias similares. Pero rehusaban hablar el uno delante del otro, por precaución. Bromeando a veces en reuniones la gente soltaba  alguna frase muy cáustica,  y todo el mundo se reía y luego cambiaban totalmente de tema, instantáneamente. Siempre el miedo era que “podía ser oído por alguien de la Seguridad del Estado”, el G-2. Solo  oir el nombre de esta entidad  hacía temblar a la gente.

 

Me chocó una vez enterarme de la manipulación burocrática de las masas. Iba a visitar Cuba un dignatario extranjero y llegó una  nota de la Central de Trabajadores. La misma ordenaba que nuestro colectivo de trabajo debía ubicarse  de tal a tal hora en  la quinta avenida y la calle 54, hasta que la comitiva oficial haya pasado por ahí. Se tomaría lista dos veces a los asistentes en ese lugar y a los ausentes se les descontaría una semana de salario. Con ese tipo de presión, era fácil llenar las calles con gente que iba obligada a mostrar  “su apoyo espontáneo al régimen de Fidel”. De regreso en mi país, con mis camaradas, no me creían…

 

La escasez de productos, sobre todo alimenticios, y en general, hacía que algunas mujeres buscaran hacer contacto con extranjeros. En ese tiempo los extranjeros eran muy cotizados en Cuba. Considerados un “gran partido”, porque casarse con uno significaba la posibilidad de salir del país. Hubo dos chicas que conocí que me hicieron ofertas. A cambio de que me case con cualquiera de ellas, y de sacarlas del país, me ofrecían , cada una por separado, ser algo asi como mis esclavas perpetuas. Me daba pena. Comprendía su impotencia de tener que vivir contra su voluntad en una sociedad sofocante. Pero no solo era la escasez de alimentos, sino de ropa. Al pasear de noche, sobre todo los viernes, por La Rampa, me asombraba de ver gente muy elegante, con ropa a la última moda. Galladas enteras de  gente joven, de ambos sexos, se exhibían con relojes de lujo, fosforeras, cigarrillos Marlboro, zapatos importados. Eran  miembros de la pequeña burguesía habanera, que tenían parientes pudientes en USA. Contrastando con esto, en días normales, vi  gente vestida con telas de cortinas, pantalones hechos de la tela de costales. No habían muchos animales en La Habana. Ni gatos ni perros se veían, sino rara vez. Una pareja de novios, amigos míos, que no se casaban porque no tenían donde ir a vivir, me dijeron: “la gente se los come”.

 

Contrastando con las comodidades de los oficiales de las Fuerzas Armadas, había una situación tétrica en el  tema odontología. A veces veía lindas muchachas caminando, admirables por su belleza. Y de pronto  se reían, y era incómodo ver que les faltaban piezas dentales. Uno o dos dientes. Averigüé, porque esto era frecuente, y me dijeron que los dentistas carecían de emplastes. El Estado ahorraba divisas en ese frente. Asi, los dentistas se limitaban a extraer dientes y muelas como locos. Quienes tenían parientes militares o palancas, se hacían curar en policlínicos de las Fuerzas Armadas. Ahí si calzaban la dentadura, y muy bien. Todo esto me hizo sentir que el régimen socialista cubano era una farsa. Había un tipo distinto de oligarquía. La que manejaba el Estado. Su status era muy pero muy diferente al del pueblo. La dictadura del proletariado era para la propaganda. El proletariado ahí era lo mismo que en todas partes. Se gobernaba en su nombre.  Era un membrete.

 

Supe que Ramón Mercader, el asesino material de León Trotsky, vivió asilado en Cuba en los años sesenta. Después viajó a la Unión Soviética. Fue otra cosa que no entendí bien al principio. Luego fui entendiendo que eso era lógico, puesto que Cuba es un país estalinista, regido por el modelo que la URSS creó bajo la dictadura de Stalin. Se me hizo posible visualizar que había un error en la definición trotskista de los Estados estalinistas. No eran “Estados obreros degenerados”, como los llamó piadosamente Trotsky.  Al  menos, lo que vi en Cuba fue un país  basado en el capitalismo de Estado. La propaganda estalinista deformó esto, lo sublimó, y mucha gente sigue creyendo que es un Estado socialista. Yo lo viví y eso se parecía mucho a la Alemania Nazi. Díganme: cuál es la diferencia entre la Checa  (o KGB) y la Gestapo? Y el G-2?

 

Cuando volví a mi país,  aún fue posible ver algunas películas sobre el tema de la Segunda Guerra Mundial. Casi toda Europa ocupada por los nazis. La gente no podía hablar, ni viajar, ni hacer nada libremente. La GESTAPO  tenía potestad para hacer cualquier cosa: encarcelar, matar…cuando me preguntaban cómo era Cuba yo les respondía “igual que la Alemania nazi”. Nadie me creía. Creen que en Cuba la gente es alegre, porque vive feliz  bajo el gobierno de Fidel. “Ahí hay otra clase de democracia y la gente es libre”. Si. Asi es.  La gente en Cuba tiene toda la libertad de estar totalmente de acuerdo con todo lo que diga Fidel.

 

Algo que me llamó la atención fue saber que en Cuba la gente consume muchos tranquilizantes y antidepresivos. En mi país  nunca oí a nadie decir que “estaba enfermo de los nervios” pero en Cuba esto era normal. Y supongo que la tensión nerviosa que produce vivir bajo una enorme opresión política, desencadena  un estrés  que con frecuencia estallaba en broncas violentísimas en las “guaguas” (pero también es causa de disolución de muchos hogares. El índice de divorcios en Cuba es altísimo.) Asombraba ver esa violencia barata, lumpesca, pero llegué a entender que era un signo de la crisis interior que vive esa gente que tiene que controlarse todo el tiempo para no hablar, no opinar, tener que callar por el miedo que les inspira las mazmorras como “EL PRINCIPE”, principal prisión masiva, a la que me la describieron como era por dentro, llena de galeras enormes donde los presos están hacinados, ubicados  y clasificados según la gravedad de su delito…contrarevolucionario.

 

Cuando llegan delegaciones extranjeras a Cuba, por pocos días, les atienden muy bien. Les muestran todo lo bueno, lo lindo y presentable.  Les dan excelente comida. Les hacen que hablen con trabajadores o jóvenes delante de los miembros del Partido gobernante. Entonces la gente dice que todo está bien, que van “palante”, que la revolución y Fidel son chéveres. Después esas mismas personas reniegan de lo que tuvieron que decir: “pero y que más querías que dijera, chico, que hablara bobería y media para que venga el G-2 y me lleve, estás loco”. Los extranjeros se van convencidos de que todo es una maravilla. Si algún fanático estalinista lee este documento, me imagino que va a decir que soy de la CIA o que me he vinculado a la gusanería de Miami. Pero no es asi. Jamás aceptarán que lo que aquí cuento es verdad. Pero después de que muera Fidel Castro, cuando se devele el culto a  su personalidad y se desmonte ese aparato político despótico y totalitario creado bajo el molde de la exKGB, cuando se empiecen a conocer los crímenes cometidos por la dictadura omnímoda de Castro y su gente, cuando  desde dentro de Cuba se denuncien estas iniquidades, tendrán que bajar la vista. Y la vida, la historia, les obligará a reconocer que apoyaron una farsa, y que Fidel Castro no fue un gran revolucionario sino que se convirtió en un sátrapa, en  un despótico  y  temible tirano, cruel y frío.  Y en un mal administrador que no pudo industrializar ni sacar a Cuba del atraso, por más ayuda que recibió de la exURSS y del Este europeo, en la época de vacas gordas, que por su incompetencia  e incapacidad desperdició. Ahora sobrevive de milagro gracias al  turismo,  y al petróleo venezolano que le manda Chávez.

(TOMADO DE “REALIDAD Y UTOPIA”. COLOMBIA. n° 4. 2009).


FIDEL CASTRO RUZ.
Un dictador frío, artero e inescrupuloso, capaz de cualquier maniobra con tal de conseguir sus fines. Jamás fue marxista. En su época universitaria se hizo conocer como un violentista, un gatillero mezclado en varios incidentes.Un dirigente estudiantil rival fue asesinado, y todos sospechaban que él era el autor de ese crimen.

La muerte de Camilo Cienfuegos nunca se esclareció. Quedó la versión oficial de que el pequeño avión en que viajaba de día se estrelló en el mar (ni siquiera, en el supuesto caso de un apuro técnico, pudo aterrizar en una carretera). Pero gracias a la tecnología moderna hoy se difunde una teoría sobre su muerte que parece muy cercana a la realidad. Camilo era un obstáculo serio para su ambición de dominio dictatorial absoluto, y eso molestaba a la camarilla de Fidel, que tomó directamente cartas en el asunto. Camilo le disputaba la popularidad a Fidel, pero no tenía ninguna formación política. Era un sastre, de origen humilde, que encontró su destino en la lucha guerrillera contra Batista. Una vez triunfante la revolución, empezó a convertirse en un problema porque comenzó a manifestar su discrepancia con una serie de medidas. Jamás se atrevieron a sincerarse con él. Se estaba inaugurando una etapa maquiavelica de manipulación para conseguir imponer la dictadura castrista y él era un obstáculo. Asi que un buen día, al atardecer, en una casa apartada, luego de una bronca verbal, alguien se encargó de eliminar el obstáculo. Al día siguiente apareció el cuento dramático de que Camilo se había perdido con su pequeño avión.

 

Castro entendió que si se aliaba con los USA debía someterse a respetar las conocidas reglas del régimen democrático de Occidente: elecciones cada cuatro años, alternabilidad…y su megalomanía no encajaba con eso.

Tuvo dos estrategas que le habían ido allanando el otro camino, el que eligió,el de su dictadura perpetua.Fueron su hermano Raúl y el Che.

 

Raúl Castro y el Che Guevara tenían nociones marxistas de las que Fidel carecía. El primero había estado en Europa Oriental como delegado a uno de esos Congresos Internacionales Estudiantiles por la Paz que organizaban los partidos comunistas sometidos a la URSS. El segundo, en su trashumancia aventurera había ido haciendo contactos con gente de izquierda y afiliados a los partidos comunistas. Estuvo casado con la peruana Hilda Gadea, que le proporcionó formación política. Se hallaba en Guatemala cuando ocurrió el derrocamiento del Presidente Arévalo y eso lo conmocionó. Su visión antiyanqui se consolidó con eso.

 

Raúl y el Che fueron quienes empezaron a establecer los primeros contactos oficiales con la URSS y China. Con el pasar del tiempo, fue fácil consolidar el aparato necesario para sostener a Fidel en el poder por toda la vida. Cuando se produce la ruptura con los USA, en Cuba ya estaba formada la estructura policíaca basada en el modelo de la KGB.

 

Fidel entendió que le convenía seguir este camino, pues con los rusos su mantención del poder absoluto estaba asegurada. Ellos eran expecialistas en el apuntalamiento de gobernantes eternos y no le iban a exigir elecciones democráticas ni nada parecido. Al comprobar esto, no tuvo empacho alguno en declararse marxista leninista. El no sabía nada sobre administración de un Estado, ni necesitaba tal conocimiento. La isla pasó a ser objeto de un experimento cuyas pautas se precisaban a la carrera, irresponsablemente. No interesaba gobernar bien ni al servicio del pueblo, sino consolidar el aparato represivo necesario para intimidar  a la población.  Podían gobernar o desgobernar como les diera la gana, pues no tenían que rendir cuentas a nadie.

 

En esos años él y el Che se dedicaron a fomentar irresponsablemente aventuras guerrilleras en una serie de países. Eso costó dinero y muchas vidas, pero no les importaba. Ajenos al marxismo y desconocedoresde la historia del movimiento obrero mundial, creían empecinadamente que la revolución se improvisaba con un grupo de machos instalados en la selva. Todas las experiencias que alentaron y apadrinaron terminaron en un completo fracaso, pero nunca reconocieron su error. Y el propio Che Guevara, convertido en un nadie en Cuba debido al veto de la embajada rusa, quiso jugárselas primero en el Congo, y luego fue a hacerse cargo de ese torpe y angustioso experimento guerrillero en Bolivia, que terminó en rotundo fracaso y que le costó la vida. Ese foco guerrillero en la zona más inhóspita de la selva de Bolivia fue creado con ese propósito. El Che se entrevistó con el jerarca del partido comunista pro-soviético de Bolivia, dependiente de Moscú, que siempre condenó y reprobó el aventurerismo guerrillerista. Nadie se explica por qué el Che no busco diálogos con otros grupos bolivianos más cercanos a su visión de las cosas como el MIR, los partidos trotskistas, e incluso los maoistas bolivianos.

EL VIGIA ROJO. LIMA PERÚ. 2008.


 

Larga es la lista de los hijos y familiares de los influyentes en Cuba que, como diría mi abuela, cruzaron el charco. Para empezar con la familia real, esa lista la encabezan:

1-Alina Fernández Revuelta, hija de Fidel Castro.

2-Ramón Castro Rodríguez, hijo de Ramón Castro Ruz, el hermano mayor de Fidel y Raúl.

3-Juanita Castro Ruz, la hermana de los caciques de la Isla.

Siguen por orden de jerarquía:

4-Juan Juan Almeida, hijo del  fallecido comandante Juan Almeida Bosque.

5 y 6-Agustín y Ramirito, hijos del comandante Ramiro Valdés Menéndez, vicepresidente del Consejo de Estado y exministro del Interior.

7,8 y 9-Gustavo Rodríguez López-Callejas, Juan Carlos Sarol Rodríguez y Ana Cristina Sarol Rodríguez, hermano y sobrinos de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, que estuvo casado con la hija mayor de Raúl Castro y Director de GAESA conglomerado de empresas militares, El Zar de Cuba, le dicen por controlar todo el dinero de los Castro,  e hijo del general de división Guillermo Rodríguez del Pozo.

10-Antonio Luzón, hijo del general de división y vicepresidente del Consejo de Ministros Antonio Enrique Luzón Batlle.

11 y 12-Déborah y Ernesto, hijos del general de división Leonardo Ramón Andollo Valdés.

13-Aicel Gálvez Amaro, hija del general de brigada William Gálvez Rodríguez.

4-Glenda Murillo Díaz, hija de Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros y Ministro de Economía.

15-Ofelia Crombet, hija de Jaime Crombet Hernández-Baquero, miembro del Comité Central del PCC.

16 y 17-Sergio Montané y Yotuhel Montané, hijo y nieto del comandante Jesús Montané Oropesa.

18 19 y 20-Cynthia, Mirell y Romy Vallejo, hijas del comandante René Vallejo.

21-Raquel Serguera, hija del comandante Jorge “Papito” Serguera.

22-Acacia y Marcos Gómez, hijos del comandante Delio Gómez Ochoa y Acacia Sánchez Manduley, hermana de Celia Sánchez Manduley.

23-José Padrón, hijo del ex coronel del MININT, fundador de la corporación CIMEX, José Luis Padrón.

24 y 25-Diana y Deborah Cuza, hijas del exjefe de la marina y contralmirante José L. Cuza Téllez-Girón.

26, 27, 28 y 29-Raúl, María Teresa, Piqui y María Victoria, hijos de Marta Artecona, coronel del MININT.

30 y 31-Juan Carlos y Sasha Figueredo, hijos del comandante Carlos “El Chino” Figueredo Rosales.

32-Tania Ameijeiras, hija del comandante Efigenio Ameijeiras Delgado.

33 y-Camilo Loret de Mola, hijo del coronel y viceministro del SIME Gustavo Loret de Mola.

34, 35 y 36-Carlos, Elizabeth y Niurka Lahite, hijas del coronel Carlos Lahite y la teniente coronel Daysi López Azcaño.

37-Javier Leal, hijo del Historiador de la Ciudad y miembro del Comité Central Eusebio Leal Spengler.

38-Josué Barredo, hijo del director del periódico Granma, Lázaro Barredo.

39-Rolando Anillo, hijo de René Anillo Capote, ex viceministro de Relaciones Exteriores.

40-Pablo Ernesto Remírez de Estenoz Semidey, hijo de Fernando Remírez de Estenoz, ex viceministro de Relaciones Exteriores y jefe de la misión diplomática de Cuba en Washington de 1995 al 2001, depuesto en el 2009.

41-Alejandro Luis Barreiro Agrelo, hijo del general Luis Barreiro Carames, exjefe de la Dirección de Inteligencia.

No faltan los hijos de los que fueron satanizados, de los que pudieran justificar su éxodo a modo de rompimiento con los ultimadores de sus padres, como:

Diana Ochoa, hija del general Arnaldo Ochoa Sánchez, condenado en la Causa 1/89.

Iván, Lily y Juan Carlos, hijos de Ministro del Interior José Abrantes, condenado en la Causa 2/89.

Ileana y Antonio de la Guardia Jr., hijos del coronel Antonio de la Guardia Font, condenado en la Causa 1/89.

Héctor Jr., hijo del coronel Héctor Carbonell Méndez, condenado en la Causa 2/89.

Alexis Padrón, hijo del Mayor Amado Padrón Trujillo, condenado en la Causa 1/89.

Estos son solo algunos, la lista es mucho más larga. Las historias familiares de los patriarcas de Cuba resultan mucho más terribles de lo que pueda imaginarse. Y el fracaso de su sistema y su legado queda evidenciado en que ni sus propios hijos han querido vivir en el “paraíso” que ellos crearon. La razón mas evidente es que tal paraíso no existe. Otra mas oculta caería en el lavado de dinero y otros presuntos delitos.

Con información de El Nuevo Herald, y Texto de Dariela Luna para Diario de Cuba

 

 

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